19 Oct 2021 - 2:05 a. m.

¿A qué viene Mr. Blinken?

La llegada a Colombia del secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, ocurre en uno de los momentos más difíciles en años. ¿Qué está en juego?

Rodrigo Pardo*

El secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, llega hoy a Colombia con una agenda llena de nuevos temas para la relación bilateral.  / AFP
El secretario de Estado de EE. UU., Antony Blinken, llega hoy a Colombia con una agenda llena de nuevos temas para la relación bilateral. / AFP

La visita a Colombia de Antony Blinken, secretario de Estado del gobierno de Joe Biden, está llena de complejidades. Las convulsiones de los últimos tiempos -el sobresaltado final de la era Trump, la pandemia del coronavirus, las inestabilidades en varios países de la región- componen un panorama difícil. La paradoja es que en Bogotá y en Washington existe voluntad política por recuperar rumbos de cooperación y entendimiento. Lo que está por verse es si los dos gobiernos lograrán restablecer las características de una relación especial como la que ha predominado durante los últimos años.

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Los obstáculos no son pocos. Para empezar, la situación en la región es la más difícil que se recuerde en años. Las consecuencias de la pandemia, los brotes del populismo en varios países -y la tentación autoritaria- y la falta de consensos marcan un escenario más difícil, para la cooperación, del que había predominado en las últimas dos décadas.

Los instrumentos de diálogo y entendimiento se han debilitado y el errático cuatrienio de Trump contribuyó a debilitar la comunicación. Y en la región, las diferencias de visiones entre distintos países marcan un escenario menos favorable para la cooperación y el entendimiento. Los puntos de vista son muy diversos.

En un escenario complejo, ¿lograrán los gobiernos de Colombia y Estados Unidos enderezar el rumbo y restablecer la relación especial? Las ONG de derechos humanos, influyentes y cercanas a la actual Casa Blanca, han elevado su tono crítico sobre la realidad nacional. “Colombia está en un momento crítico”, dicen, y expresan su preocupación por la marcha incierta del proceso de paz y de la política antidrogas. Varias de ellas consideran que el momento es inusualmente difícil. Y sería un error, de parte del gobierno Duque, asumir que el gobierno demócrata tendrá las mismas visiones.

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De hecho, la cercanía de la Embajada de Colombia a Donald Trump durante la campaña electoral fue mal vista en varios sectores que hoy son gobierno o que simpatizan con él. Se entiende, por supuesto, que el principal interlocutor de una sede diplomática son los gobernantes del país sede. Pero de allí a dejar la sensación de que hay preferencinas en el juego político interno hay un largo trecho.

De hecho, la cercanía de la Embajada de Colombia a Donald Trump durante la campaña electoral fue mal vista en varios sectores que hoy son gobierno o que simpatizan con él. Se entiende, por supuesto, que el principal interlocutor de una sede diplomática son los gobernantes del país sede. Pero de allí a dejar la sensación de que hay preferencias en el juego político interno hay un largo trecho.

El proceso de paz en Colombia también ofrece complejidades. El presidente Biden y su partido se entusiasmaron con la perspectiva de la terminación del conflicto y, durante la administración Obama, se vincularon con el proceso. Las posiciones y visiones entre demócratas y republicanos son significativas. Y a la luz de esa diferencia la posición del presidente Duque parece ambigua. Cuestiona el proceso, pero defiende que lo ha mantenido e, incluso, que ha tenido más avances que el gobierno Santos en términos de desmovilización de miembros de las Farc. No le falta razón, pero es un argumento difícil de vender cuando hay actitudes y una retórica que denotan falta de fe -y por consiguiente, de compromiso- con el proceso de paz.

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El punto es que el discurso del Gobierno colombiano no es claro y que la administración demócrata de Joe Biden considera que se jugó muy a fondo para apoyarlo en la era de los mandatarios Nobel, Santos y Obama. Lo cierto es que los discursos y las sensibilidades de Duque y Biden son muy distintos.

El escenario no es fácil. Los analistas más pesimistas consideran que la democracia misma está en peligro en el continente. O, al menos, en algunos países. De ahí que la visita de Blinken en estos momentos turbulentos -Venezuela, Brasil, Perú y Nicaragua- sea tan compleja como crucial. Washington y Bogotá coinciden en que, a pesar de las dificultades, es necesario ajustar tuercas y asegurar el trabajo conjunto.

La agenda no es sencilla en estas épocas de pandemia y después del proceso de paz en Colombia. Cambio climático, migración y seguridad componen una agenda nueva, crucial y, a la vez, difícil. No sería exagerado afirmar que el momento es uno de los más decisivos, en muchos años, para las relaciones hemisféricas.

Y también para las relaciones entre Colombia y Estados Unidos. Es un momento en el que se echa de menos un liderazgo más visible y un mayor consenso. ¿Podría ser el encuentro Duque-Blinken un paso cierto y firme en la dirección correcta?

* Periodista y excanciller

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