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¿Colombia rechazó apoyo internacional? La polémica con los Topos y la llegada de ayuda

Mientras Colombia avanza en las labores de búsqueda y rescate, la llegada de ayuda extranjera dejó contradicciones entre los gobiernos que ofrecieron asistencia y las autoridades encargadas de coordinarla. Según las nuevas directivas de la UNGRD, hasta ahora se solicita ayuda de acuerdo a la fase de la emergencia.

Hugo Santiago Caro

12 de agosto de 2026 - 03:30 p. m.
Integrantes del cuerpo de Bomberos de Cali rescatan a Diana Troncoso, de 31 años, quien permaneció atrapada entre los escombros de un edificio colapsado en el barrio Torres del Limonar.
Foto: EFE - ERNESTO GUZMÁN JR
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Ya han pasado casi tres días desde el movimiento sísmico de magnitud 7,4 que sacudió Colombia y que, hasta el momento, deja una cifra de muertos que ronda los 200, según los diferentes reportes existentes (Asocapitales, Gobierno nacional, entre otros). Mientras se dimensiona la catástrofe, ha existido polémica y contradicción en torno al ofrecimiento, la llegada y los pedidos de ayuda de diferentes actores internacionales para con las autoridades colombianas.

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Durante todos estos días, el nuevo Ejecutivo ha desplegado toda la capacidad disponible para responder a la catástrofe. Se activó el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo; se desplegaron equipos nacionales; la Presidencia y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) asumieron la coordinación y, para este momento, se llevan a cabo las evaluaciones de daños y las labores de búsqueda y rescate. Al tiempo, Colombia está recibiendo ayuda internacional después del terremoto, pero durante buena parte de las primeras 48 horas los principales mecanismos internacionales de respuesta no habían sido formalmente activados. Durante esas primeras horas, también, gobiernos extranjeros ofrecían rescatistas, algunos equipos esperaban autorización para entrar y otros, como los Topos Azteca de México, llegaron por su propia cuenta y empezaron a trabajar en territorio colombiano.

Es cierto que desde el martes por la noche la Cancillería comenzó a hacer pública la cooperación internacional que se empezó a recibir, como los 22 expertos rescatistas procedentes de Los Ángeles y Virginia que trabajarán en coordinación con los 23 equipos USAR (Búsqueda y Rescate Urbano) disponibles en el país; las 100 toneladas de alimentos y víveres, kits de higiene, medicamentos e insumos médicos que envió El Salvador, o las 19 toneladas de ayuda humanitaria que México envió.

Sin embargo, estos primeros envíos y ofrecimientos de ayuda dejan ver la forma en la que el gobierno de Abelardo de la Espriella está manejando hasta el momento el tema de la ayuda internacional. Cuando se supo que El Salvador había enviado ayuda, fue porque su presidente, Nayib Bukele, publicó que Colombia la pidió. Lo mismo hizo el Departamento de Estado de Estados Unidos, que anunció el envío de rescatistas a pedido del nuevo gobierno. Mientras tanto, el martes en la mañana, la Secretaría de la Defensa de México tenía listo un operativo de ayuda y rescate, pero no había recibido la autorización del gobierno colombiano para enviarlo.

La contradicción es que, mientras algunos gobiernos aseguraban que Colombia les había pedido o aceptado ayuda, otros actores internacionales todavía no tenían claro cómo coordinarla con el Gobierno. El embajador de China en Colombia, Zhu Jingyang, afirmó también el martes en la mañana que desconocía “un enlace oficial para coordinar la asistencia internacional, a favor de los damnificados del terremoto”. Horas después, confirmó que había hablado con el canciller Omar Bula para coordinar.

Bula aseguró este miércoles, desde el Palacio de San Carlos, que no han negado el ingreso de ayuda humanitaria y que están en contacto con todos los países interesados, pues, explicó, no tienen reservas ideológicas. El Espectador contactó para este artículo al canciller y a funcionarios de la UNGRD, pero no recibió respuesta.

El caso de los topos, grupos de rescatistas altamente calificados, causó especial confusión. Los Topos Tlatelolco aseguraron que esperaban autorización del gobierno. Horas después, información que en respeto a la coordinación de Colombia no harían un “despliegue operativo; concentraremos nuestra ayuda en recolectar los insumos humanitarios solicitados”. Más temprano, habían informado que Silvia Ballén, coordinadora nacional de Gestión de Riesgos de Colombia, afirmó que el Gobierno estaba priorizando ayuda de EE. UU., Ecuador y Chile. Así, mientras unos equipos extranjeros ya habían sido aceptados y otros gobiernos anunciaban que Colombia les había pedido ayuda, un grupo de rescatistas mexicanos aseguraba que seguía esperando autorización para siquiera ingresar al país.

Lo mismo: hasta el martes pasado al mediodía, El Espectador pudo verificar que ni OCHA (organismo de las Naciones Unidas encargado de coordinar la respuesta humanitaria internacional) ni la Federación Internacional de la Cruz Roja registraban una solicitud formal del Gobierno colombiano para activar el mecanismo internacional de respuesta. No significa que la ONU o la Cruz Roja estuvieran ausentes. Significa que el mecanismo internacional de coordinación y despliegue no había sido activado formalmente a solicitud de Colombia.

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Tener capacidad no significa tener capacidad suficiente

La discusión sobre la ayuda internacional tiene, sin embargo, un punto de partida que no se puede desconocer: Colombia sí cuenta con una capacidad importante de búsqueda y rescate. El país tiene 23 equipos USAR acreditados por la UNGRD, integrados por cerca de 1.000 rescatistas, y cuenta además con un equipo de élite, el USAR COL-1, que tiene clasificación internacional ante el Grupo Asesor Internacional de Operaciones de Búsqueda y Rescate (INSARAG), adscrito a Naciones Unidas.

Con base en eso, han surgido falsas equivalencias sobre si, basándose en esta experiencia, Colombia necesita o no apoyo de rescatistas extranjeros como los topos. La existencia de esa capacidad no significa que todos esos equipos puedan desplegarse al mismo tiempo, en todos los lugares afectados y durante todo el tiempo que dure la emergencia. En un terremoto que golpeó simultáneamente distintos departamentos y dejó necesidades tanto urbanas como rurales, la discusión pasa también por la disponibilidad efectiva de los equipos, su distribución territorial, los tiempos de traslado y la necesidad de relevar a los rescatistas durante operaciones prolongadas.

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Bajo las normas del sistema internacional de respuesta, Colombia mantiene la responsabilidad y la potestad sobre la emergencia y la asistencia extranjera queda pensada como un complemento de la capacidad nacional, especialmente cuando las necesidades superan los recursos disponibles. Según DavidTamayo, director de la UNGRD, si bien los recursos nacionales no se han agotado, la emergencia está en una fase en la que “estamos empezando a formalizar solicitudes de apoyo” internacional.

“La evolución de los datos nos permite sacar como conclusión que habrá necesidad de tener unos períodos operacionales sucesivos en esta segunda fase que estamos iniciando. En aras de anticipar el agotamiento de nuestros recursos, estamos empezando a formalizar solicitudes de apoyo a equipos de búsqueda y rescate de Estados Unidos, El Salvador, Ecuador e Israel”, afirmó Tamayo en una declaración pública. Explicó que estos equipos deben estar certificados a nivel internacional y ser reconocidos por sus respectivos países.

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En ese sentido, explica a El Espectador Adriana Mangones, magíster en gestión del riesgo de desastres y consultora del Banco Interamericano de Desarrollo, que “los equipos USAR están diseñados para trabajar bajo unas normas y unas restricciones de tiempo. Tienen que cumplir unos periodos obligatorios de descanso, porque el desgaste físico y mental de los rescatistas puede afectar tanto a la persona como a la operación. Por eso, en una emergencia de esta magnitud no basta con tener un determinado número de equipos: se necesitan relevos para mantener la capacidad de respuesta durante varios días”.

Es por esto que, aunque estemos bien dotados, también resulta fundamental el apoyo de grupos como los Topos Azteca, otro grupo de rescatistas mexicanos que, estando en Venezuela desde junio atendiendo la catástrofe humanitaria, vinieron de forma autónoma a Colombia y llegaron, con escala en Panamá, a medianoche de este martes. Hasta la madrugada del miércoles estuvieron trabajando en el rescate en Cali, en coordinación con los equipos locales. La diferencia con los Topos Tlatelolco es que este último grupo definió su estrategia con base en los protocolos internacionales, mientras que los Aztecas reaccionaron de forma autónoma.

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Ahora, mientras pasamos la marca de las 72 horas del terremoto y continúan las labores de búsqueda y rescate, el desafío para el Gobierno no es demostrar que puede responder solo, sino coordinar de manera efectiva todos los recursos disponibles, nacionales e internacionales.

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Por Hugo Santiago Caro

Periodista de la sección Mundo de El Espectador. Actualmente cubre temas internacionales, con especial atención a derechos humanos, migración y política exterior.@HugoCaroJhcaro@elespectador.com
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