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De guardaespaldas a figura clave del poder: el ascenso de Raúl Rodríguez Castro

El enviado de la familia Castro, quien ha mantenido conversaciones con el gobierno de Trump, fue mencionado en su momento en un caso contra una red de contrabando cubana.

David C. Adams y Frances Robles | The New York Times

12 de agosto de 2026 - 07:00 a. m.
Carlos Fernández de Cossío, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, en el museo de Fidel Castro en La Habana el 30 de junio de 2026. Fernández de Cossío calificó de “calumnias” las acusaciones contra Raúl G. Rodríguez Castro relacionadas con una red de contrabando.
Foto: NYT - LISETTE POOLE GONZALEZ
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Hace una década, Raúl Castro estaba en una visita de Estado oficial en París como presidente de Cuba cuando un guardaespaldas fornido que iba con él llamó la atención.

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El hombre se mantenía tan cerca de Castro cuando caminaban por la alfombra roja en el Palacio del Elíseo que un miembro de la guardia de honor francesa intentó jalarlo hacia atrás.

Incluso François Hollande, presidente de Francia en ese momento, le hizo una seña para que retrocediera.

El escolta de seguridad que no dejaba de colarse en las fotos oficiales era nada menos que el nieto de Castro, Raúl G. Rodríguez Castro, coronel del Ministerio del Interior.

Ahora, este guardaespaldas que antes era prácticamente desconocido se ha convertido en una figura clave en las negociaciones de Cuba con Estados Unidos, a pesar de que nunca ha ocupado un cargo público. Su nombre incluso ha surgido como alguien a quien el gobierno de Donald Trump podría considerar aceptable para ser el próximo líder de Cuba.

“Él ejemplifica cómo opera ese gobierno”, dijo Tim Rieser, asesor de política exterior del exsenador Patrick Leahy, un demócrata por Vermont, quien se reunió con Rodríguez Castro varias veces. “Es bastante como un negocio familiar y, por tanto, alguien a quien nos describieron hace una década como el guardaespaldas del presidente Castro se ha convertido, por la razón que sea, y por los medios que sean, en mucho más que eso”.

Pero Rodríguez Castro, quien se ha reunido con algunas de las figuras de más alto rango del gobierno de Trump, también podría haber utilizado su considerable influencia para proteger una operación de contrabando a gran escala que sacaba personas de Cuba e introducía mercancías ilícitas en el país, según entrevistas y expedientes judiciales.

Rodríguez Castro, de 42 años, fue acusado de ayudar a introducir al país mercancías compradas con tarjetas de crédito robadas, de recibir artículos de lujo como sobornos y de permitir que delincuentes buscados por la justicia circularan libremente por la isla, según muestran las entrevistas y los expedientes judiciales.

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La trama fue objeto de una investigación federal que culminó con la condena de por lo menos 21 personas y sentencias de décadas de prisión. Rodríguez Castro no ha sido acusado.

Este artículo se fundamenta en documentos judiciales y entrevistas con casi una docena de personas que conocen personalmente a Rodríguez Castro —entre ellas, una allegada a las negociaciones con Estados Unidos— o que están al tanto de la investigación penal en la que surgió su nombre.

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Rodríguez Castro no respondió a las solicitudes de entrevista enviadas a través de canales diplomáticos formales así como de un conocido en común. Un funcionario cubano de alto rango calificó las acusaciones de calumniosas.

El papel destacado de Rodríguez Castro en las conversaciones con el gobierno de Trump pareció sorprender algunos funcionarios cubanos que lo veían simplemente como un cuidador de su abuelo.

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Aun así, un funcionario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba se pronunció el mes pasado en las redes sociales para señalar que Rodríguez Castro había sido objeto de campañas de “asesinatos de reputación” en los medios de comunicación estadounidenses, cuyo objetivo era hacer parecer que el gobierno cubano estaba dividido.

Mientras ayuda al gobierno de Cuba en su intento por sobrevivir y sortear su enfrentamiento con Estados Unidos, quienes han hablado con Rodríguez Castro dicen que él no ha ocultado su máxima ambición de ser el próximo presidente de su país, aunque no está claro si tiene el apoyo interno necesario para lograrlo.

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Los contrabandistas cubanos

La red de tráfico de personas era conocida como la “Mafia cubana en Quintana Roo”; su nombre provenía del estado del sureste de México donde estaba radicada.

La red utilizaba embarcaciones robadas en Florida para sacar clandestinamente de Cuba a personas que querían llegar a Estados Unidos, según el Departamento de Justicia e integrantes de la banda criminal que cooperaron con los fiscales.

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Los migrantes cubanos eran trasladados a México, donde los retenían en casas de seguridad hasta que pagaban las cuotas de contrabando, y eran torturados si no lo hacían, según testimonios en la corte.

Dos acusados en el caso implicaron a Rodríguez Castro como colaborador de la organización, según expedientes judiciales y entrevistas con varias personas familiarizadas con la investigación. Ambos acusados se declararon culpables y fueron condenados a largas penas de prisión por su participación en la trama.

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Rodríguez Castro organizaba el paso seguro del grupo hacia y desde Cuba, según declaró un líder del grupo a los fiscales estadounidenses, dijeron varias personas familiarizadas con el caso. El nombre de Rodríguez Castro surgió en un caso del Departamento de Justicia de Estados Unidos en 2020 contra el grupo, según la evidencia recopilada por los fiscales y una de las personas familiarizadas con la investigación.

Las personas que conocen a Rodríguez Castro hablaron bajo condición de anonimato para preservar sus relaciones con funcionarios del gobierno cubano, y aquellas familiarizadas con el caso penal lo hicieron para poder discutir asuntos legales delicados que no estaban autorizadas a revelar.

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No está claro si Rodríguez Castro es objeto de la investigación que está en curso. El Departamento de Justicia se negó a hacer comentarios.

La red de contrabando robaba embarcaciones del sur de Florida para sobornar a funcionarios extranjeros, según una declaración de admisión presentada ante un tribunal federal como parte de una declaración de culpabilidad firmada por un acusado llamado José Miguel González Vidal, quien fue condenado a 25 años de prisión.

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La declaración no menciona a Rodríguez Castro.

Sin embargo, González Vidal y otro acusado declararon a las autoridades estadounidenses que Rodríguez Castro se encontraba entre los funcionarios extranjeros que recibieron una embarcación robada, según muestran los expedientes judiciales.

El tema también se discutió abiertamente en audiencia pública.

Durante un juicio celebrado en septiembre de 2023 en Miami, un abogado defensor le preguntó a un testigo colaborador sobre una reunión en la que este les había dicho a los fiscales que González Vidal y Rodríguez Castro habían hablado de enviarle una embarcación a Cuba. El testigo colaborador, Reynaldo Crespo Márquez, cumple una condena de 20 años de prisión por su participación en la operación de tráfico de personas.

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González Vidal dijo que los hombres que traficaban con migrantes y mercancías sobornaban a Rodríguez Castro para mantener alejadas a la guardia costera y a la aduana de Cuba, según afirmaron tres de las personas.

A cambio de permitir que la mercancía que la red de contrabando compraba en México con tarjetas de crédito robadas pasara por la aduana cubana, Rodríguez Castro recibió una lancha de alto rendimiento Fountain 38 y varios otros obsequios, entre ellos un reloj Rolex, una motocicleta Suzuki y ropa de Louis Vuitton, afirmó González Vidal.

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Los productos se vendían posteriormente en tiendas del gobierno cubano, dijo.

El testimonio de González Vidal fue respaldado por mensajes de texto y de voz que el FBI extrajo de los celulares de los integrantes de la red de contrabando, dijeron las personas familiarizadas con el caso.

El abogado de González Vidal, Juan D. Berrios, se negó a hacer comentarios.

Rodríguez Castro, en una entrevista reciente con USA Today —que algunos críticos consideraron como una forma de autopromoción—, afirmó que no poseía riqueza propia. Según él, “amigos adinerados y admiradores” le habían pagado la ropa de moda, los autos extranjeros de lujo y los costosos viajes al extranjero.

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Una acusación calumniosa

El viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos R. Fernández de Cossío, en una entrevista con The New York Times en La Habana, calificó de “calumnias” las acusaciones contra Rodríguez Castro relacionadas con la red de contrabando.

Dijo que, durante varios años, en el marco de las conversaciones sobre migración con Estados Unidos, los funcionarios cubanos habían planteado en repetidas ocasiones su preocupación por el contrabando generalizado de cubanos a través de Centroamérica y México.

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No recibieron respuesta alguna, dijo.

“Les alertamos. Reunión tras reunión: ‘¿Han tomado medidas? ¿Qué han hecho?’”, dijo Fernández de Cossío. “No me cabe la menor duda de que hay organizaciones en México, en Centroamérica y en otras partes de América Latina, en las que participan cubanos que se han estado enriqueciendo y han tenido un negocio de contrabando de extranjeros hacia Estados Unidos”.

“Pero les puedo asegurar”, agregó, “que no hay ningún vínculo con el gobierno cubano”.

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El Departamento de Estado no respondió a una solicitud de comentarios.

Un estadounidense cercano a las conversaciones entre Estados Unidos y Cuba dijo que, a pesar de las acusaciones de contrabando, se consideraba que Rodríguez Castro era un representante adecuado para interactuar con el gobierno de Trump debido a que su afición por los bienes materiales sugería que estaba abierto a las ideas capitalistas.

Rodríguez Castro no se disculpa por su estilo de vida.

“Me duele mucho que las personas no puedan vivir como yo”, declaró Rodríguez Castro a USA Today. “Pero me levanto todos los días para revertir esa situación”.

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Un niño estrella de la élite cubana

Rodríguez Castro es hijo de la hija mayor de Raúl Castro, Déborah Castro Espín, y del difunto general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, una figura poderosa que ayudó a establecer el conglomerado militar cubano, conocido como GAESA, que administra gran parte de la maltrecha economía de Cuba.

Sus padres tuvieron un matrimonio conflictivo, por lo que Rodríguez Castro, también conocido como Raulito, pasó gran parte de su juventud en la casa de sus abuelos, según contaron varias personas que lo conocieron en esa época. Su apodo, por el que se le conoce comúnmente, es el Cangrejo, y se lo pusieron porque nació con un dedo de más en una mano.

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A pesar de sus raíces revolucionarias, proviene de una familia de clase alta: su abuela era una heredera de la fortuna del ron Bacardi. Le gustaban los deportes extremos, la música con letras atrevidas y era menos refinado que otros miembros de la élite revolucionaria cubana.

Estudió economía en la Universidad de La Habana, donde se le reconoció el mérito de haber viajado con su abuelo, según contó Juan Juan Almeida, el hijo exiliado de un héroe de la revolución cubana de 1959 que mantuvo una estrecha relación con la familia Castro durante muchos años.

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Describió a Rodríguez Castro como una persona cariñosa y amigable.

“Es más conocido fuera de Cuba que dentro”, dijo. “Cangrejo y todos los Castro saben que su poder solo durará hasta el día en que muera su abuelo”.

Rodríguez Castro, a quien a menudo se le fotografía con ropa de diseñador costosa, fue muy conocido durante su juventud por aparecer en videos divirtiéndose en conciertos, pasando el rato con el dúo de reguetón Gente de Zona y en lanchas.

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Un miembro de la familia comentó que a veces recorría La Habana en uno de los BMW de su abuelo, lo que molestaba a algunos que consideraban que eso proyectaba una mala imagen en un país donde la gente sufre grave escasez de alimentos, medicamentos y electricidad.

Rodríguez Castro ha gozado de un acceso extraordinario, asistiendo prácticamente a todas las reuniones de su abuelo, entre ellas con el difunto papa Francisco.

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Tras desempeñarse como guardaespaldas, pasó a ser más bien un asistente personal de Castro, de 95 años, quien fue vicepresidente durante décadas y asumió la presidencia en 2006 cuando su hermano Fidel cayó enfermo. Aunque ya no ocupa ningún cargo oficial en el gobierno, Castro es ampliamente considerado la persona más poderosa de Cuba.

Después de que Cuba inició este año reuniones secretas con Estados Unidos con el objetivo de poner fin a las sanciones impuestas por el gobierno de Trump, Rodríguez Castro se reunió por separado con el director de la CIA, John Rattcliffe, y con el secretario de Estado, Marco Rubio. (La CIA ha creado de manera encubierta un grupo especial como parte de la campaña de Estados Unidos para presionar a Cuba a fin de que realice cambios políticos, económicos y de liderazgo, según informó The New York Times).

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Arturo López-Levy, investigador asociado de la Universidad de Denver y primo segundo de Rodríguez Castro, dijo que gran parte de las críticas hacia su pariente se basan en videos de comportamientos alborotadores que circularon hace más de una década.

No ha hablado con su primo desde hace unos siete u ocho años, dijo, pero su imagen pública parece haber cambiado considerablemente.

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“La relación con su abuelo ha pasado de ser la de un joven bastante inmaduro a la de alguien con conocimientos políticos y vínculos con su abuelo, no solo para la protección de su vida, sino también en el ámbito político”, dijo López-Levy, exanalista del Ministerio del Interior de Cuba. “No se ha quedado afuera; ha estado presente en todas las reuniones”.

Colaboraron con la reportería David Ovalle y Jack Nicas. Seamus Hughes y Kirsten Noyes colaboraron con investigación.

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