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La gala del MET de 2026 se realizó el pasado 4 de mayo y tuvo como código de vestuario para sus asistentes “La moda es arte”, una invitación a explorar todas las veces en que la industria textil ha coqueteado con las diferentes expresiones artísticas y a mostrar que el cuerpo humano también es un lienzo.
Se trata de un evento del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York que se celebra anualmente el primer lunes de mayo y los ingresos proporcionan al Instituto del Traje, su principal fuente de financiación anual para exposiciones, publicaciones, adquisiciones y operaciones. Los fondos recaudados también apoyan otras actividades del museo.
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El evento, también conocido como “los Óscar de la moda”, es perfomance y entretenemiento. Cada año, las redes sociales se llenan de imágenes, comentarios y memes sobre las elecciones de los invitados.
Este año, los invitados recurrieron a la literalidad con referentes artísticos bastante conocidos, como Gracie Abrams en un Chanel o Hunter Schafer en Prada inspiradas en Gustav Klimt, así como Madonna usando un look de Anthony Vaccarello para Saint Laurent inspirado en Leonora Carrington, por mencionar solo unos ejemplos.
Un patrón curioso fue el recurso de las manos, comenta Diana Lunareja, comunicadora de moda, “vestidos con manos asomadas, manos tocando el cuerpo o incluso cubriendo el cuerpo, tal vez para vincularse al concepto de la exhibición de esa relación entre la moda y lo corporal. A veces, esa insistencia con un mismo tema puede reflejar una investigación muy superficial por parte de los equipos”, dice.
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De fondo, explica Lunareja, muchos invitados sencillamente se enfocan en lucir algo “que sea increíblemente bello y atractivo para que se viralice con facilidad en internet, y recuperar la inversión que conlleva toda la participación en el evento”.
Por su parte, Jeniffer Varela, investigadora de moda, menciona que la gala estuvo “muy aburrida”. Casi todos se fueron por lo más literal que encontraron (que no está mal, solo es muy básico), “y ni siquiera investigaron referencias profundas. Lo cual es triste porque estamos hablando de uno de los museos con las colecciones de arte más grandes del mundo y parece que todas se fueron de escultura griega o de una pintura que vieron en el colegio. Pero eso también revela algo muy importante, y es que los invitados a esta gala tienen muy poco conocimiento no solo de la moda, sino también del arte”.
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Sin embargo, destaca la elección de Gwendoline Christie, que no solo tenía un significado profundo detrás de lo que se puso, “sino que se tomó el trabajo de investigar y de trabajar con gente especializada en cada aspecto de su look: el vestido, el maquillaje, la máscara que llevaba, entre otros. Esa es la dedicación de una persona que genuinamente entiende el significado de exaltar las artes”.
Emma Chamberlain interpretó muy bien el código de vestuario, revistas y medios especializados así como expertos en redes sociales, la nombra como “la mejor vestida de la noche”. La youtuber estadounidense llevó un Mugler inspirado en los materiales con los que se construye el arte.
Paloma Elsesser también se destacó con un vestido hecho con decenas de vestidos vintage, “hasta Kylie Jenner haciendo referencia a la venus de Milo y a los maniquies desvestidos... también Sabrina Carpenter con un vestido de Dior hecho de tiras de filme de la película ‘Sabrina’. Todo pensado para usa materiales inusuales y convertirlos en arte”, menciona Varela sobre las pocas asistentes que reflejan la frase: “la moda es arte en sí mismo”.
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Zara y Bad Bunny envejecido
El artista puertorriqueño llegó al evento mostrando cómo se vería con 53 años de más, una caracterización artística con prótesis que buscaba visibilizar el envejecimiento en una industria obsesionada con la juventud.
Pero, por qué elegió un look de Zara para acompañar su propuesta e interpretación de “la moda es arte”. Por un lado, hay quienes aseguran que se trata de una decisión de democratizar la moda. Sin embargo, se encamina más hacia una importante transacción comercial.
Zara se cansó de competir con el ultrafast fashion de Temu y Shein y busca entrar en una categoría de lujo. De ahí, que eligieran al diseñador John Galliano para colaborar por dos años reinterpretando piezas de archivo. Pero es solo maquillaje para una empresa que sigue teniendo sobreproducción de ropa.
Como lo menciona Lunareja, “ser lujo tradicional ya no es garantía de calidad, respeto por el oficio o buen diseño. Es solo marketing”.
El papel de Amazon en la gala
La gala estuvo financiada, en parte, por el empresario Jeff Bezos, director ejecutivo de Amazon, y su esposa Lauren Bezos.
Jeff Bezos y Lauren Sánchez Bezos fueron los presidentes honorarios de la velada, un cargo que suele conllevar un lugar en la fila de recepción y una posición en lo alto en las escaleras del Met.
Durante los días previos al evento, pegaron carteles en las calles de Nueva York con un llamado al boicot de la Gala del MET por sus patrocinadores, a quienes acusan de impulsar al ICE y de “explotación laboral” en Amazon.
La participación de los Bezos también se lee como un intento de legitimarse en la cultura.
Aunque no es la primera vez que Amazon o un gigante tecnológico se involucra en el evento benéfico (las artes siempre han sido financiadas por personas con mucho capital económico y también cuestionadas), el patrocinio de Jeff Bezos y su esposa Lauren Sanchez Bezos, “llega en un momento político en que la desigualdad económica en ese país es rampante y están teniendo conversaciones sobre billonarios acumulando riqueza en lugar de pagarles a sus empleados”, menciona Varela.
En esa línea, Lunareja menciona que, el estado político de Estados Unidos está, en parte, siendo alimentado por Jeff Bezos, quien además de adueñarse del Washington Post tiene encima rumores de comprar Condé Nast.
“Su participación en este evento diluye la idea de que es a favor de la cultura y queda más bien como una forma de traer una imagen positiva, cuando su empresa tiene amplias acusaciones de explotación laboral y se ha visto beneficiado con contratos gubernamentales billonarios por su relación con el actual presidente de EE.UU.”, dice Lunareja.
Pese a las protestas, que casi siempre se presentan a las afueras del evento, lo relevante de este año fue una ‘gala’ alterna organizada por la alcaldía de Nueva York, que no solo se rehusó a ir al evento sino que usó la fecha para destacar a personajes de moda de la ciudad enfocados en la lucha por los derechos de los trabajadores y la exaltación de la diversidad en la industria.
El alcalde exaltó a los trabajadores del garment district: costureros, sastres, entre otros. “Se entiende que las artes necesitan de benefactores grandes como los Bezos, pero la gente resalta mucho el hecho de que sus buenas obras podrían empezar por garantizarles a sus trabajadores los derechos más básicos”, sentencia la investigadora de moda.
¿Qué viene para la gala del MET?
The New York Times publicó un artículo en el que contaba que el museo y el Instituo del Vestuarion tienen un fondo en el que ha guardado parte del dinero recaudado durante varios años, con el que buscan autosuficiencia financiera para 2030.
“Eso nos da pistas de que todos los involucrados se están preparando: Anna Wintour no planea retirarse pronto, pero tiene más de 70 años... Los patrocinadores de marcas cada vez son más escasos y los costos de realizar el evento y la exhibición son muy elevados, así que me parece muy inteligente de su parte”.
Las nuevas generaciones ya no tragan entero. Sí, es un evento para el disfrute de los amantes de la moda. ¿Quién no goza comentando looks desde su casa en pijama? Pero también es un evento que nos muestra la cara no tan chévere de la industria, un sector que se mueve con el poder de los que tienen el dinero.
Lo bueno es que ahora hay más escrutinio, discusiones y cuestionamientos. ¿Qué viene? “Eventualmente una reducción en fastuosidad, el momento lo demanda y Vogue y el MET lo saben”, puntualiza Varela.
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