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Colombia y Perú, dos caras de una división que está redibujando fuerzas en América Latina

Los comicios en estos dos países andinos muestran distintas formas en las que la polarización se está manifestando. Aparte de la elección de sus respectivos jefes de Estado, también terminarán por ratificar o no un patrón que se está dando con las tendencias políticas de la región.

María José Noriega Ramírez

07 de junio de 2026 - 09:00 a. m.
Este mes de junio, Perú y Colombia definen quiénes serán sus nuevos jefes de Estado entre candidatos que representan los extremos. Roberto Sánchez se enfrenta con Keiko Fujimori, mientras que Abelardo de la Espriella lo hace con Iván Cepeda.
Foto: Agencia EFE y Gustavo Torrijos
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Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, el fujimorismo contra el antifujimorismo. Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, el petrismo contra el antipetrismo. Perú y Colombia se juegan una segunda vuelta presidencial y, aunque con diferencias, muestran algo en común: la polarización marca el pulso de la cita en las urnas, con electores que no se ven representados en ninguno de los extremos. Lima votará por un nuevo presidente este domingo 7 de junio, con una candidata que aspira nuevamente a llegar a la Casa de Pizarro, enfrentándose con un defensor de Pedro Castillo. Bogotá hará lo mismo en poco menos de 20 días, con un hombre que se muestra como “outsider” para llegar al Palacio de Nariño tras la disputa por la Presidencia con el candidato del oficialismo. Latinoamérica, que recientemente ha visto cómo han ascendido liderazgos de derecha en países que hasta hace poco eran gobernados por la izquierda, como sucedió en Argentina y Chile, vive este año unos comicios que podrían confirmar (o no) dicho patrón, con Brasil también de fondo.

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El margen es estrecho. Fujimori, heredera del poder de su padre, logró obtener el respaldo del 17,92 % de los votantes en abril, mientras que Sánchez alcanzó el 12,03 % de los sufragios. Ella, que aspira por cuarta vez a ser presidenta y no ha reconocido los resultados de los últimos dos comicios, recientemente recibió el apoyo de 14 expresidentes, entre ellos el colombiano Iván Duque y el argentino Mauricio Macri. En el cierre de su campaña dijo que su eventual gobierno tendrá un carácter técnico y que durará cinco años. Su contrincante, por su lado, prometió indultar a Castillo (a quien considera víctima de persecución política), así como otorgar pensiones y bonos. Lo respaldan un exministro, un exfiscal, un exembajador, entre otros.

Ese patrón ya es conocido entre los peruanos, advirtió José Ragas, profesor del Instituto de Historia de la Universidad Católica de Chile: “Hay dos candidatos con porcentajes similares y propuestas distintas, sin olvidar que hay personas que votarán neutro o no lo harán. Es una polarización que repite algo conocido: el fujimorismo contra el antifujimorismo”. Eso, en un contexto en el que los dos polos apenas lograron sumar alrededor del 18 % de los apoyos dentro de todo el censo electoral, lo que pone en el centro de la discusión la representación que emerge de unos comicios así.

Carlos Ugo Santander, en un artículo que escribió para Latinoamérica/21, lo expresó de esta manera: “El escenario actual no se encamina como normalmente ocurriría en otros contextos o elecciones, donde las preferencias terminan concentrándose claramente entre dos candidaturas. Al contrario, el bolsón de indecisos prácticamente se ha multiplicado”. Eso, según él, se explica por la poca estrategia de comunicación de ambas candidaturas, pero también por la desconfianza, algo que terminó de tomar fuerza con la narrativa de fraude que impulsó el excandidato Rafael López Aliaga, sin presentar pruebas. Por eso el llamado ha sido el de salir a votar, sobre todo si se tiene en cuenta que en la segunda vuelta de las elecciones de 2021 Fujimori fue superada por Castillo con 44.263 votos. Ese es un escenario bastante familiar para el votante peruano promedio, porque las elecciones se han definido con un estrecho margen y a través de un balotaje desde el retorno a la democracia.

Traducida en otros espacios de poder, como en el Congreso, que en la última década ha destituido a cuatro presidentes y ha censurado a 10 ministros, la división también se ve en el hecho de que el fujimorismo ha sido la bancada más influyente en los últimos años, y el resultado más reciente lo posicionó, una vez más, como la principal fuerza política del país (22 senadores y 39 diputados) y como un actor con capacidad de inclinar la balanza de la gobernabilidad. En cambio Sánchez, el heredero político de Pedro Castillo, logró una bancada de 14 senadores y 32 diputados. “Una de las razones que algunos señalan para no votar por Fujimori es que ella ya tiene el control del Congreso y eso haría difícil, casi imposible, sacarla del poder si se queda más de cinco años”, expresó Ragas: “En cambio, en el caso de Sánchez, él tendría que negociar con muchas fuerzas políticas, en caso de querer hacer una medida antidemocrática. Eso traería un balance de poderes más equitativo”.

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Colombia, en vilo ante la segunda vuelta presidencial

Es una realidad que aquí también hay una sensación de polarización, porque el país está dividido entre izquierda y derecha, pero eso tiene que ver con el momento electoral y con las propias dinámicas que generan los comicios presidenciales, los resultados de la primera vuelta y el hecho de que haya una segunda. Así lo expresó Andrés Dávila Ladrón de Guevara, profesor titular del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Javeriana: “Ahí, en un escenario que ya tiene incertidumbre, ansiedad y miedo, además de ser competitivo, la polarización se ha potenciado. Ahora bien, eso es coyuntural y la sociedad colombiana no está polarizada en su conjunto. Se polariza ahora y con respecto a temas álgidos, pero el sistema político está fragmentado, y eso fue algo de lo que quedó de marzo, con la diferencia de que ese fue un voto con lógica partidista. El de ahora es diferente”.

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Carlos Enrique Arévalo Narváez, decano de la Facultad de Estudios Jurídicos, Políticos e Internacionales de la Universidad de la Sabana, planteó algo similar: “Inicialmente, no es fácil reconocer una polarización, pues hay muchos espectros, y eso se evidenció en las elecciones de Congreso”. Ahora, en medio de las presidenciales, se ve un gobierno petrista con una oposición a esa administración petrista, como hace unos años se tuvo un gobierno uribista con una oposición a esa administración uribista, y es ahí donde las fuerzas están divididas. En medio de ello, Abelardo de la Espriella, que obtuvo 10.366.143 votos, combinó dos cosas: elementos de la sensación antigobierno y el descontento frente a la clase política, diciendo que no se relaciona con los de siempre, aunque, si bien es su primera participación en la arena electoral, él no ha sido ajeno al poder. Cepeda, por su parte, logró 9.703.921 sufragios tras los comicios del domingo y cuenta con el respaldo del Pacto Histórico como la mayor fuerza en el Congreso de cara a los próximos cuatro años, a pesar de que no cumplió su meta de obtener la victoria el 31 de mayo.

Ahora bien, el presidente que llegue se encontrará frente a un Legislativo con el cual tendrá que negociar, y eso es algo bueno para una democracia que quiere mantener sus instituciones y su balance de poder, añadió Arévalo Narváez: “Que el Congreso cumpla con su función, que las cortes sean independientes y que haya un gobierno que ejecute es importante”, sobre todo ante los riesgos de que haya una cooptación de la Corte Constitucional con la elección de magistrados más afines a un proyecto político y de lo que pase con la política monetaria colombiana si se nombran miembros del Banco de la República alineados con la postura del Ejecutivo.

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Latinoamérica, en clave electoral

Pero este año no son solo Perú y Colombia los países que atraviesan unas complejas elecciones. En octubre, Brasil irá a las urnas para elegir a un nuevo presidente, en medio de una contienda que enfrenta al mandatario Luiz Inácio Lula da Silva con Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente que fue condenado por un intento de golpe de Estado. Entonces, lo que suceda en estos tres puntos de la región resultará también en una decisión frente al balance en Latinoamérica entre gobiernos de izquierda y de extrema derecha, con los primeros disminuyendo y los segundos avanzando.

Lo que se está viendo es una cierta reconfiguración del mapa de la región, sobre todo en el sur del continente con los casos de Argentina, Chile, Ecuador y Bolivia, en momentos en los cuales generar continuidades parece ser más difícil, sobre todo a la luz de esos cambios políticos tan drásticos que se están dando. La polarización en América Latina se traduce, entonces, en la incapacidad de construir políticas estables que lleven a potencializarla. Lo que se espera es que haya una mayor maduración institucional y que la oscilación pendular entre extremos pueda cambiar en algún momento a favor de decisiones que vayan más allá de los gobiernos de turno.

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