Las guascas suelen aparecer asociadas a un solo plato —el ajiaco—, pero reducirlas a ese rol es quedarse corto. Detrás de esta hierba discreta hay una historia botánica amplia, usos culinarios diversos y un recorrido cultural que va mucho más allá de la cocina bogotana.
En términos botánicos, las guascas corresponden a la especie Galinsoga parviflora, una planta herbácea anual de la familia Asteraceae. De acuerdo con el Brooklyn Botanic Garden, esta especie es originaria de América del Sur, donde crece de forma silvestre desde hace siglos.
En Colombia es conocida como guasca y forma parte del paisaje agrícola y culinario, especialmente en regiones andinas.
Con el tiempo, la planta se expandió fuera de su territorio original y hoy está naturalizada en Europa, Asia y África. En muchos de estos lugares es considerada una maleza por su rápida capacidad de reproducción.
El Green Institute explica que su crecimiento veloz y la producción abundante de semillas le permiten colonizar terrenos agrícolas y zonas intervenidas, compitiendo con especies nativas.
¿Qué son las guascas y cómo se usan en la cocina?
Desde el punto de vista gastronómico, las guascas son una hierba aromática de sabor suave y terroso, con notas que algunos describen como ligeramente a nuez o alcachofa. Según el sitio especializado AmigoFoods, su uso más conocido es como ingrediente esencial del ajiaco bogotano, donde se añade al final de la cocción para conservar su aroma.
Pero su papel en la cocina no se limita a esa sopa. Las hojas jóvenes y los brotes tiernos también se han utilizado:
- En guisos y otras sopas, aportando profundidad herbal.
- En salsas y preparaciones caseras, como hierba de fondo.
- En infusiones, especialmente cuando se emplean secas.
El Brooklyn Botanic Garden señala que la planta fue incorporada a guisos y sopas incluso en Asia, donde volvió a ser apreciada como verdura comestible después de haber sido descartada en Europa.
Otros usos documentados de las guascas
Además de su valor culinario, las guascas tienen una larga presencia en la medicina tradicional. El Green Institute documenta que distintas culturas han empleado toda la planta por sus propiedades diuréticas, antiinflamatorias y analgésicas, principalmente en contextos herbolarios.
El Brooklyn Botanic Garden añade que la galinsoga también se ha utilizado de forma tópica, por ejemplo, para aliviar picaduras de ortiga o ayudar a la coagulación en cortes menores.
Estos usos se describen como prácticas tradicionales y no como tratamientos médicos formales, un matiz importante a la hora de abordar la planta desde una mirada responsable.
Entender de dónde vienen las guascas, para qué sirven y cómo se han usado a lo largo del tiempo permite mirar esta hierba con otros ojos: no solo como el “toque final” del ajiaco, sino como una planta que conecta agricultura, tradición y sabor en distintas partes del mundo.
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