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Discreta pero inconfundible por su aroma, la feijoa es una de esas frutas que muchos han probado sin detenerse a pensar en todo lo que ofrece. Para muchos colombianos es esa fruta que siempre ha estado ahí: exótica, aromática y a la vez cotidiana, presente en jugos, postres o dulces tradicionales.
Sin embargo, su historia va mucho más allá del sabor. Detrás de su pulpa aromática se esconde una especie con un notable valor nutricional y propiedades que rara vez se mencionan. Hoy queremos hacerle justicia y contarle por qué la feijoa merece un lugar destacado no solo en la mesa, sino también en la conversación sobre las plantas y su importancia en nuestra salud.
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¿De dónde viene?
La feijoa conocida científicamente como Feijoa sellowiana, tiene raíces profundamente sudamericanas. Aunque su origen está más por los lados del sur de Brasil, el norte de Argentina, Uruguay y algunas regiones de Paraguay, donde crecía de forma silvestre mucho antes de convertirse en un cultivo reconocido. Pertenece a la familia de las mirtáceas —la misma de la guayaba—, aunque durante mucho tiempo fue una fruta poco valorada en su propio territorio.
Su expansión comenzó a finales del siglo XIX, cuando la especie fue introducida en Europa, especialmente en Francia, desde donde inició su camino hacia otros continentes. En Colombia no existe una fecha exacta de llegada, pero se sabe que en un principio se sembró como planta ornamental, solo con el paso del tiempo su fruto empezó a cultivarse de manera más amplia por su potencial gastronómico, volviéndola una fruta muy valorada en el país.
Ese crecimiento encontró un escenario ideal en Boyacá, particularmente en el municipio de Tibasosa, que hoy es reconocido como la capital de la feijoa. Allí, las condiciones climáticas, la fertilidad de las tierras y la tradición agrícola permitieron que el cultivo se consolidara hasta convertirse en uno de los productos insignia de la región, celebrado incluso con un festival anual dedicado a esta fruta.
Actualmente, Boyacá y Cundinamarca concentran gran parte de la producción nacional, de acuerdo con cifras de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA). En estas regiones, la feijoa se ha convertido en una alternativa productiva importante para numerosas familias campesinas, que la transforman en dulces, mermeladas, bebidas y otros derivados.
¿Para qué sirve?
De acuerdo con el Jardín Botánico de Bogotá, la feijoa no solo destaca por su sabor, sino también por sus múltiples beneficios nutricionales, medicinales y gastronómicos. Gracias a su alto contenido de vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes, esta fruta se ha utilizado tradicionalmente tanto en la alimentación como en remedios naturales.
Y es que esta fruta se destaca por ser rica en vitamina C —aportando más de la mitad de la recomendación diaria para un adulto— y contiene vitaminas A, E y del complejo B (B1, B2, B3, B6 y B9), así como minerales como calcio, hierro, magnesio, fósforo, potasio y zinc. Estos nutrientes contribuyen a la formación de huesos y dientes, la contracción muscular, la coagulación sanguínea y la protección celular frente al daño oxidativo.
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Algunos usos de la feijoa son:
- Digestivos y medicinales: Se emplea por sus propiedades digestivas, laxantes y cicatrizantes, además de utilizarse tradicionalmente para aliviar síntomas de gripes, resfriados y catarros gracias a su alto contenido de vitamina C, que fortalece el sistema inmunológico.
- Propiedades antioxidantes y antiinflamatorias: Contiene compuestos como el ácido cafeico, que ayudan a reducir procesos inflamatorios y el deterioro celular causado por los radicales libres.
- Usos culinarios: La fruta se consume fresca o en dulces, como ya le mencionamos arriba; sin embargo, queremos decirle que sus pétalos también son comestibles, utilizados en ensaladas o preparaciones decorativas.
La pulpa madura puede emplearse de manera tópica como mascarilla natural para ayudar a regenerar la piel, mientras que infusiones de sus hojas se han utilizado de forma tradicional para limpiar pequeñas heridas.
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