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Antes, era más común que las personas se montaran en su lomo y dieran un paseo montados en ellos. Según NatGeo, estas prácticas son sinónimo de maltrato, ya que separan a los animales de sus madres, los golpean y a veces les quitan la comida.
Sin embargo, World Animal Protection también cataloga bañar a estos gigantes como sinónimo de crueldad, porque esta actividad causa tanto sufrimiento como los espectáculos o los paseos en elefante.
Para que estas criaturas tengan contacto directo con los turistas, se les entrena a través de una domesticación forzada. De la misma forma en que se hacía cuando estos eran usados para que las personas se subieran en su lomo, incluso son golpeados repetidas veces.
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Los lugares que ofrecen estas experiencias de baño de elefantes, se muestran falsamente como santuarios o centros de rescate y éticos; logrando engañar a muchos turistas con buenas intenciones. Pero la realidad, es que enganchan a los visitantes para acercarse a estos animales, contribuyendo a que se perpetúe la crueldad.
Si vas a un país a buscar las trompas de estos gigantes, lo mejor es buscar empresas que se encarguen de ofrecer tours de observación de los animales en sus entornos naturales y que no permiten que las personas invadan el espacio personal de estas criaturas. Este sistema permite brindar empleos a personas de las comunidades locales; como a los “mahaouts”, los cuidadores de elefantes.
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