En una entrevista con emisoras de radio, Vannuchi dijo que, pese a los esfuerzos oficiales, en regiones aisladas del país el trabajo esclavo es una práctica recurrente.
“Los trabajadores son llevados a la región amazónica y son sometidos por empresarios que no los dejan escapar y les quitan hasta la libertad de ir y venir”, declaró el funcionario, quien reconoció que “cabe al Estado acabar con esa vergüenza”.
Además de detener esas prácticas, Vannuchi consideró que es necesaria una acción más profunda y coordinada entre todos los poderes para que haya una mayor prevención, mediante campañas dirigidas a los propios trabajadores, a fin de persuadirles de que “no se dejen engañar con falsas promesas”.
Vannuchi también planteó que las penas contra los empresarios que incurren en ese delito deberían ser más severas, para “acabar con pésimos hacendados” que incluso podrían afectar a la propia economía del país.
Según el secretario de Derechos Humanos, Brasil es una de las potencias agrícolas del mundo, pero “el trabajo esclavo puede llegar a causarle al país una acción de la Organización Mundial de Comercio (OMC), lo que sería un desastre para sus exportaciones”.
El ministerio del Trabajo estima que, desde que Brasil reconoció la existencia de esclavos modernos en su economía en 1995, fueron “liberados” unos 30 mil en varios sectores del campo.
En el primer semestre de 2008 fueron rescatados 2.269, después de que durante todo el año 2007 recuperasen la libertad un total de 5.999 trabajadores.