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Carolina Barco, la ‘lobbysta’ mayor

La embajadora en Washington ha tocado todas las puertas para que se apruebe el TLC.

Vanessa de la Torre / Washington

16 de septiembre de 2008 - 05:12 p. m.
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Cuando la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, hoy en día la mujer más poderosa del país, decidió mandar al congelador indefinidamente el Tratado de Libre Comercio, llamó directamente a la embajadora colombiana Carolina Barco para dejarle claro que su trabajo no tenía nada que ver con la decisión tomada y que, al contrario, era merecedor de un gran reconocimiento. “Espero que entienda que esto no tiene nada que ver con usted”, le dijo el 14 de abril de este año.

La situación interna de Colombia, con el escándalo de la  parapolítica haciendo eco en la prensa de Estados Unidos, los cerca de mil trescientos líderes sindicales asesinados en la última década –según cifras de  la Organización Internacional de Trabajo–, el narcotráfico, la corrupción y la falta de garantías en la protección del medio ambiente eran, en aquel momento, las principales razones que argumentaba Pelosi para oponerse al TLC.

Desde que fue nombrada Embajadora en Washington, Carolina Barco se pasa los días en el Congreso contestando preguntas, dando explicaciones y haciéndole el quite a la lluvia de críticas sobre una Colombia que no son pocos los argumentos que ofrece para ser duramente cuestionada. Ha convencido a decenas de políticos estadounidenses de que conozcan nuestro país. Desde que está al frente de la Embajada, varias delegaciones –conformadas por senadores, representantes e importantes figuras de la Administración Bush– han conocido Medellín, Cartagena y hasta Popayán. Fue gracias a sus gestiones que la Secretaria de Estado, Condoleeza Rice, conoció Bogotá.

Aunque la suerte del TLC, al menos por ahora sigue incierta, ella es, sin duda, la Embajadora más exitosa del gobierno Uribe. Así lo reconocen analistas, diplomáticos e importantes políticos estadounidenses.

“Se ha trabajado con dedicación, seriedad y compromiso. Eso nos ha permitido presentar un país transformado, una Colombia con razones para estar optimista, que tiene retos y que está comprometida para seguir mejorando”, afirmó con esa modestia que la caracteriza a El Espectador.

Madruga, trata de caminar una hora al día, come liviano en las noches, revisa los detalles de la residencia que en Washington se conoce como “La Casa de las Flores”, gracias a que los floricultores colombianos encuentran allí una vitrina excepcional. Detrás de la seriedad que transmite, hay una mujer alegre y risueña, amante del cine, la ópera y en general, las múltiples oportunidades culturales que ofrece la capital estadounidense.

Pero su prudencia y calidad humana le han traído problemas. Como cuando permitió que parte del equipo que trabajaba con su antecesor, el ex presidente Andrés Pastrana, continuara en la Embajada. La filtración de información y los continuos roces le provocaron varios dolores de cabeza.


A pesar de estas dificultades, pocos la han visto molesta o decaída, aun cuando en el esplendor de sus ojos azules se esconde la frustración de no ver aún aprobado el proyecto que se le ha convertido en una obsesión al Gobierno colombiano y, por consiguiente, a ella. Y aunque su trabajo es incansable, nada en el panorama político estadounidense actual parece estar a favor del Tratado de Libre Comercio.

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Por un lado, ya los demócratas dejaron claro que aunque es evidente que la situación interna de Colombia ha mejorado notablemente con el presidente Uribe y las críticas de antes ya no son tan estrepitosas, le están cobrando a Bush los años en que los republicanos los ignoraron y, entre otras, negociaron, firmaron y hasta aprobaron algunos acuerdos comerciales sin su aval.

“El presidente Bush manejó por años una política partidista y negoció acuerdos con el gobierno de Colombia sin informar al Congreso de los procesos”, aseguró a El Espectador el representante Javier Becerra, asistente y mano derecha de Nancy Pelosi. “El TLC será difícil este año”, recalcó y explicó que además de las ganas de sacarse el clavo con Bush, en la agenda de su partido para lo que queda de este año hay otras prioridades como el presupuesto del año fiscal 2009 que empieza el 1° de octubre y las dificultades que se enfrentan en Irak, Pakistán y Afganistán.

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Por otro lado, estamos en un año electoral y aunque el candidato demócrata Barack Obama no ha sido tan radical como lo fue Hillary Clinton en oponerse al Tratado, ni es tan dadivoso como el republicano John McCain en apoyarlo, por ahora no le conviene hacerle guiños a Colombia. Si así lo hiciera, la AFLCIO –la organización sindical obrera más grande de Estados Unidos, histórica aportante del partido demócrata y opositora del TLC– le quitaría el respaldo al candidato justo cuando más lo necesita para llegar a la Casa Blanca.

Carolina Barco tiene claro que este momento político no es el más favorable para los intereses de nuestro país. “La discusión sobre los beneficios de los tratados este año también se ha visto inmersa en las discusiones propias de un año político”, argumentó a El Espectador.

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Sin embargo, ella sigue dando las respuestas que le piden. “Cada congresista tiene preocupaciones e inquietudes acerca de los tratados en general, en relación con su estado o distrito en particular y sobre Colombia. Producimos información por sectores, por estados y/o por distritos, y por temas para mostrar las ventajas del Tratado”, expresó.


Todos los lunes se reúne con su equipo de trabajo para coordinar lo que harán en la semana. Permanentemente hay visitas de ministros y otros funcionarios y ella es esencial en la coordinación de sus agendas y generalmente los acompaña a sus citas.

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Ahora vienen días complejos. Esta semana pasarán por Washington los ministros de Comercio, Industria y Turismo, Luis Guillermo Plata, y de Relaciones Exteriores, Jaime Bermúdez, en su primer viaje oficial a la capital de Estados Unidos. Y el sábado estará el presidente Uribe en la Casa Blanca junto a su homólogo George W. Bush. Todos con el mismo objetivo: buscar que el Congreso vote el TLC y en el peor de los casos que las preferencias arancelarias, que se vencen el 31 de diciembre, sean extendidas.

Pero en momentos en que Bush es el mandatario más desprestigiado de los últimos tiempos y ni siquiera estuvo presente en la Convención de su partido –según expertos porque prefieren mostrarlo alejado del candidato John McCain– la visita de Uribe no parece ser muy pertinente, menos si lo que está buscando es que los enemigos de su homólogo estadounidense aprueben el TLC.

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“La visita del Presidente tiene un objetivo amplio, relacionado con nuestra relación de amistad, cooperación y comercio con Estados Unidos”, explicó al respecto Carolina Barco. “La reunión con el presidente Bush representa una oportunidad para revisar una agenda de trabajo que abarca temas de comercio, cooperación, ciencia y tecnología, educación y Plan Colombia, todos ellos asuntos de gran significado y que exigen atención”, agregó.

El Presidente se reunirá con empresarios, miembros de centros de pensamiento, representantes de la comunidad colombiana y representantes de la prensa, entre otros. Estará además con Keith Stansell, Marc Gonsalves y Thomas Howes, quienes fueron rescatados por el Ejército Nacional el pasado 2 de julio. Luego viajará a Nueva York a la Asamblea General de las Naciones Unidas.

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Y entonces, cuando esta marea haya bajado, la Embajadora de ojos azules seguirá tocando las puertas del Congreso en Washington, aún sabiendo que todas están concentradas en las históricas elecciones presidenciales de noviembre, con la esperanza de que antes de que termine el año su incansable trabajo se haya convertido en un sí para el TLC.

Por Vanessa de la Torre / Washington

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