El vínculo entre las personas y sus mascotas va más allá de una simple relación de compañía, convirtiéndose en una conexión profunda, casi familiar. A medida que los animales envejecen o enfrentan enfermedades terminales, surge un proceso emocional complejo: el duelo anticipado.
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Este fenómeno, que se desencadena cuando la vida de una mascota está en riesgo, puede ser devastador para los tutores, quienes afrontan una montaña rusa de emociones, como tristeza, ansiedad, culpabilidad e impotencia, mientras lidian con el vacío que dejará la ausencia de su compañero.
La psicóloga Luisa Castañeda explica que la intensidad de este duelo depende del vínculo emocional que se haya formado con el animal. “Cuanto más fuerte sea esa conexión, más profundo será el sufrimiento”.
Este dolor se amplifica cuando el animal no solo es visto como un compañero, sino como un apoyo esencial. A lo largo de los años, las mascotas se convierten en figuras centrales, proporcionando amor incondicional y acompañamiento, lo que hace que la decisión de despedirse sea aún más difícil.
Un claro ejemplo de este dolor emocional es la historia de Luisa Riaño y su perrita Kayha, que fue más que una mascota: fue una amiga fiel y un pilar de apoyo en su vida. Con el pasar de los años, Kayha comenzó a mostrar síntomas de insuficiencia hepática irreversible, junto con vómitos y convulsiones.
Esta situación llevó a Luisa a enfrentarse a una de las decisiones más difíciles de su vida. La tristeza y la incertidumbre la invadieron. Constantemente se preguntaba si podría haber hecho algo diferente por su perra: ¿habría podido salvarla si la hubiera llevado antes al médico? Tras consultar con su veterinario, Luisa optó por la eutanasia, buscando evitar que Kayha sufriera más.
“El proceso fue tranquilo. Pudimos estar juntas hasta el último momento. Fue un acto de amor y respeto”, afirma Luisa, quien valora profundamente el apoyo emocional que recibió tanto del doctor como de su entorno cercano.
Aunque al principio se aferró a la esperanza de que Kayha podría mejorar, pronto se dio cuenta de que esta se había transformado en una forma de negación que le impedía aceptar la cercanía del final. Fue solo cuando Kayha ya no pudo levantarse de la cama, ni siquiera para hacer sus necesidades, que la realidad se volvió innegable.
La esperanza de una recuperación pasó a convertirse en la aceptación de que era el momento de dejarla ir, con dignidad y respeto, para evitarle más sufrimiento.
Eutanasia con compasión: el papel del veterinario
Yinet Sánchez, médica veterinaria y especialista en enfermedades terminales de animales, señala que la calidad de vida de la mascota es un factor clave a evaluar.
“Cuando un animal padece dolor crónico, no puede alimentarse solo o necesita cuidados que no se pueden proporcionar, la eutanasia debe considerarse como una opción”, explica, al tiempo que resalta la importancia de la sinceridad y la comunicación clara: “Es fundamental ser franco y explicar la situación en términos sencillos, evitando tecnicismos que dificulten la comprensión”.
A menudo, los veterinarios utilizan herramientas visuales, como gráficos o dibujos, para ayudar a comprender mejor la evolución de la enfermedad y cómo esta afecta la calidad de vida del animal. Sánchez subraya que la disposición del tutor para proporcionar los cuidados necesarios es un factor importante en la decisión. Esto incluye la disponibilidad de tiempo y recursos para brindar la atención adecuada.
El ambiente familiar, a su vez, juega un papel crucial en este proceso. La psicóloga Castañeda destaca que, además de la situación clínica del animal, se deben considerar las emociones y el impacto que la decisión tendrá en el entorno, pues sentimientos como la tristeza y la culpabilidad son comunes durante este proceso, especialmente cuando se sienten responsables de no haber notado antes la enfermedad de su mascota.
Por su parte, la médica veterinaria añade que es esencial proporcionar información clara y tranquilizadora durante el proceso. “La eutanasia no es dolorosa. Se realiza con anestesia y en un ambiente tranquilo, con música suave, para garantizar que tanto la mascota como su dueño vivan esta experiencia lo más pacíficamente posible”, asegura Sánchez.
En última instancia, la eutanasia debe verse como un acto de respeto, evitando que la mascota siga sufriendo innecesariamente. Durante este tiempo de transición, es fundamental que busquen apoyo en amigos cercanos, familiares o profesionales de la salud mental, para reconocer y validar el dolor, permitiéndose vivir el duelo de manera personal y ayudando a sanar con gratitud, celebrando la vida que compartieron.
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