
Sugey Amaya, de 29 años, ha dedicado su vida a los presos de El Salvador.
Foto: Fred Ramos para The New York Times
Sugey Amaya pasa la mayor parte de sus noches afuera de un cine que ha sido convertido en un centro de detención para personas que entran o salen del saturado sistema penitenciario de El Salvador.
Mientras su madre cuida de sus hijos, ella espera a que los reclusos salgan del centro penitenciario, situado a las afueras de San Salvador, la capital.
Amaya, de 29 años, se ha convertido en una figura habitual en el centro, conocido como El Penalito, donde recoge a hombres a quienes no se les permite marcharse a menos que alguien vaya a buscarlos.
Como...
Por Fred Ramos y Annie Correal | The New York Times
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