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“Hija, me pongo la caja al hombro y tú te agarras del pasador del pantalón”, le decía Ramiro Agudelo a la pequeña Andrea Agudelo cuando la tenía que llevar a trabajar con él. No era en una oficina ni en un espacio tranquilo, sino en el centro de Medellín, conocido popularmente como “El Hueco”.
Ramiro Agudelo la recogía de la guardería, mientras que su mamá, Alba Yonari, trabajaba como cajera en un banco. Como no tenían con quién dejarla, se la llevaba a su trabajo de cotero. La creadora cuenta que su papá se angustiaba más en diciembre. “En ese mes ese hueco está a reventar y él siempre pensaba: ‘Ojalá no se me pierda’. Fue hermoso”, dice la empresaria mientras relata la historia en una mesa en la que presenta la primera colaboración de la marca caleña Ela.
La anécdota de Agudelo también es un recordatorio de lo que hacen el tiempo y las vivencias en cada individuo. Una persona privilegiada solo requiere el deseo para montar una marca, mientras que, para la también fotógrafa, fue necesario interiorizar durante años lo que significa vender, comprar y, especialmente, crear, porque lo aprendió junto a su padre comerciante.
“Esa niña, sin saberlo, se inspiró en toda esa historia, y todo lo que hoy creo sigue naciendo de ahí, de los recuerdos, los sueños y los anhelos más grandes de mi corazón”, dice Agudelo cuando recuerda a la niña que fue.
De ahí que tenga todo el sentido que el concepto de la colección Metamorfosis sea “Muchas versiones, la misma esencia” y que invite a entender la moda como una expresión viva que evoluciona con cada etapa, lugar y experiencia.
La vida le cambió a ella y a su familia cuando su papá tuvo una oportunidad y supo aprovecharla. Ramiro Agudelo ahora tiene Inducascos, una empresa de cascos con 1.200 empleados; su hermano es el DJ Agudelo 888 y su mamá está sanando, encontrándose y viajando.
Su mamá, quien fue diagnosticada con cáncer, también es una de las personas en las que Andrea se inspira para crear. “Mi familia siempre ha estado presente. Cuando a mi mamá le da el cáncer, estábamos fortalecidos. Eso nos transformó la vida, pero no nos tumbó. Nos fue transformando y nos hemos tenido que ir acomodando”.
Alba asegura que su hija es una mujer que le enseña lo hermoso que es creer en lo que llevamos dentro. “Admiro esa capacidad suya de imaginar una vida, sentirla en el corazón y empezar a construirla. Esa manera de ponerle intención a sus sueños, de darles espacio y caminar hacia ellos con confianza. Hay algo maravilloso en verla crear: lo que nace en su interior va encontrando forma en sus decisiones, en sus proyectos y en todo aquello que comparte con el mundo. Para mí, esa es su magia: unir su sensibilidad con la valentía de hacer realidad lo que sueña”.
Y, como mamá, agrega: “Me conmueve inmensamente reconocer todo lo que aprendo de ella. Yo la he acompañado a crecer, y ella también ha abierto caminos dentro de mí. Me inspira a confiar, a mirar más allá de lo que hoy parece posible y a recordar que siempre podemos seguir creando nuestra vida. Hija, admiro tu luz y también la dedicación con la que cuidas lo que amas, incluso cuando hay dudas o el camino cambia”.
La creatividad está anclada al movimiento, y todos los universos que Agudelo ha creado han nacido mientras transita por sus distintas versiones. Nació en Palmira, Valle del Cauca, cuando su papá se mudó a ese lugar en una de sus tantas oportunidades laborales y en medio de sus deseos de salir y sacar adelante a su familia. Creció entre Cali y Medellín. “Mis papás han sido unos aventureros. Me parece hermoso porque eso me ha hecho la mujer que soy: sensible y empática”, dice.
La emprendedora siempre mostró interés en la moda. Quería ser diseñadora, pero terminó estudiando Negocios Internacionales; después, fotografía y mercadeo. Estuvo en Milán, Nueva York y otros lugares de Europa, y quería lanzar un libro de fotografía. También les tomaba fotos a artistas. Fue en ese momento cuando Instagram nacía como una plataforma para conectar con miles de personas y ella comenzaba a crear una comunidad de seguidores.
Después, pintó mándalas y su papá la retó a hacer un libro: Mandalas para el alma. Lo hizo junto a amigas ilustradoras y empezó a venderlo con la editorial Todo en Artes, de Medellín. Estuvo en una Feria del Libro de Bogotá firmando miles de libros y después publicó otros diez. Su comunidad en plataformas digitales siguió creciendo, enfrentó un divorcio y lanzó SER, su marca de sombreros inspirada en los que usó su abuelo paterno. Ahora trabaja con un equipo de artesanos que los crean a mano. También ha lanzado colaboraciones con otras marcas de moda, como Tennis y Leonisa.
Muchas versiones, la misma esencia
A la primera colaboración que hace la marca caleña le aportó no solo la dirección creativa, sino también la campaña. La colaboración propone un guardarropa versátil diseñado para acompañar las distintas facetas de la vida contemporánea. “La colección nace como un antídoto creativo frente a la estandarización, la uniformidad y la presión del perfeccionismo digital, reivindicando la imperfección como la máxima expresión de autenticidad y recordándonos que evolucionar no significa dejar de ser quienes somos, sino descubrir nuevas formas de expresarnos”, dice la marca.
La colección también incorpora tendencias de moda, como el denim, el cuero, los flecos y las siluetas de estilo boho. “Fue retador. Las marcas ya saben qué es lo que se vende, pero a veces no se arriesgan y para eso estoy yo. Creo cosas que nunca han hecho y hacemos una mezcla hermosa”.
“No fui diseñadora de moda, pero hoy puedo decir que estoy haciendo algo desde la dirección creativa y aportando algo a ese diseño de moda que en algún momento soñé. Con esta colaboración entrego la tesis, me gradúo. También es un reconocimiento a esa niña interior que creyó alguna vez que podía hacerlo”, afirma.
Andrea Agudelo menciona que esta colaboración se enmarca en un año en el que, después de pasar por crisis de identidad, sintió que se estaba prendiendo un fuego en su interior. “Y una vez tienes esa llama encendida, olvídese, estoy plena conmigo. Me empezaron a aparecer oportunidades lindas, me he estado moviendo, con viajes, oportunidades, con mi marca personal. Mi mamá está en su libertad. Me pasé a un nuevo espacio, cada vez me siento más yo. Soy dueña de mí, estoy habitándome demasiado”.
Ahora se está moviendo en el mundo de la moda. Encontró una nueva pasión en la dirección creativa para otras marcas, a partir de sus propias historias o de las vivencias de personas cercanas. “Quizás ese sea mi sello: crear cosas que primero tengan un significado y después encuentren una forma. Hay muchos lenguajes que no son las palabras; el lenguaje visual a veces es muy poderoso. Ves a alguien y ya te haces una imagen de quién es. Con la ropa se puede lograr: hoy soy una, luego otra. Me gusta plasmar y traducir esa esencia, lo que quiero contar, a través de la ropa. Además, la vida me ha dado la oportunidad de moverme en la calle y en espectáculos de talla mundial; por eso, puedo traducir todos esos mundos. Me encanta meterle mi sello a una marca y darle mi visión, que entre y salga. Poner mi ADN y estar mutando. Quiero seguir plasmando una parte de mí en esos universos. Y con mi marca de sombreros seguiré creando”.
La colección se presentó con una pasarela en los Estudios Telemedellín y un tardeo caleña con salsa, reguetón y boleros. La puesta en escena contó con música que la emprendedora creó junto a un equipo de creativos. Cuando terminó, después de tanto ruido y tanta gente, Agudelo cuenta que sintió “un amor infinito y, sobre todo, mucha satisfacción de todo lo vivido. Pensé en todo el camino que había detrás de esos minutos: el equipo, los procesos creativos, todas las ideas y cómo se fueron transformando. Pero también, al llegar a mi casa, quería mucha contención de mi familia porque, después de ese pico tan grande de emoción, llega también un silencio en el que quieres estar con tu vínculo más cercano y en el lugar seguro”.
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—¿Qué quieres que la gente piense de ti cuando mencionen tu nombre?
—Quiero que me vean y me recuerden desde la autenticidad.
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