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Hace 20 años la vida de 2.996 familias cambió para siempre. En ese momento tal vez no lo entendíamos como lo hacemos hoy, pero es una realidad que no podemos ocultar. Con apenas cinco años perdí a mi tío, Carlos Alberto Montoya, o Beto, como lo conocíamos todos en la familia, en los ataques terroristas más grandes que ha visto el mundo. Iba en el vuelo 11 de American Airlines que impactó contra la Torre Norte en Manhattan. Perder a un familiar siempre será complicado, pero cuando es un hecho que te lo han recordado todos los 11 de septiembre durante 20 años es aún más difícil.
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Tío Beto, en 20 años han pasado tantas cosas, que muchas son difíciles de recordar. Nacieron Checho, Popi, Cata y Juan Fer. El abuelito y Raiza fueron a hacerte compañía allá arriba. Llegaron Flora, Roko y Frida para darnos amor como solo una mascota puede hacer. Vimos campeón de Liga a Millonarios dos veces y tus 49ers llegaron a dos Super Bowls, aunque los perdieron. Mao y yo nos graduamos del colegio y la universidad. Tus tres hermanos han tenido una carrera profesional maravillosa. La Nana ha viajado, conocido el mundo, hecho clases de lo habido y por haber, y nos sigue uniendo como siempre.
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El recuerdo de “Beto”, 20 años después del ataque a las torres gemelas | 11s
En la casa de todos está tu foto. Siempre con esa sonrisa y esa alegría que te caracterizaba. Cuando te fuiste yo solo tenía cinco años y mis recuerdos de ti son pocos. Sin embargo, cada vez que tu nombre sale a relucir en las reuniones familiares, mi imagen de ti se hace cada vez más nítida con las anécdotas que cuentan. “Era nuestro hermano-papá”, “siempre que venía a Colombia pedía mondongo y jugo de lulo o unos frijolitos”, “era súper coqueto”, “jugaba muy bien fútbol”, “era zurdo de pie y derecho de mano, así como tú”. Miles de frases podría poner aquí, pero la visión que todos tenemos de ti es de un hombre feliz, entregado a su familia y eso se demuestra en cada una de las reuniones familiares.
Las anécdotas de tus fiestas antes de salir para el aeropuerto cuando volvías a Estados Unidos siempre serán de mis favoritas. Cuando tenías 18 años y te llevaste a tus tres hermanos al Club Militar de Melgar el día que mi abuelito y abuelita se fueron para Europa, también es mundial. Para un niño de cinco años el tío que vivía afuera era sinónimo de los mejores regalos de Navidad y los dulces más espectaculares, pero la mejor historia fue la de un Año Nuevo. Estábamos todos en la finca de mis abuelos paternos y en esa época, con completa irresponsabilidad, quemábamos el año viejo lleno de pólvora. Ahí metíamos esas cosas que ya no queríamos y tu esposa Stacey salió corriendo con unos calzoncillos viejos que tenías. Todos se murieron de la risa ante esa escena. Finalmente ardieron en llamas.
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“Beto era un convencido de que la vida había que vivirla al máximo porque decía que nunca sabía cuándo le podía tocar la muerte”. Y mira cuánta razón tenías… Muchas veces las personas que tienen ese estilo de vida son vistas como arriesgadas y hasta locas, pero tú nos enseñaste que no es así. Te lanzaste de paracaídas, volaste, te fuiste un fin de semana a Venecia desde Los Ángeles para aprovechar unos descuentos. Disfrutaste de tu vida al máximo y aunque ya no estás con nosotros físicamente, siempre lo estás en estas historias y en tu forma de vivir la vida. Te amamos y nunca te vamos a olvidar.
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