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Estamos a puertas de San Valentín, el día del amor, y pocas formas de decir “te quiero” son tan antiguas —y tan poderosas— como regalar flores. Han acompañado a la humanidad durante siglos y hoy siguen siendo un lenguaje silencioso capaz de expresar pasión, gratitud, admiración o deseo sin necesidad de palabras.
Un ramo bien elegido no es solo un detalle: es una emoción convertida en color y aroma. Y si de flores se trata, Colombia tiene mucho que decir. Gracias a su diversidad de climas y alturas, el país se ha convertido en una potencia floricultora, enviando más de 334.000 toneladas a más de 100 destinos en el mundo, con Estados Unidos como principal mercado.
Por eso, en esta fecha especial, le presentamos cinco flores con sello colombiano que no pueden faltar si quiere sorprender a su amor con belleza, historia y orgullo nacional.
Rosas
La rosa es la reina indiscutible de las flores: la clásica, la eterna favorita y la que, desde hace siglos, simboliza el amor y la pasión. Siempre es un acierto para regalar, porque lo tiene todo: colores intensos —rojas, rosadas, amarillas o blancas—, pétalos perfectos y una fragancia delicada que transforma cualquier espacio en un escenario de elegancia y emoción. Es ese detalle que nunca falla y que dice mucho sin necesidad de palabras.
En Colombia, su historia florece en tierras fértiles como Cundinamarca, Boyacá, Antioquia y el Altiplano Cundiboyacense, donde la altitud, los suelos ricos y el clima templado permiten que crezcan rosas de gran tamaño y tonos vibrantes. Y sí, puede sentirse orgullo: si en una película estadounidense aparece una rosa roja impecable, es muy probable que haya sido cultivada en esta tierra.
Claveles
El clavel es otra de las grandes estrellas para regalar en estos días. Sus bordes dentados y sus pétalos suaves, casi aterciopelados, le dan una apariencia elegante y distinta, mientras que su aroma especiado —que recuerda sutilmente al clavo— lo convierte en una flor imposible de ignorar. Es cálido, floral y envolvente, perfecto para quienes disfrutan detenerse a oler cada ramo. Además, es resistente y duradero, ideal para llenar de frescura cualquier espacio por más tiempo.
En Colombia, el clavel es el segundo cultivo de flores más importante y se produce principalmente en la Sabana de Bogotá, donde el clima templado y los suelos fértiles permiten que alcance colores intensos y tallos firmes.
Orquídeas
La orquídea es, simplemente, una de las flores más bellas y fascinantes del mundo. Es versátil, elegante y perfecta para cualquier ocasión: se adapta a todos los gustos y, si está pensando en un detalle para San Valentín, nunca falla. Es diversa, colorida y profundamente ligada a Colombia, el país con mayor número de especies en el planeta.
Entre ellas destaca la Cattleya trianae, conocida como flor de mayo y símbolo nacional, con sus pétalos morados y su elegancia inconfundible. Eso sí, regalar una orquídea colombiana es mucho más que entregar una flor: es compartir biodiversidad, historia y el orgullo de una tierra donde la belleza florece.
Hortensias
Si quiere más color y salir de lo tradicional en San Valentín, las hortensias son una elección perfecta. Su encanto está en la abundancia de sus flores y en su sorprendente paleta cromática: azules, blancas, rosas, moradas, verdes e incluso tonos que cambian según el entorno.
Esta variación se debe al pH del suelo: en terrenos ácidos tienden a volverse azules, mientras que en suelos alcalinos adoptan matices rosados o morados, lo que las convierte en flores dinámicas y siempre diferentes. En Colombia, se cultivan principalmente en el Oriente antioqueño, Cundinamarca, Boyacá y Nariño, regiones cuyas condiciones climáticas favorecen su crecimiento y calidad.
Crisantemos
No podemos olvidarnos del crisantemo, una de las flores favoritas para ramos y arreglos gracias a su extraordinaria diversidad de formas —tipo margarita, globulares, “spider” o tubulares— y a su amplia gama de colores, que la convierten en una opción versátil y siempre llamativa.
Si desea regalar una flor delicada y elegante, el crisantemo es una apuesta segura: aporta volumen, textura y una belleza equilibrada que realza cualquier composición sin esfuerzo.
En Colombia se cultiva durante los 365 días del año, principalmente en Antioquia y Cundinamarca. Su calidad la ha posicionado como protagonista en mercados internacionales como el Reino Unido, donde es altamente valorada por su frescura, resistencia y variedad de tonalidades.
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