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Seguro que el nombre sorprende. “La bóveda del juicio final” suena a relato apocalíptico, pero detrás de ese título dramático hay una pregunta muy real que la humanidad se ha hecho desde hace décadas: ¿qué pasaría si perdiéramos no solo nuestras ciudades y tecnologías, sino también la diversidad biológica que sostiene nuestra alimentación?
Con esa preocupación como punto de partida nació la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, también conocida como la “Bóveda del Fin del Mundo” o “La Bóveda del Juicio Final”.
¿De qué trata esta instalación?
Esta instalación se encuentra en un remoto archipiélago de Noruega, dentro del Círculo Polar Ártico, un lugar elegido no por casualidad, sino por sus condiciones extremas y estables, ideales para la conservación a largo plazo. Aunque su nombre pueda resultar intimidante, su propósito es preventivo y esperanzador: actuar como un seguro de vida para la agricultura mundial.
Y es que conviene insistir en la importancia de esta conversación. Tal como lo advierte la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los recursos genéticos que se resguardan en las semillas son fundamentales para garantizar la seguridad alimentaria y el sustento de millones de personas. En ellas se concentra el potencial para mejorar los cultivos y adaptarlos a nuevas condiciones ambientales, una tarea que hoy resulta urgente frente al cambio climático y la acelerada pérdida de biodiversidad.
Esto mismo lo comenta Diana Salas, profesional de la Subgerencia Cultural del Banco de la República, en una publicación sobre semillas que realizamos el 29 de mayo de 2025, y es que a lo largo de la historia, han sido las comunidades rurales y campesinas las que han seleccionado, cuidado y conservado variedades que hoy resultan clave para enfrentar sequías, plagas y suelos cada vez más degradados.
Gracias a ese trabajo silencioso y constante, existen semillas capaces de responder a contextos muy específicos, lo que demuestra que la diversidad agrícola no es un lujo, sino una estrategia de supervivencia.
Comprendiendo la importancia de esto, la bóveda funciona como un banco de semillas a escala planetaria. Allí se almacenan duplicados de semillas provenientes de casi todos los rincones del mundo, enviadas por países e instituciones que desean proteger su patrimonio agrícola.
El edificio está excavado a más de 130 metros dentro de una montaña de roca sólida y permafrost, lo que le permite mantener temperaturas naturalmente bajas incluso si fallaran los sistemas eléctricos. Además, fue diseñado para resistir terremotos, inundaciones, conflictos armados y otros escenarios extremos.
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En la actualidad, ¿cuántas semillas lleva ya resguardadas?
Según las cifras más recientes, la Bóveda Global de Semillas resguarda hoy una diversidad que da cuenta de la riqueza agrícola del planeta: más de 250.000 tipos de trigo, 160.000 variedades de arroz y cerca de 46.000 de maíz. Sin embargo, no guarda únicamente grandes cultivos, sino también de variedades locales y tradicionales de países como Perú, Ecuador, Australia, Taiwán y más.
De hecho, en febrero de este año, la bóveda recibió más de 14.000 nuevas semillas de cultivos alimentarios, entre ellas 15 especies provenientes de Sudán, un país golpeado por la guerra civil que estalló en abril de 2023.
De acuerdo con Reuters, el conflicto ha provocado miles de muertes, el desplazamiento de millones de personas y ha llevado a varias regiones a la hambruna. En ese contexto, el resguardo de estas semillas adquiere un valor aún mayor, pues muchas fueron rescatadas de un banco genético nacional que estuvo a punto de desaparecer.
Las semillas sudanesas incluyen variedades clave como el sorgo y el mijo perla, cultivos esenciales para la alimentación y profundamente ligados a la historia y la cultura del país. “Las semillas depositadas representan no solo la biodiversidad, sino también el conocimiento, la cultura y la resiliencia de las comunidades que las administran”, afirmó Stefan Schmitz, director ejecutivo de Crop Trust.
Y aunque Sudán es un caso emblemático, no es el único: depósitos recientes de países como Filipinas, Marruecos y varias naciones africanas refuerzan una red global que busca fortalecer la diversidad agrícola en cada territorio.
¿Puede visitarlo?
Dada su importancia para salvaguardar el futuro de la alimentación en el mundo, el acceso a la Bóveda del Juicio Final está estrictamente restringido a personal autorizado y científicos. No se permiten visitantes externos, lo que convierte a esta instalación noruega en uno de los lugares más protegidos y sellados del planeta.
Sin embargo, aunque no es posible ingresar físicamente, la bóveda sí puede conocerse de manera virtual. A través de un recorrido digital, cualquier persona puede explorar el interior de esta instalación y asomarse a lo que muchos consideran la sala más importante del mundo. La experiencia permite entender mejor cómo funciona este espacio y por qué resulta clave para la seguridad alimentaria global.
¿Qué permite el recorrido virtual por la Bóveda de Semillas?
- Entrar a los pasillos y cámaras donde se almacenan las semillas.
- Observar los contenedores y estanterías que resguardan millones de muestras.
- Mirar con detalle el techo, el suelo y la arquitectura diseñada para resistir el paso del tiempo y las condiciones extremas.
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