Hugo Chávez está nervioso. Y las elecciones a gobernaciones, alcaldías y legislaturas estatales, que se celebran este domingo en Venezuela, nos dirán si tenía motivo. Aparentemente, no le faltan. Lo que la oposición, quizá demasiado golosamente, llama la cuesta abajo, habría comenzado el 2 de diciembre pasado con el referendo para reformar la Constitución, en el que no sólo perdió, sino que así fue por la ‘defección’ de una masa apreciable de chavistas, que se oponían a la idea de que el líder pudiera ser reelegido indefinidamente.
Y algo parecido ocurre con el crudo. El precio del barril que en julio estaba a 126 dólares, apenas llegaba a 50 esta semana, y como dice el gran biógrafo —independiente— de Chávez, Alberto Barrera, “el petróleo es el socialismo del siglo XXI”, constante mantra del presidente. El diario británico Financial Times escribía que con el crudo por debajo de los 75 dólares, no tenía para seguir financiando la revolución universal; y el semanario The Economist ajustaba aún más el cálculo: por debajo de los 60 dólares no podía sostener el ritmo de importaciones —alimentos y armamentos— con que da de comer y armar su régimen dizque revolucionario.
El líder bolivariano replica que la revolución está consolidada, y que el presupuesto para 2009 se basa en el barril a 60 dólares. Pero ello no impide que la falta de largueza exterior pueda ser grave. El Institute for Global Economic Growth, norteamericano, estima que Chávez ha entregado a fondo perdido unos 33.000 millones de dólares a socios, corifeos y colaboradores, y muchos de los que ahora hacen como que lo quieren, lo verán de una forma mucho más realista si comparece con los bolsillos vacíos.
A fin de los años 90, Venezuela producía alrededor de 3,5 millones de barriles diarios, pero el envejecimiento de los equipos, la ineficiencia de muchas explotaciones con la consiguiente falta de inversión, hacen que la cifra real no sea de más de 2,4 millones y probablemente bajando, aunque Caracas insista en que bombea 3,4 millones.
De ese volumen, 700.000 barriles son para consumo interior, en los que Pdvsa, la compañía estatal, no obtiene beneficio alguno porque vende la gasolina a precio de coste, y nadie ha olvidado el ‘Caracazo’ de 1989, que, con cientos de muertos en una rebelión popular, marcó el comienzo del fin para la presidencia de Carlos Andrés Pérez, cuando se le ocurrió a éste encarecer el combustible; 100.000 más son para Cuba, de nuevo a precio de coste y pagado con la presencia de miles de médicos cubanos que han hecho realidad una modesta pero auténtica seguridad social; otros 200.000 se destinan a países de Centroamérica (Guatemala y Honduras) y del Caribe, a precios muy ventajosos.
Quedan 1’200.000 barriles que se exportan a Estados Unidos, y como debe decirse para sí Chávez, pese a toda la hostilidad con que ornamenta su relación con Washington, ¡que dure! El panorama parece al menos inestable, o ‘volátil’, como escriben los que confunden el petróleo con un ave. Y en la enumeración de sinsabores no ha de faltar la elección del demócrata Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos, porque ser el enemigo de su antecesor, George W. Bush era comodísimo, razón por la que Barrera dice que está ‘viudo de Bush’, pero con el afroamericano la calumnia le va a salir a Chávez bastante más cara.
El domingo se elegirán 23 de las 24 gobernaciones del país, 325 alcaldes y 233 legisladores estatales. La oposición tiene dos, Nueva Esparta y su feudo histórico, Zulia, cuya capital Maracaibo (‘la tierra del sol amada’) es la cuna de la explotación petrolífera nacional, de la que es gobernador Manuel Rosales. A sus 55 años el opaco político zuliano es lo más parecido a un líder nacional, aunque ya fue derrotado por Chávez en las presidenciales de diciembre de 2006 por 60-40, y su imagen política dista mucho de resultar arrebatadora. Rosales aspira a la Alcaldía de Maracaibo, segunda ciudad del país y un bastante anónimo, Pablo Pérez, a sucederle en la gobernación.
Teodoro Petkoff, el ex guerrillero y ex ministro, este domingo sumamente convincente como social demócrata, y que es la caución intelectual e internacional del frente opositor, me decía en septiembre que si aumentaban las gobernaciones ganadas de dos a cuatro, sería un gran éxito. Pero los sondeos de Datanálisis, encuestadora independiente y muy reputada, le hace chiribitas en los ojos a la oposición ampliando esa posibilidad a seis o más estados, entre ellos, Bolívar, Miranda y Carabobo, de los
más importantes del país, y aún hay quien acaricia la esperanza de que caiga Barinas, el terruño de Chávez, donde su padre, Hugo de los Reyes, es el gobernador saliente y su hermano mayor, Adán, opta a sucederle. La aspiración dinástica y el nepotismo puro y duro son muy de la casa.
El nerviosismo chavista no es sólo un estado del alma, sino una permanente desmesura del comportamiento. En los últimos días, el presidente ha acusado a Rosales de conspirar contra su vida; ha amenazado con sacar los tanques a la calle si gana la oposición; y, en líneas generales, ha reiterado el llamamiento que tan mal le sirvió en el referendo de diciembre, afirmando que lo que está en juego en las elecciones es toda su obra, aunque como profilaxis ya procuró que el Tribunal Electoral inhabilitara en su día a unos 250 candidatos —sobre más de 7.000— la gran mayoría de la oposición, y entre ellos el popular Leopoldo López, que se presentaba a la Alcaldía Mayor de Caracas y hasta ahora era alcalde de Chacao, uno de los municipios de la capital.
La coalición Rosales-Petkoff ha logrado, sin embargo, presentar candidaturas unitarias en 19 de las 23 gobernaciones, y 15 de las 19 principales capitales de estado. En las demás, la oposición se ha dividido con dos, como en Caracas, o en algún caso, en tres, pero a ello hay que añadir que en un par de estados hay candidatos del chavismo independiente, lo que hace aún más complejo el vaticinio, porque no está claro hacia dónde tirarían esos disidentes —del partido comunista y de una escisión del partido unificado de Chávez— en caso de ser elegidos.
El historiador mexicano Enrique Krauze acaba de publicar una visión biográfica del líder venezolano (El poder y el delirio), no precisamente favorable, en la que lo caracteriza como un cultor del heroísmo, del hombre providencial a lo Thomas Carlyle, que tiene dudas, no obstante, sobre su propia capacidad de hacer honor al mundo de proezas imaginarias en que habita; en 1992, cuando su golpe de Estado que no salió bien se rindió con relativa facilidad, y más manso todavía fue cuando estuvo 48 horas depuesto en 2002 hasta que lo restableció en el poder el Ejército que lo había destronado. Su justificación, respetable, es que quería evitar el derramamiento de sangre, pero cuesta verlo como un personaje de estatua ecuestre en actitud marcial, como un Dios de la Guerra; lo suyo parece más bien el chascarrillo interminable o la ira jupiterina en televisión.
En unas horas es probable que salgamos de dudas; que sepamos si el inventor del socialismo del siglo XXI ha iniciado su particular descenso a los infiernos, o mantiene en su integridad los objetivos de una revolución que nadie sabe a ciencia cierta en qué consiste. Si la oposición aumenta su cuota de poder habrá hecho bastante más que salvar los muebles; si se mantiene o incluso retrocede, Hugo Chávez Frías clamará victoria. Si sigue de los nervios sabremos por qué.
* Columnista y editorialista del diario El País, de Madrid.
Antología electoral
Catorce elecciones han vivido los venezolanos desde el 6 de diciembre de 1998, cuando Hugo Chávez ganó la Presidencia con el 56,2% de la votación. Un año después la nueva Constitución del país fue aprobada en consulta popular. Los ciudadanos regresarían a las urnas el 30 de julio de 2000 para ratificarlo en el cargo bajo el marco de la nueva Carta Magna, al igual que en 2004 (en un referendo revocatorio) y en las presidenciales de 2006. Sin embargo, estaba cediendo poder: la oposición se apoderó de dos gobernaciones desde 2004, y logró revocar la reforma constitucional de 2007.
“El Corleone de Zulia”
Manuel Rosales(foto) es quizá el opositor de Chávez más conocido en el mundo. En su trayectoria ha sido profesor universitario, alcalde de Maracaibo y gobernador de Zulia en dos ocasiones.
Su enemistad con el mandatario venezolano creció cuando en el golpe de Estado de 2002 firmó, como representante de los gobernadores, el decreto que proclamaba a Pedro Carmona como nuevo presidente.
En los últimos días, Chávez ha acusado a Rosales por enriquecimiento ilícito y negocios con el narcotráfico, llamándolo “el Corleone de Zulia”, en referencia a la película El padrino.