Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

Colombia y los 100 primeros días del gobierno Biden

La preocupación por la violación a los derechos humanos y la implementación del Acuerdo de Paz son los cambios más notorios en la agenda binacional, aunque esto no implica un viraje drástico en los planes de ambos países.

Sandra Borda G.*

26 de abril de 2021 - 09:00 p. m.
Joe Biden cumplirá sus primeros 100 días como presidente de EE. UU. el 30 de abril.
Foto: Afp
PUBLICIDAD

El cambio más notorio en la agenda binacional durante los primeros 100 días de Joe Biden en el poder probablemente tiene que ver con una renovada preocupación por las violaciones a los derechos humanos y la implementación del Acuerdo de Paz entre el Gobierno colombiano y el exgrupo insurgente Farc. Sin embargo, ello no necesariamente implica un viraje radical de la agenda bilateral. Temas como la crisis venezolana y el tráfico ilegal de drogas ilícitas continúan siendo preocupaciones centrales de Washington, aunque abordadas de formas diferentes.

Le puede interesar: Biden y sus primeros 100 días en la Casa Blanca, ¿qué piensan los estadounidenses?

En lo referente a la forma de la política exterior, Biden retornará a los conductos regulares y los canales diplomáticos tradicionales, y a una forma de insertarse en el sistema internacional mucho más institucionalizada que la de la pasada administración Trump. Desde ya es posible ver que el gobierno demócrata es más amigo de la construcción de liderazgo y de la negociación internacional y mucho menos proclive al uso de las amenazas explícitas y los regaños públicos. El proceso de toma de decisiones ha retornado a los expertos y a los diplomáticos, y hay un menor grado de politización e ideologización de la política exterior.

Justamente por esta razón, Washington ha enviado el mensaje de que el nuevo gobierno Biden no ejercerá ningún tipo de retaliación en respuesta a la arriesgada apuesta del Centro Democrático en favor de Trump en las pasadas elecciones presidenciales. Pero hasta este momento, Duque es uno de los pocos mandatarios latinoamericanos que aún no ha hablado directamente con el nuevo presidente en Estados Unidos y el distanciamiento diplomático entre ambas naciones cada vez parece más inevitable.

El 5 de abril del presente año, el secretario de Estado, Antony Blinken, tuvo una conversación telefónica con el presidente Duque. Es elocuente que el primer contacto oficial del nuevo gobierno en EE. UU. con el Gobierno colombiano hubiese versado principalmente sobre la implementación del proceso de paz, sobre el cambio climático, la protección a los derechos humanos y la recuperación regional frente a la pandemia. Días atrás, la cuenta de Twitter de la Embajada de EE. UU. en Colombia había declarado que la prioridad del nuevo gobierno en el escenario de la relación bilateral sería la implementación del proceso de paz y la lucha contra el COVID-19. Todo parece indicar que la priorización del tema de la paz y la protección a los derechos humanos es algo que no dialoga directamente ni se articula fácilmente con los intereses prioritarios actuales del Gobierno colombiano.

Read more!

Le puede interesar: Biden, crisis climática y retos nacionales

Pero a pesar de estos cambios en el tono y la forma de la conversación entre ambos países, es muy posible que el ritmo y la naturaleza de la ayuda de EE. UU. a Colombia no se transforme fundamentalmente. No está en el interés de EE. UU. reducir el monto de ayuda para la guerra contra las drogas y para la implementación del proceso de paz. En el ámbito de la gestión regional de la crisis venezolana, se han observado cambios en la estrategia estadounidense, que a su vez implicarán cambios en el papel que pueda eventualmente cumplir Colombia.

Read more!

Para empezar, el papel de EE. UU. en la resolución de la crisis venezolana pasa por varios escenarios, y uno de los más importantes es la reactivación y la normalización de los vínculos con Cuba. En la misma dirección que tomó la política exterior de Obama, los asesores de la campaña de Joe Biden anunciaron un “descongelamiento” de las relaciones con la isla, una eliminación de las restricciones que reimpuso Trump y el inicio de un restablecimiento de su presencia diplomática. Parte de la dificultad para iniciar estos cambios se encuentra en la forma que adoptó la campaña electoral en Florida y el daño que hizo entre la comunidad de votantes hispanos en ese y otros estados, la estrategia de Trump de asociar a Biden con el “castrochavismo” y el socialismo. Es posible que Biden esté dándole un compás de espera a la estrategia para lograr que se desvanezcan las narrativas republicanas que intentaron presentarlo como simpatizante ideológico de los regímenes autoritarios en Cuba y Venezuela. De hecho, Juan González del National Security Council, ha dicho recientemente que es difícil esperar una política hacia Cuba parecida o igual a la que se tuvo durante la administración Obama, en la medida en que se ha cerrado mucho el espacio político para una transformación de ese talante.

Con la normalización de la relación con Cuba, Estados Unidos lograría aproximarse a la resolución de la crisis venezolana de forma más constructiva. En este, como en otros campos de la política exterior de este país, el primer paso debe ser revertir el legado de la administración Trump. El esquema de las sanciones no parece haber funcionado bien. Tal como lo sugirió Juan Cruz, “hemos sancionado todo en Venezuela con la excepción del oxígeno y el sol. Si pudiéramos encontrar una forma de sancionar esos recursos, también lo haríamos”.

Le puede interesar: Presidente Duque se comparó con Biden para justificar reforma tributaria

No ad for you

Pero a pesar del duro régimen de sanciones, no se ha logrado una transición hacia la democracia en Venezuela. La apuesta del nuevo gobierno Biden será la de trabajar con los aliados regionales para presionar a Maduro a que se comprometa a llevar a cabo unas elecciones libres y justas y establecer negociaciones con el régimen en el momento en que eso ocurra. El gobierno estadounidense ha dejado claro que el interlocutor para una eventual transición de parte de la oposición es Guaidó y ha enviado el mensaje de que su papel será el de acompañante y no propiciador de estas conversaciones.

La nueva política hacia Venezuela será más pragmática y contemplará la posibilidad de que EE. UU. se sume a los esfuerzos en curso para promover negociaciones serias. Sin embargo, hasta que el gobierno Maduro no envíe mensajes concretos sobre la seriedad de sus intenciones negociadoras, es muy posible que el gobierno Biden mantenga el status quo.

El Gobierno colombiano ha demostrado tener una política hacia la crisis en el vecino país altamente ideologizada y que no dialoga bien con el pragmatismo de Biden en este tema. La llave Trump/Duque y el fracaso de la estrategia del “cerco diplomático” dejó a Colombia aislada y con una posición rígida en contra de una negociación para procurar una transición en Venezuela. El Grupo de Lima -en donde Colombia ejercía algo de liderazgo- se desvaneció y hoy pareciese como si cualquier esfuerzo internacional por promover una solución pactada a la crisis tuviese que pasar por la ausencia y no por la presencia del Gobierno colombiano. Sería muy anómalo que la solución al problema venezolano no incorporase a su vecino más importante y al país que ha recibido la mayor cantidad de migrantes.

No ad for you

En el tema de la guerra contra las drogas los cambios no son tan sustanciales y más bien se vaticina una continuidad importante, muy propia de la inercia con la que se hace política alrededor de este tema a nivel federal en EE. UU. El reporte de la Comisión del Hemisferio Occidental para la Política Antidrogas, elaborado por expertos bipartidistas entre quienes se encuentran varios funcionarios de la administración Biden, ha sido percibido por analistas como el lugar donde se pueden encontrar las señales más claras de lo que será la política antidrogas de la actual administración. En el caso de Colombia, el informe declara que el Plan Colombia ha funcionado como estrategia antiinsurgente, pero no como estrategia antinarcóticos, y no deja de ser llamativo que a pesar de declarar la guerra contra las drogas un fracaso, no proponga cambios sustanciales frente a dicha estrategia.

El reporte cuestiona varias dimensiones de la estrategia de Washington. Sugiere, por ejemplo, que el proceso de toma de decisiones debe ser más horizontal, más negociado y menos impuesto si no se quiere terminar produciendo un resultado adverso en el plano de las relaciones continentales. Por esa razón, propone eliminar la certificación unilateral estadounidense que califica el desempeño de los países del hemisferio en la lucha contra las drogas. Adicionalmente, también sugiere implementar una política antidrogas dialogada y concertada con las comunidades en la medida en que observa que la estrategia ha puesto al estado en contra de sus ciudadanos y ha contribuido a restarle legitimidad y a debilitarlo.

No ad for you

Finalmente, la administración Biden aún no ha anunciado su posición frente al uso de la aspersión aérea de glifosato. Sin embargo, el reporte en cuestión subraya los costos inmensos de la aspersión aérea sobre comunidades en donde se cultiva coca, sobre el medioambiente y la seguridad alimentaria y la discordia social que su uso genera. El reporte señala que la aspersión aérea erosiona la legitimidad del Estado, en la medida en que los campesinos solo se encuentran con el Estado en la forma de “un avión rociando herbicida”, y ello es problema ante la ausencia de servicios básicos como infraestructura vial, policía, educación, salud o desarrollo. A juzgar por la dura crítica del informe a la política de la aspersión aérea, es posible que la administración Biden no ejerza presión para regresar a su uso. Sin embargo, el continuo aumento de los cultivos ilícitos en Colombia puede contribuir a que sea otro el resultado.

Finalmente, es preciso explicar que la llegada de potencias extrarregionales ha alterado la dinámica de relacionamiento entre Washington y Bogotá. Para mencionar solo un dato que da cuenta de este cambio: en Colombia, China se ha convertido en el principal expendedor de vacunas en contra del COVID-19. Si bien EE. UU. ha contribuido con ventiladores y UCI, la cooperación china en materia de vacunas ha logrado más visibilidad. Adicionalmente, el papel que China y Rusia han cumplido en favor de la estabilidad del régimen venezolano, hoy los convierte en actores claves que deben ser parte del proceso de negociación para producir una transición en ese país. La pérdida de momentum de la relación entre Colombia y Estados Unidos solo juega en favor de la triple alianza Beijing-Moscú-Caracas. Estados Unidos seguramente buscará encontrar formas de regresar a su papel de líder regional en esta crisis acompañado de aliados menos inhabilitados por sus posiciones pasadas que Colombia.

No ad for you

*Profesora Asociada del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Los Andes

*Esta publicación es posible gracias al apoyo de la fundación alemana Friedrich-Ebert-Stiftung (FES) en Colombia.

Por Sandra Borda G.*

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.