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De Jalisco al Catatumbo: las redes del CJNG que llegan hasta Colombia y están en suspenso

La sucesión en el cartel tras la muerte del Mencho no se limita a México: compromete una red de alianzas con el Clan del Golfo en Colombia, pandillas ecuatorianas y múltiples economías ilegales.

Hugo Santiago Caro

24 de febrero de 2026 - 06:00 p. m.
Se observa a miembros del ejército a bordo de camionetas junto a un automóvil incendiado utilizado para bloquear carreteras mientras el capo de la droga mexicano "El Mencho"
Foto: AFP - ULISES RUIZ
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Son días claves en México tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, líder del cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las organizaciones criminales más poderosas del país y que ahora se enfrenta a la incertidumbre de la sucesión en el liderazgo y la organización de los múltiples negocios ilegales en los que se desenvuelve en toda Latinoamérica. Su arquitectura llega hasta Colombia y Ecuador, y tiene nexos con distintas problemáticas criminales en toda la región.

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No es solo el cambio de dominio o de un patrón. Por la manera en que se articula el CJNG, se trata de una red llena de eslabones, acuerdos comerciales y todo un sistema de economía criminal que ahora queda con varios interrogantes por la forma en que el cartel suplirá la cabeza vacante. Según explicó a El Espectador Héctor Escamilla, periodista mexicano radicado en Guadalajara, Jalisco, el CJNG creció no solo por violencia o dominio, sino por su estructura y la forma en que descentralizó todas sus operaciones. Llegó a ser un cartel que no necesitaba ejecutar todos los delitos en los que se involucraba, sino que se organizaba de tal forma que lograba monetizar y fortalecer cada una de estas operaciones.

“El cártel Jalisco lo que hacía era que, en cada localidad, en cada municipio de Jalisco, instalaba una cabecilla y, en caso de que fuera eliminada, había otro grupo que de inmediato tomaba esa posición dentro de la estructura. Es una estructura que les permitió no solamente abarcar actividades de narcotráfico, sino también hacerse cargo de otras actividades criminales, lo que los fortaleció”, cuenta. De cierta forma, si identificaban a un grupo dedicado a la piratería de productos o a la extorsión, no los desplazaban ni se apoderaban de su operación; más bien, explica, les “cobraban piso” y así integraban esta nueva industria a su operación criminal.

En el caso concreto de Colombia, es una lógica que se expandió hasta la región del Catatumbo, que hace poco más de un año vive una de sus guerras más cruentas con actores como las disidencias de las FARC, el ELN y el Clan del Golfo. Particularmente con esta organización es que el CJNG ha tenido estrechos negocios documentados. “Esas redes, en este momento, según nuestras fuentes, están aprovechando la fragmentación de los grupos para mejorar la negociación de la compra de clorhidrato. Eso ha permitido una disminución de precios para ellos, así como una exigencia mucho mayor en materia de calidad. Hemos evidenciado, en algunos productores y en las entrevistas realizadas, que los están obligando a utilizar más permanganato para mejorar la calidad del producto. De esta manera, la relación es cada vez más simbiótica, más clara y juega un papel fundamental en la red criminal internacional”, cuenta Javier Flores, director de conflicto y seguridad de la Fundación Ideas para la Paz.

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Añade incluso el dato de cómo, gracias a la asociación entre el Clan del Golfo y el CJNG, casi 5.000 hombres reforzaron a esta estructura criminal en Colombia. “La gran mayoría de ellos asociados fundamentalmente a vigías o a puntos de control, es decir, redes de apoyo no armadas, pero que cumplen un papel fundamental en el control del territorio”, continúa. No se trata de un dominio mexicano en el Catatumbo ni de un control absoluto; es una articulación mediante intermediarios, una integración comercial criminal. Además, es un fenómeno que llega incluso a abarcar otros tres países en Sudamérica. Con la presencia en el Catatumbo y debido a la porosidad fronteriza, sin duda hay influencia sobre los grupos al margen de la ley que también operan en Venezuela. Asimismo, su presencia en Ecuador llega a ser mucho más transversal, teniendo en cuenta sus tratos con las pandillas de ese país, que no solo se localizan en puntos focalizados como es el caso del Catatumbo y Colombia, sino que constituyen una problemática de nivel nacional.

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“En Colombia tenemos grupos fragmentados, pero finalmente grupos armados que controlan ciertas áreas y con los cuales negocian estas organizaciones. En Ecuador hay una presencia no directa, pero sí más fuerte de estos carteles. La fragmentación es una realidad que estamos viviendo en toda la región. Eso no va a cambiar en el corto plazo, y este tipo de disputas de carteles que ya venían consolidándose muy probablemente puede generar efectos importantes en países de tránsito o en países productores como Colombia”, explica Flores, quien reconoce, sin embargo, que es mayor la influencia de las facciones del cartel de Sinaloa que del cartel de Jalisco.

Trata de personas, secuestro y extorsión: todas son economías ligadas al CJNG que ahora quedarán en disputa tras la muerte del Mencho. En particular, la trata es una de las economías más explotadas y con redes que afectan a Colombia, no solo con fines sexuales, como se ha documentado, sino también con fines delictivos, una modalidad que, en un inicio, quedó fuera del Protocolo de Palermo sobre la trata de personas del año 2000. Uno de los casos más reconocidos es el de Iván Cano, ingeniero de sistemas colombiano que viajó hasta Guadalajara en 2025 después de presuntamente ser reclutado por una empresa mexicana que, estando allí, resultó ser el CJNG, que pretendía que actuara como un “hacker” a su servicio. Para fines de 2025, la Guardia Nacional mexicana irrumpió en un rancho en Michoacán donde lo encontraron secuestrado después de dos semanas de torturas. Sin embarg,o en lugar de liberarlo lo apresaron por porte de armas exclusivas de las Fuerzas Armadas mexicanas. En este momento sigue preso debido a vacíos legales que impiden que se esclarezca que es un caso de trata con fines delictivos.

Lo que hoy entra en disputa no es únicamente una sucesión interna en México, sino acuerdos, rutas, precios, calidades de la droga y formas de explotación criminal que impactan territorios tan distantes como el Catatumbo o las cárceles ecuatorianas. En esa lógica, más que el fin de un capo, lo que se observa es la continuidad de un sistema regional donde el crimen organizado, fragmentado pero adaptable, sigue encontrando en la economía ilegal su principal motor de expansión.

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Por Hugo Santiago Caro

Periodista de la sección Mundo de El Espectador. Actualmente cubre temas internacionales, con especial atención a derechos humanos, migración y política exterior.@HugoCaroJhcaro@elespectador.com
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