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Durante más de una década, un perro criollo se ha convertido en una presencia constante en los juzgados de Zipaquirá, Cundinamarca. Se trata de Penalito (como fue bautizado por su cercanía con el área penal), un canino que acompaña la rutina de funcionarios, abogados y usuarios del sistema judicial y hoy es una figura familiar dentro de este entorno.
Según relatan personas vinculadas a su cuidado, el animal llegó siendo apenas un cachorro a las inmediaciones de los antiguos Juzgados Penales del municipio, ubicados en el sector de Algarra III. Con el paso del tiempo, fue adoptado por funcionarios de la Rama Judicial, quienes asumieron su cuidado, protección y bienestar. “Es nuestro fiel servidor judicial”, afirma uno de sus cuidadores.
La historia de Penalito está estrechamente ligada a la transformación institucional de la justicia en Zipaquirá. Durante años, los despachos judiciales estuvieron distribuidos en distintos puntos de la ciudad. Sin embargo, con la entrada en funcionamiento del Palacio de Justicia Ricardo Hinestrosa Daza, ubicado en el sector de La Fragüita, todas las dependencias se concentraron en una sola sede.
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“Todos nos trasladamos, pero no podíamos llegar a este nuevo lugar sin nuestro empleado más importante: Penalito”, recuerda su cuidador. Así, el perro fue llevado junto con el personal que lo acompaña, lo que explica su ausencia en el sector donde durante años fue visto por residentes y trabajadores informales.
Actualmente, Penalito permanece dentro del Palacio de Justicia, donde continúa bajo el cuidado de funcionarios y personal de seguridad. De acuerdo con sus cuidadores, el animal no permanece a la intemperie, duerme dentro de las instalaciones y está acompañado de forma permanente. Además, recibe baños periódicos y seguimiento veterinario constante.
Su presencia se ha integrado a la cotidianidad del lugar. Penalito recibe a los trabajadores al inicio de la jornada y los despide al finalizar el día, acompañando de manera discreta pero constante el ritmo del espacio judicial. “El es muy importante para todos, ya que ha acompañado las largas jornadas de trabajo, nos recibe por la mañana y nos despide por la tarde”.
En los últimos meses, el perro también ha iniciado un proceso de control de peso. Su hábito de recibir comida, especialmente de visitantes que solían darle empanadas, lo llevó a ganar algunos kilos de más. Actualmente, se encuentra bajo supervisión veterinaria y con una dieta especial, con resultados favorables.
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En ocasiones puntuales, como jornadas de alta afluencia o eventos, el animal es trasladado a una guardería como medida preventiva. Una vez finalizan estas actividades, regresa a su lugar habitual dentro del Palacio.
Para algunos habitantes de este municipio, Penalito es un símbolo de compañía y cercanía en un entorno marcado por la formalidad. Sin uniforme ni funciones oficiales, su presencia sigue siendo una de las más reconocidas dentro del sistema judicial de Zipaquirá.
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