¿La achira es una planta? Es una pregunta más común de lo que parece, porque en Colombia solemos asociarla antes con un amasijo delicioso que con la planta de la que proviene. Y es que alargada, cilíndrica y de ese inconfundible color amarillo dorado, la achira se deshace en la boca con una textura crujiente y ligeramente arenosa que la ha convertido en un clásico de nuestra cocina tradicional.
Sin embargo, detrás de este mecato tan querido hay una planta ancestral, un proceso cuidadoso y una historia ligada al campo y a múltiples beneficios que van mucho más allá del sabor. Aquí le contamos qué es realmente la achira y todo lo que hay detrás de la planta.
¿Qué es la achira?
Según el Jardín Botánico de Córdoba, en Argentina, la achira (Canna indica) es una planta herbácea perenne y rizomatosa, originaria de América, fácilmente reconocible por sus hojas grandes y sus flores vistosas.
La institución explica que, más allá de su valor ornamental, esta especie tiene una profunda relación con las comunidades originarias, que aprovecharon sus rizomas como alimento gracias a su alto contenido de almidón y a su fácil digestión, una característica clave para su uso tradicional.
Siguiendo con su descripción, sus flores, grandes y llamativas, se agrupan en la parte superior del tallo y varían entre tonos rojos, amarillos y anaranjados, atrayendo a colibríes, mariposas, abejas e incluso murciélagos, por lo que sirve también como una planta perfecta para adornar el jardín.
¿Para qué sirve la achira?
Ahora sí, a lo que nos atañe. La achira no solo es la base de uno de los amasijos más queridos de Colombia, también es una planta con un enorme valor nutricional, medicinal y cultural.
Según la Universidad Tecnológica de Pereira, el rizoma de la achira es rico en agua y carbohidratos, bajo en proteína y con altos contenidos de ácido ascórbico, vitamina A y minerales como calcio, hierro, potasio y magnesio. De este rizoma se extrae un almidón de excelente calidad, compuesto por amilosa y amilopectina, reconocido por su fácil digestión y alto valor alimenticio, lo que explica su uso tradicional en panes, bizcochos, galletas y pastas, especialmente en regiones como Huila y Tolima.
Puede consumirse:
- Crudo, rallado, en ensaladas, asado, frito o hervido, conservando sus propiedades nutricionales.
- Cocidos, los rizomas se vuelven translúcidos, dulces y ligeramente mucilaginosos.
- Las hojas también se usan como empaque natural para envolver preparaciones tradicionales, similares a tamales y quimbolitos.
Pero la achira no solo destaca por su valor alimenticio: en la medicina tradicional también ha tenido un papel importante. Según la Universidad Tecnológica de Pereira, las hojas de la achira se han utilizado como cicatrizantes y antisépticas, especialmente para tratar quemaduras y lesiones en la piel, gracias a su efecto refrescante y protector.
Además, de acuerdo con el Jardín Patrimonial de la Universidad de Illinois en Chicago, en varios países se ha usado para:
- Aliviar dolores menstruales, fiebre, inflamaciones y afecciones oculares.
- En África y Asia se emplea para tratar diarrea, disentería, malaria y amigdalitis.
- Se preparan decocciones para aliviar dolores de cabeza e inflamaciones.
- Las semillas se utilizan en collares, rosarios e instrumentos musicales tradicionales en África, América y Asia.
- Las hojas sirven para envolver alimentos, techar viviendas, hacer papel y tintes naturales.
- El humo de las hojas secas actúa como insecticida natural.
Así, la achira no solo alimenta, sino que conecta gastronomía, medicina tradicional, arte y sostenibilidad, confirmando que detrás de este pasabocas hay una planta tan generosa como versátil. Si desea saber cómo cuidarla, puede consultarla aquí.
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