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De acuerdo con un cable del 5 de abril de 2005, publicado por el diario El Universo, la Embajada de Estados Unidos en Quito sospechó que en 2005 el presidente venezolano, Hugo Chávez, buscó desestabilizar el gobierno del ecuatoriano Lucio Gutiérrez, derrocado en abril de ese año, por medio del apoyo a grupos de extrema izquierda en Ecuador con la intención de “desarrollar capacidades de terroristas en Ecuador”.
Para la entonces embajadora de EE.UU., Kristie Kenney, la influencia del mandatario venezolano empezó a aumentar en 2004 gracias al discurso antiimperialista y antinorteamericano del “déspota bolivariano”, que hizo mella en el movimiento indígena y la izquierda tradicional, sumado al “financiamiento y apoyo logístico” a grupos que se oponían a la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos y Ecuador, auspiciado por Gutiérrez.
En el mensaje la diplomática asegura estar al tanto de “crecientes contactos entre el gobierno de Venezuela, cubanos, rebeldes de las colombianas Farc y terroristas locales, así como grupos de extrema izquierda” y señala que “aunque no son un conjunto coherente, la campaña de subversión naciente merece nuestra atención”.
Finalmente, la embajadora Kenney sostiene que su despacho cree que “el gobierno de Venezuela ha financiado entrenamientos guerrilleros para ecuatorianos radicales en Venezuela”. En ese sentido, el mensaje resalta el rol del exministro de Bienestar Social Patricio Acosta, quien estuvo en Caracas en reiteradas oportunidades y ha reconocido de manera pública sus reuniones con las Farc con miras a la campaña presidencial de 2002.