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Al diálogo venezolano le falta una parte clave: los venezolanos

El chavismo y la oposición se reúnen en un nuevo ciclo de conversaciones para hallar una salida a la crisis venezolana. Pero la economía, el principal problema del país, no aparece en el centro de la agenda.

Camilo Gómez Forero
10 de agosto de 2021 - 02:00 a. m.
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, habla en Caracas sobre el brote de COVID-19 en Venezuela.
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, habla en Caracas sobre el brote de COVID-19 en Venezuela.
Foto: EFE - Agencia EFE

En el transporte público, mercados y plazas en Venezuela no se escucha hablar sobre el diálogo entre el oficialismo y la oposición, encabezada por Juan Guaidó, que albergará México desde el próximo viernes. En primer lugar, la gran mayoría de los venezolanos que permanecen en el país tienen preocupaciones más urgentes en el día a día, como el nuevo cono monetario que entrará en vigencia en octubre.

“La gente aquí no habla del diálogo. La gente está hablando de cómo resolver la vida y cómo sobrevivir con su salario. De cómo los más de cinco millones de trabajadores del sector público reciben en promedio US$3 y de cómo el sector privado tiene dificultades para avanzar, siendo el único que está pagando en dólares”, le dijo Nicmer Evans, analista político y disidente del chavismo a El Espectador.

El gobierno ordenó la eliminación por decreto de seis ceros a la moneda nacional, pero la decisión, que desconcertó a los ciudadanos y expertos, y se adoptó para competir con el dólar, terminó por disparar los precios ya dolarizados en el país. El valor de un pasaje de transporte urbano, por ejemplo, pasó de 500.000 a 800.000 bolívares tras la noticia del cambio.

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Una familia en Venezuela, hoy por hoy, necesita casi 80 millones de bolívares para cumplir con la carga calórica básica, y el salario mínimo se ubica tan solo en 10 millones. Esa reconversión que impuso Nicolás Maduro, la segunda desde que subió al poder, no se tradujo ni en una mejora al poder adquisitivo de los venezolanos o un rescate a la moneda nacional.

Pero la economía venezolana, sin embargo, no está en el centro del diálogo en México, sino una agenda con puros asuntos políticos y electorales. Esta es la segunda razón por la que los venezolanos del común no les están prestando tanta atención a los acercamientos entre el chavismo y la oposición. Ambas partes en disputa han enviado una serie de representantes a la mesa que están desconectados con la situación de la mayoría del país: el hambre y el desempleo.

“Quienes van a negociar no representan a nadie. Representan a cúpulas, tanto del gobierno como de la oposición. No hay una búsqueda de representatividad en las partes para que los negociadores que viajan representen a una mayoría. Del lado de la oposición, estos fueron elegidos por el G4”, dice Evans, quien, sin embargo, confía en que los negociadores puedan cumplir su labor de la mejor manera. “No descalifico a los que van, lo que digo es que no tienen la representatividad que uno podría pensar en una negociación como esta. Son designados a dedo. Debió haber una consulta amplia”, agrega.

El G-4 es un grupo conformado por cuatro partidos de la oposición venezolana (Voluntad Popular de Leopoldo López, Primero Justicia de Henrique Capriles, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo) que, según Evans, terminó hegemonizando las decisiones sin hacer una consulta a los diversos sectores más representativos de la sociedad civil.

Al diálogo en México se espera que asistan Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, Héctor Rodríguez, gobernador del estado de Miranda, y Gerardo Blyde, exalcalde de Baruta, por el oficialismo. De la oposición, entre tanto, se espera que la mesa reúna a Carlos Vecchio, aliado de Leopoldo López, y a algún representante de la corriente de Capriles como podría ser Stalin González, exvicepresidente de la Asamblea Nacional, o Vicente Díaz, con quienes Capriles ha gestado acuerdos con el oficialismo en los últimos años. Tampoco faltarán enviados de Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo, para permanecer vigentes en la arena pública de cara a los comicios.

La oposición dijo que en la delegación no estarán ni los sectores de la llamada “mesita”, cuyos miembros se han mostrado cercanos a Maduro, ni los diputados que abandonaron a Guaidó y que fueron acusados de corrupción. Todo esto denota que las prioridades en la mesa son absolutamente políticas, cuando las necesidades de la gente son otras.

Se hacía urgente, por ejemplo, la presencia de otros colectivos como la Asociación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras), que ha insistido que se hable de la realidad económica del país, u organizaciones como el Movimiento Venezolano por el Revocatorio, que solicitó a la oposición considerar dentro de su agenda la discusión de un referendo de revocatoria a Maduro.

“Hay una combinación de elementos tanto económicos como políticos que están orbitando en otras organizaciones políticas y de la sociedad civil, que pretenden formar parte de la agenda y que son diferentes a las que se ha planteado el G-4”, resalta Evans.

Otro problema que se presenta con los diálogos es el de las pretensiones extremadamente ambiciosas de parte y parte. Maduro, por un lado, exige el fin de todas las sanciones contra Venezuela. La inclusión de estas en el diálogo es importante, pues no estaban en conversaciones anteriores.

“Es más fácil poner que quitar las sanciones, y en Estados Unidos eso no se va a dar solamente por el hecho de que el gobierno y la oposición se hayan sentado en México. Eso puede tardar”, dijo el politólogo Pablo Quintero a France.

Por otro lado, la oposición reclama unas nuevas elecciones presidenciales pronto. Según la Constitución, los próximos comicios están programados para 2024.

“Es un deseo bastante difícil de cumplir, prácticamente inviable. Si la negociación de la oposición se basa en la discusión sobre si Maduro es o no presidente, todo está destinado al fracaso”, asegura Evans, quien resalta que lo que mejor puede hacer el bloque es apostar por mejorar las condiciones electorales y por la idea de una revocatoria, como lo plantea la Constitución. Más de la mitad de la población, dice, espera que se inicie un proceso de revocatoria, más que unas nuevas elecciones, y urge la unión de la oposición para participar en comicios e impulsar el referendo revocatorio.

Pese a las críticas al proceso, Evans mantiene la esperanza en la mesa. “Es el proceso de diálogo más débil que se ha hecho a nivel interno”, explica Evans respecto a la falta de voceros que representen a las mayorías, “pero es el más fuerte que se ha hecho en condiciones externas”. Los garantes del diálogo como Noruega, dice el analista, ya no son tan ingenuos como antes frente a lo que puede hacer Maduro.

“Ya hay una experiencia previa ejecutada, por parte de mediadores como Noruega, en la facilitación de procesos de diálogo al aplicar metodologías de manual cuadradas que no entendían la realidad tan tropical de nuestro país. México, por otro lado, destaca por su política histórica de no injerencia y es reconocido por las dos partes como un escenario propicio para el diálogo. Si ambos aceptaron, es una buena señal”, concluye Evans.

Por otro lado, el recambio en la Casa Blanca también ayudó a propiciar esta nueva ronda de diálogos. Con la disposición de Joe Biden y de la Unión Europea para levantar algunas sanciones, los encuentros podrían ser más productivos que en el pasado. Aun así, el éxito de este encuentro debería medirse en cuántas soluciones se ofrecen para las necesidades más urgentes de los venezolanos, y estas están en sus bolsillos.

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