La justicia adelanta una investigación para determinar si un soldado bachiller fue abusado sexualmente en el batallón de infantería José Joaquín París, en San José del Guaviare.
El Johan Andrés Caro Arias de hoy no es el mismo de hace seis meses. Eso dice su familia, que desde noviembre de 2008 lo ha acompañado en su travesía por clínicas y consultorios psiquiátricos. En octubre pasado el joven de 18 años se fue para San José del Guaviare a integrarse como soldado bachiller, en el batallón de Infantería José Joaquín París Ricaurte de la Brigada 22 de Selva del Guaviare. Ahora los especialistas le diagnosticaron depresión, atribuida, según sus parientes, a dos supuestos graves episodios que vivió en las filas castrenses: un violento ritual de iniciación y una agresión sexual.
El pasado 2 de noviembre, la madre de Caro, Yolanda Arias, llegó al hospital militar de Villavicencio. Su hijo, que había sido trasladado a esa institución cuatro días atrás, estaba somnoliento y magullado. “Estaba dopado, con su rostro golpeado, una herida en su nariz y en los labios (…) Los médicos se negaron a informarme la situación real de mi hijo”, denunció ante la Procuraduría, el Programa Vicepresidencial de Derechos Humanos y el propio Ejército. Poco después el soldado fue trasladado a Bogotá, al Hospital Psiquiátrico Santo Tomás.
El uniformado habla con lentitud. Es el efecto de las drogas —dice— que toma cada seis horas por indicación del psiquiatra que lo está atendiendo y que le diagnosticó depresión hace dos meses. Cuenta que una noche, un par de cabos y un teniente de apellido Taylor lo golpearon en la cara, lo amarraron y lo obligaron a caminar descalzo sobre unas piedras, “que eso era normal en el Ejército”. Días después, según él, dos hombres, uno que trabajaba en el archivo del batallón y su sobrino, lo abordaron en el baño y lo agredieron sexualmente. Sus recuerdos eran borrosos, pero en el hospital, su madre y su tía temieron lo peor al ver que Johan Andrés caminaba de forma extraña.
El 6 de enero de este año el juzgado 60 de instrucción penal militar le notificó a la familia de Caro que se había abierto una investigación para estudiar las acusaciones del joven. “Se ordenó a la Brigada 22 de Selva iniciar todas las averiguaciones sobre los hechos gravísimos expuestos, le informo que copia de este derecho de petición será enviado a la Fiscalía”, le manifestó a Yolanda Arias el coronel Mario Augusto Valencia, Jefe de Estado Mayor de la IV División, a la que está adscrita el batallón al que arribó el soldado.
Mientras las investigaciones siguen su curso, la familia teme que el joven, quien continúa activo en las filas militares, se vea obligado a regresar a la unidad en la que, según denunció, fue objeto de vejámenes. Sus parientes dicen que el Ejército aún no ha determinado qué va a suceder con él. Lo único que tiene claro es la cita con el psiquiátra a la que acudirá en unos días, como lo hace cada semana, en el batallón de sanidad José María Hernández al occidente de Bogotá.