Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
La semana pasada, en la primera entrega sobre las novedades de 2015, el espacio lo dediqué a los cavas de calidad, es decir, a los espumosos ibéricos que se ubican en la punta de la pirámide y que demuestran que España puede hacer más que burbujeantes sencillos y de bajo precio.
Hoy destacaré algunos blancos, tintos y otro par de espumosos que, en mi opinión, agregan variedad y diversión a la ya larga lista de etiquetas a nuestro alcance.
De Argentina han llegado cuatro marcas de gran factura, que merecen ocupar un espacio entre nuestras alternativas.
En un estilo más clásico destaco a Mendel, Riglos y Salentein, elaboradas por tres figuras sobresalientes del país austral.
Mendel es obra de Roberto de la Mota, quien con habilidad y cuidado lleva a la botella el cuerpo de viejas viñas de Malbec, Cabernet Sauvignon y Semillon en la tradicional zona de Luján de Cuyo. Etiquetas como Finca Remota, Unus y Mendel brindan una paleta de complejas expresiones de este terruño y nos atrapan con facilidad.
En esa misma línea está Bodega Riglos, con cuatro ejemplares de elevada imponencia: Gran Malbec, Gran Cabernet Sauvignon, Gran Corte y Gran Cabernet Franc, todos respaldados por el nombre de Pulqui Rodríguez Villa, un verdaderos maestro de maestros.
Igual ocurre con las renovadas líneas de Bodega Salentein, ahora bajo el mando del inigualable José Galante, quien en sus colecciones Gran Uco Blend, Primus y Single Vineyard plasma la exquisita complejidad de aromas y sabores del célebre Valle de Uco, zona de altura de Mendoza y cuna de la nueva vitivinicultura argentina. Ojo con sus Malbec, Chardonnay, Pinot Noir y Cabernet Franc. Son elegancia y equilibrio llevados al máximo nivel.
De Chile destaco la obra del inquieto Stefano Gandolini, quien ha redescubierto y escudriñado la zona del Alto Maipo para entregar, bajo la marca de su apellido, un Cabernet Sauvignon de clase mundial. Gandolini también se ha asociado con Ventolera, una joven bodega del Valle de Leyda, de donde emergen un Sauvignon Blanc y un Pinot Noir que resultan frescos ahora, pero que mantendrán su hidalguía con el correr de los años.
También en Chile, el incansable Aurelio Montes ha comenzado a labrar un difícil camino: someter a los rigores del estrés hídrico a su prestigiosa línea Montes Alpha, en un esfuerzo por anticiparse a lo que será un mundo con altas temperaturas y menos agua. A menos que estén en peligro de morir, Montes reduce el riego en sus viñedos y hace que las uvas crezcan en un medio exigente. Sin embargo y de paso, ha conseguido unos vinos ricos en expresiones frutales y aromáticas, con un rastro mineral que sólo puede conseguirse cuando las raíces deben arañar profundo en busca de líquido y nutrientes. Él los llama dry farmed wines o vinos de secano, que merecen ser incluidos en nuestros futuros abanicos. También trajo a Colombia nuevas referencias de la línea Outer Limits, provenientes de viñedos extremos en la zona costera de Zapallar (Sauvignon Blanc y Pinot Noir) y en el extremo sur de Chile, en el Valle de Itata, con uvas de la variedad Cinsault. Y no puede quedar por fuera su Sparkling Angel, primer espumante de su bodega chilena, hecho al estilo clásico francés.
Por último, es destacable el ingreso de un interesante portafolio de vinos franceses, neozelandeses y californianos, encabezado por Salon y Delamotte, dos champanes clásicos, pero relativamente desconocidos en estas latitudes. Hay que pagar por ellos, pero son los favoritos de los más exigentes paladares, en particular la añada 2002 de Salon y la 2004 del Blanc de Blancs de Delamotte.
Otros nuevos tipos y procedencias incluyen a la casa francesa de Alain Graillot (estupendos Syrah), a la neozelandesa Valli (sobresalientes Pinot Noir) y a la californiana Ridge, con sus sugestivos Zinfandel, Pinot Noir y Chardonnay.
En fin, es todo un panorama de opciones para hacer más interesante y llevadero el 2016.