“Vida a los años; no años a la vida”, dice “la chica” Morales para describir la energía y la pasión que le han permitido durante más de dos décadas realizar Farex en Cartagena, una feria anual dedicada a mostrar el talento de los artesanos de diferentes regiones del país.
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El amor que tiene por el arte viene de niña, el amor por la gente desde que fue señorita Bolívar en 1997 y el amor por las artesanías de cuando fue ministra de Cultura en 2001. “Mi sensibilidad por el arte y la cultura nacen de mi hermano, Darío Morales, quien murió a causa de un cáncer cuando tenía 44 años. Fuimos muy unidos y cuándo él tenía 16 años y estudiaba artes, me llevaba a la escuela y me dejaba pintar las paredes, yo tenía unos seis años”, recuerda.
Después, él se fue a vivir a París y cuando Morales cumplió 18 años, lo fue a visitar. “Íbamos a los museos, él me explicaba quiénes eran los artistas y me ponía tareas. Así se creó esa sensibilidad cultural”.
La nombraron por decreto como señorita Bolívar. “Las señoritas Bolívar coronaban a las reinas de los barrios. Cuando me designaron, ya se había perdido esa tradición, así que yo la retomé y cada fin de semana iba a diferentes barrios a coronar a la reina. Ese contacto con la gente, me encantaba, y me encanta”, cuenta Morales.
Morales estudió en la escuela de Bellas Artes de Cartagena y en la Corporación Universitaria de la Costa administración de empresas, montó una galería de arte y una marquetería, fue ministra de Cultura, secretaria de Educación y Cultura de Bolívar, cónsul General de Colombia en Argentina (2016) y embajadora de Cuba (2017-2018).
Cuando fue secretaria de Educación y de Cultura de Bolívar y de Cultura, hizo lo mismo que cuando fue reina: ir a los barrios, a los municipios, pero ya no coronaba, abría bibliotecas y llevaba computadores.
También fue promotora de la champeta, un género musical originario de Cartagena. “En el 2000 nadie sabía qué era la champeta, así que me inventé un concierto en la Plaza de la Aduana. Cité a los ‘champetudos’ para contarles mi idea y no lo podían creer. Al concierto llegaron 20.000 personas. Después, los llevé a Bogotá y a París. A mí me encanta la champeta, ellos me enseñaron a bailarla”.
Farex, artesanía exportable
Andrés Pastrana, cuando fue presidente de la República, la llamó para ofrecerle el cargo de ministra de Cultura. “Nos conocíamos desde que estábamos jóvenes y pensé que su propuesta era para tomarme del pelo, no le creía. Fue una labor en la que me sentí muy halagada, honrada, agradecida. En esos dos años pude viajar por el país, ver las necesidades de la gente en diferentes regiones y municipios, pero también vi la riqueza cultural”.
Su despacho estaba lleno de artesanías que le regalaban los artesanos de diferentes regiones del país. Desempeñando su cargo, visitó Artesanías de Colombia y pensó en que Cartagena debería tener una feria que mostrara el talento de esa región del país.
Así que le comentó su idea a su esposo, quien era el gerente del Hotel Estelar de esa ciudad. “Me dijo: ‘Háblate con el presidente de la cadena y hazle la propuesta’. Así fue como nación Farex en el 2000. Empezamos con 20 expositores, a manera de ejercicio, y la organizamos en 15 días”.
La feria se empezó a realizar anualmente, a los 20 expositores se fueron sumando otros 10, 20, 30 y 40. “Llegó un momento en el que ya no cabía la gente en el hotel. Cuando cumplí 15 años en el hotel, dije: ‘para atrás, ni para coger impulso’. Hablé con el Centro de Convenciones y desde entonces se realiza ahí cada año. Con mis hijas pensamos en cambiarle el nombre y elegimos Farex: Feria de Artesanías Exportables”.
El éxito de la feria, según “la chica”, se debe a que, desde sus inicios, se pensó como un evento de ciudad, con una curaduría de calidad y que represente ganancías reales para los participantes. Además, es clave que se realice en enero, pues es la cita anual y cultural de muchos de los turistas que visitan la ciudad en esa época del año.
María Alicia Rocha es la artesana y creadoa de Todo d’telar y quien creyó desde el día 1 en Farex, ha participado en las 26 ediciones. “Es una experiencia enriquecerdora. Hemos participado cada año porque es una feria que nos abrió muchas puertas, incluso sigo teniendo clientela desde esa época. Me acuerdo que participaba con mis hijos muy pequeños y no teníamos en dónde quedarnos, era una travesía, pero fueron épocas muy lindas porque tuve gente que me acogia”. Sus hijos, ya adultos, seguirán con la tradición de hacer telares manuales.
“‘La chica’ siempre me dice que soy su compañera, es una mujer colombiana echada para delante, fuerte, que apoya a la gente y esperamos que nos siga acompañando”, dice Rocha.
Hace 20 años nadie hablaba de emprendimiento, asegura Morales. “La fusión entre moda y artesanía la he visto no solo en Colombia, sino a nivel internacional. Por eso, cada año busco que se vea esa unión, la calidad y los diseños que el país tiene para mostrar”.
La artesanía es historia, afirma y agrega que los artesanos cuentan las historias de sus antepasados a través de sus piezas. “Ellos conservan sus tradiciones. La moda me gusta, me encanta tener collares y aretes grandes. Soy muy observadora y creo que soy una diseñadora de moda frustrada, porque me acuerdo que cuando tenía como 18 años, me diseñaba la ropa, entonces compraba la tela e iba a donde una costurera, para que me la hiciera como quería. A mis hijas también las vestía divino”, cuenta.
Para esta edición, la feria que se realizó entre el 3 y el 12 de enero en Cartagena, reunió a 250 expositores, de los cuales el 60 % fueron maestros artesanos de distintas regiones de Colombia, acompañados por diseñadores de moda, joyería y emprendimientos creativos.
“Siento mucha satisfacción cuando los artesanos me abrazan y me dicen: ‘no te imaginas cómo me ha ido’. Es una satisfacción muy grande, porque la verdad que es muy estresante la labor, que hago con mucha alegría de optimismo, pero en la que hay cosas que no salen como uno quiere. Eso me genera mucha preocupación porque también es una responsabilidad que tengo con la ciudad, con los expositores, con el país”.
“La chica” más allá de Farex
Morales tiene dos hijas: Juliana y Catalina Morales, y tres nietos. Siempre organizan unas vacaciones de solo chicas. Está casada con Jorge Durán, su gran apoyo.
“Mi hija Juliana es historiadora de arte, ha trabajado en casas de subastas en Nueva York y tiene un master en museología. Mi otra hija, Catalina, es administradora de negocios internacionales de la Universidad de la Sabana, es emprendora desde muy pequeña y organiza eventos”.
‘La chica’ describe su relación con sus hijas como “impresionante”, es como si “fuéramos una sola persona, todo me lo cuentan y yo se los cuento. Mi relación con mis nietos también es bella, me dicen ‘abuechica’”, cuenta entre risas.
“‘La chica’ Morales es una persona apasionada por la cultura, desde que yo era una niña lo único que vi en mi casa fue pasión por la cultura, el arte, el patrimonio. Es la persona más trabajadora que conozco. Ella ama su trabajo y, por eso, Farex es un éxito, porque disfruta lo que hace. De Farex se habla siempre en la casa, no solo lo organiza, es su vida. Es un orgullo ver el crecimiento de la feria, un evento que permite mostrar el talento y posicionar a la ciudad”, cuenta Juliana Morales.
“Recuerdo que mi mamá me llevaba a las exposiciones de arte desde muy pequeña y, un día le dije: ‘mami, no me lleves más, porque lo único que veo son las piernas de la gente’. Desde siempre hemos vivido con el arte”, dice.
Sobre los momentos más duros y retadores de su vida, Morales menciona la muerte de su hermano Darío. “Me dio durísimo, todavía me duele, siempre lo recuerdo mucho. No alcanzaba a entender cómo una persona llena de salud, de éxito, un excelente artista, se murió en año y medio. Además, cuando me dio cáncer de seno hace 17 años, tenía miedo de que se repitiera la historia de mi hermano”.
Morales es vital, enérgica, detallista, cercana y alegre. “Siempre tengo ganas de hacer cosas. Mi esposo me dice: ‘bájale un poco’. Ya estoy jubilada, pero le digo a él y a mis amigas y familiares, que se preocupen cuando no esté haciendo nada, porque ahí sí es que me enfermé”.
Los siguientes 26 años
Farex también es el resultado de un trabajo minucioso que comienza el día siguiente a que se termina la edición y en el que cuenta con el apoyo de su asistente que la ha acompañado los últimos 30 años. “Ya me conoce hasta el pensamiento. Siempre hacemos una evaluación cuando se acaba la feria para saber qué funcionó y reconocer lo que se debe mejorar”, dice Morales.
“Tuve la fortuna de comenzar con ‘la chica’ hace 30 años, cuando terminé la universidad, fue mi primer trabajo. Vine a trabajar unos días y me quedé toda la vida. Ella me ha enseñado de sensibilidad y de arte. También pude estar con ella desde que se le ocurrió crear la feria. Ha sido mi maestra, la admiro mucho”, dice Diana Vergara, la asistente y compañera de Morales.
“La chica” se llama Araceli, como su mamá, pero nunca le gustó su nombre. Le dicen “la chica”, porque desde que era niña necesitaban diferenciarla de su madre, Araceli “la grande”. Aunque un día un sacerdote le dijo que Araceli significaba en latín: “altar del cielo”, prefiere que la sigan llamando “la chica” Morales. Desde que el cura le contó eso y conoció en Roma a Santa Araceli, carga en su billetera una imagen de la santa.
Araceli “la chica” Morales espera tener el ánimo que la ha acompañado por 26 edición, para hacer otras 25, dice. Cuenta con orgullo que ahora en la feria participan entidades como la Cámara de Comercio y la Gobernación de Bolívar, y marcas reconocidas como Coca-Cola. Dice que muchos de sus expositores ahora cuentan con tiendas físicas y están en Nueva York, en Venecia y en otros países.
La feria es una vitrina, dice Morales. “Muchos siguen teniendo ventas meses después”, cuenta y menciona sutilmente que sueña con llevar la feria a otros lugares.
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