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Brasil alza la voz en la ONU

La presidenta de Brasil propuso regular internet para evitar una práctica que considera una “violación de la soberanía y de los derechos humanos”.

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Beatriz Miranda Cortés
24 de septiembre de 2013 - 10:00 p. m.
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, dijo que el espionaje de EE.UU. era un “quiebre del derecho internacional”. / AFP
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, dijo que el espionaje de EE.UU. era un “quiebre del derecho internacional”. / AFP
Foto: EFE - Andrew Burton
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La presidenta Dilma Rousseff llegó a la 68ª Asamblea General de la ONU pocos días después de haber cancelado su visita de Estado a Washington y en medio del debate por las armas químicas en Siria y el triste atentado en Kenia. En su pronunciamiento instó a los países miembros a evitar la derrota colectiva que representaría llegar a 2015 sin un Consejo de Seguridad capaz de ejercer plenamente sus responsabilidades en el mundo de hoy, a emprender una acción coordinada para reducir el desempleo y a retomar el dinamismo del comercio internacional, y reiteró que en Siria no debe haber una salida militar.

Desde la 4ª Asamblea General de la ONU, Brasil ha sido el primer país en ocupar la tribuna del debate general. Esa tradición se inició en 1949, en función del clima de confrontación que todavía hoy existe. El objetivo de esa práctica era evitar que el privilegio de abrir las sesiones le fuera concedido a Estados Unidos o Rusia. Actualmente Brasil, primer país en adherir a la Organización de las Naciones Unidas, sigue luchando para disminuir el déficit de representatividad de los países en desarrollo en esa organización y cree ser un representante legítimo y un potencial candidato al Consejo de Seguridad de la ONU.

Ante los 193 representantes de los países miembros, la presidenta Dilma Rousseff demostró una vez más por qué en 2011 fue la primera mujer en abrir el debate general de la ONU. Segura, audaz y en un lenguaje propio de las verdaderas diplomacias afirmó “defender de forma firme el derecho a la privacidad de los individuos y la soberanía de su país”. La mandataria dijo que “las tecnologías de telecomunicación e información no pueden ser el nuevo campo de batalla entre los estados. Este es el momento de crear condiciones para evitar que el espacio cibernético sea instrumentalizado como arma de guerra”.

Finalmente, la diplomacia del gobierno de Dilma Rousseff, bajo los principios consagrados de la política exterior brasileña, se hace sentir. Durante los últimos años, a pesar de éxitos diplomáticos como la elección del embajador Azevedo como director general de la OMC, parecía que ese gobierno no tenía como prioridad una actuación externa compatible con la internacionalización del país. Se veía un Brasil reflexivo, pausado, que perdía espacio y liderazgo, que priorizó durante casi todo el tiempo el complejo contexto doméstico.

En una democracia caracterizada por un alto componente de concertación política, éste fue el instrumento que la presidenta Rousseff encontró para conciliar los intereses de aliados y opositores en un momento de pérdida de legitimidad de su partido y ante la encrucijada provocada por la desaceleración del crecimiento derivada de la crisis de la economía mundial, a pesar de los avances significativos en términos de inclusión social y madurez democrática expresada por miles de ciudadanos que transformaron durante días el espacio público en el escenario para reivindicaciones, las cuales, según la presidenta, están siendo atendidas por “salidas republicanas y democráticas”.

Ad portas de las elecciones de 2015, la política exterior brasileña retoma su rumbo. Para unos es una estrategia electoral, para otros algo necesario. En su discurso, Rousseff, aunque no lo hubiera planeado, habló por el mundo que no se siente representado por un Consejo de Seguridad de la ONU que “hiere el derecho internacional y trata situaciones complejas como si fueran rutinarias”.

A la luz de la opinión pública, Brasil no ha sido, ni antes ni después de la cancelación de la visita de Estado, el candidato de Estados Unidos al Consejo de Seguridad de la ONU. Ojalá la mayoría de los países hoy representados en la 68ª Asamblea para discutir una agenda de desarrollo luego de 2015 puedan ser realmente la voz de la mayoría en pro de la reforma de Naciones Unidas y de un mundo multilateral que permita “crecer, incluir, conservar y proteger”.

 

Por Beatriz Miranda Cortés

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