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Viajar en coche suele asociarse al disfrute y a la creación de recuerdos positivos cuando se trata de personas, pero diversos estudios comienzan a demostrar que esta experiencia también puede resultar placentera para muchos perros.
Aunque las razones exactas aún no se comprenden del todo, la ciencia ha empezado a analizar por qué numerosos peludos muestran entusiasmo y bienestar durante los trayectos en automóvil.
De acuerdo con información difundida por 20Minutos, la combinación de un entorno seguro, conocido y predecible favorece que los perros se relajen y disfruten del viaje. El vehículo se transforma así en un espacio que despierta su curiosidad y les ofrece una forma de aventura controlada, lo que explicaría por qué algunos animales reaccionan con excitación incluso antes de subir, tan solo al escuchar el tintineo de las llaves.
Un estudio reciente citado por el medio señala que los desplazamientos en coche pueden resultar estimulantes y positivos para muchos perros, ya que contribuyen a reducir el estrés y aportan un contexto de diversión difícil de reproducir en la rutina diaria.
Durante el trayecto se activan factores sensoriales, emocionales e instintivos que influyen en su comportamiento, aunque los expertos advierten que no todos los animales viven la experiencia de la misma manera.
Uno de los elementos clave es el olfato. La extraordinaria capacidad de los perros para percibir aromas convierte cada recorrido en una sucesión constante de estímulos. Cada calle, semáforo o cambio de ruta representa una nueva fuente de información que mantiene al animal atento y mentalmente activo, permitiéndole interpretar el entorno en tiempo real.
A ello se suma el componente social. Los perros, al ser animales con fuertes vínculos afectivos, suelen asociar el coche con la cercanía de su figura de referencia.
Compartir el trayecto refuerza el sentimiento de pertenencia y genera asociaciones positivas, especialmente cuando el desplazamiento anticipa una actividad agradable. Incluso los viajes cortos pueden adquirir el valor de un ritual compartido.
La conducta exploratoria también desempeña un papel relevante. Como herederos de animales que recorrían amplios territorios, los perros muestran un interés natural por el movimiento continuo y los cambios del entorno.
Algunas investigaciones apuntan a que estas experiencias activan en su cerebro mecanismos relacionados con la anticipación y la recompensa, lo que explicaría la intensidad emocional con la que muchos viven los viajes en coche.
En este contexto, los vehículos eléctricos han despertado un interés particular entre los investigadores. Un estudio preliminar desarrollado por la Universidad de Córdoba y la Universidad de Lincoln, y recogido por 20Minutos, comparó la reacción de veinte perros durante trayectos idénticos en coches diésel y eléctricos. Los resultados indicaron que los animales tendieron a mostrarse más tranquilos en los vehículos eléctricos, con menos signos de inquietud, probablemente debido a la menor vibración y al reducido nivel de ruido.
El análisis también observó una mejoría en perros propensos al mareo cuando viajaban en automóviles eléctricos, mientras que sus síntomas se intensificaban en los diésel. Aunque la muestra es limitada, los expertos consideran que estos hallazgos abren una línea de investigación relevante para el bienestar animal.
No obstante, los especialistas recuerdan que no todos los perros disfrutan de los trayectos en coche. Algunos pueden manifestar estrés mediante jadeo excesivo, rigidez corporal o vocalizaciones, señales que deben ser atendidas para adaptar la experiencia a sus necesidades.
Asimismo, se subraya la importancia de la seguridad: los perros no deben viajar sueltos, sino con arneses homologados, transportines o sistemas de separación adecuados, con el fin de proteger tanto al animal como al resto de los ocupantes del vehículo.
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