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Gabriel Camero Ramos es médico epidemiólogo, profesor del área de salud pública y presidente de la Cruz Roja de Cundinamarca y Bogotá. Desde hace 33 años es voluntario y por eso conoce de cerca los dolores que viven los seres humanos en tragedias como el terremoto que el sábado sacudió a Ecuador. Estuvo en los desastres naturales de Armenia, Haití, Pisco (Perú) y Guatemala, entre otros. Hoy está en Pedernales, provincia de Manabí, una de las zonas más devastadas por el sismo de 7,8 grados en la escala de Richter que deja cerca de 600 muertos y 8.340 heridos.
Camero llegó a Pedernales 48 horas después del terremoto para coordinar las operaciones de salud pública en la zona, junto con otros 70 voluntarios colombianos de la Cruz Roja. “Encontré una ciudad con muchos escombros, casas vacías, sin hospital porque se derrumbó, la alcaldía también se vino al suelo, con escombros en las calles y los edificios que quedaron en pie, que son como de 8 pisos, todos, ladeados”, describe.
La Cruz Roja, explica Camero, llega a las ciudades que viven este tipo de tragedias para trabajar en tres etapas: la primera, una búsqueda liviana, es decir, mover escombros de manera manual para encontrar vida; dos, rescate mediano, en el que se usa un equipo menor; pero cuando las posibilidades de supervivencia son mínimas, se utiliza equipo pesado. “Ya estamos en este momento utilizando maquinaria para remover escombros. En los primeros días nuestro equipo rescató a dos personas vivas, entonces había 40 equipos de rescate, hoy sólo quedan 5. La Cruz Roja apoya esa primera fase durante 8 días, luego viene la etapa de epidemiología y apoyo emocional que dura 20 días, esta es la que comienza ahora”.
Se refiere a los planes para evitar o minimizar la aparición de enfermedades como dengue, zika, chikunguña, entre otras, y a los traumas psicológicos y el estrés que viven los sobrevivientes. “Acá casi todos los habitantes perdieron a uno de sus familiares, hay quienes se quedaron solos, personas que llegaron a sus casas y no encontraron a sus hijos, puras ruinas... Los primeros días de la tragedia son muy caóticos y dramáticos, pero ahora comienza lo más duro”, dice Camero, quien asegura que “a pesar de la experiencia en el terreno, cada tragedia es diferente y es difícil manejar tanto dolor”.
“Cuando uno les pregunta a las personas qué apoyo necesitan, rompen a llorar. Como un señor que entró a un supermercado, él sabía que no iba a encontrar nada allá, pero igual entró. Cuando salió se sentó a llorar en el andén; ahí es cuando empieza a sentir el peso de la realidad: se quedó sin familia, sin casa, sin nada” , añade.
El médico colombiano ha encontrado a connacionales en Pedernales. La mayoría, dice, “son paisas, de la zona cafetera, porque esta ciudad era de mucho emprendimienmiento. Se dedicaban al turismo y al comercio”. Muchos están bien, no perdieron a sus familias, aunque sí todos sus bienes materiales. “Es gente que lleva muchos años acá, que desde el punto de vista de la salud está bien y que intenta recuperarse”. De acuerdo con la Cancillería en Bogotá, once colombianos murieron en el terremoto, falta localizar a 158, han sido repatriados 54 y se han ubicado a 375.
Camero seguirá trabajando en Pedernales hasta esta semana, cuando la Cruz Roja haga un relevo de sus equipos. “Es que es muy difícil, aunque nosotros tenemos nuestras provisiones, el agua no es potable, la embotellada escasea, no hay tiendas, las personas que tienen dinero, no tienen en dónde comprar. Ayer tuvimos que irnos hasta Canoas, a unos kilómetros de distancia de acá, pero en el camino no pudimos comprar un solo alimento. En la orilla de la carretera se hacen muchas personas, que a pesar de tener sus casas en buen estado, no se atreven a volver por miedo a los temblores. El jueves en la noche dos fuertes movimientos asustaron mucho. Salimos y Pedernales parecía un pueblo fantasma”.
Explica Camero que el duelo es personal. “Cada uno hace el proceso a su manera. Nosotros fuimos al cementerio porque es parte de nuestro trabajo y encontramos que mucha gente no enterró a sus víctimas allá, sino que se quedaron con sus muertos. Los enterraron en sus casas”. Y agrega: “Todo esto es un proceso normal, ahora la gente de Pedernales necesita un acompañamiento, medios para volver a trabajar, programas que los regresen a la vida, aunque sea radicalmente diferente a la que tenían antes del terremoto”.
Pedernales, antes y después del terremoto
Esta ciudad ubicada en Manabí, costa ecuatoriana muy golpeada por el terremoto, vive días aciagos. Sus zonas turísticas están severamente dañadas y sus cerca de 60.000 habitantes temen que el turismo jamás se recupere.
En temporada alta Pedernales recibía hasta 40.000 turistas. De acuerdo con datos oficiales, 42 hoteles quedaron destruidos. También se cayeron locales comerciales y un 80% de lo que quedó en pie, está a punto de caer.
Antes del temblor esta ciudad tenía servicios básicos intermitentes y, en ocasiones, se dormía a oscuras, por falta de luz eléctrica, arrullado solamente por el ruido del mar. Se han confirmado 165 fallecimientos en ese lugar.