3 Apr 2020 - 2:00 p. m.

¿De Rusia con amor? El dilema de la ayuda como instrumento geopolítico

Paralelo a la emergencia por el coronavirus se libra un duelo por mostrar quién es el verdadero líder mundial. En medio de la pelea se han usado las ayudas como un instrumento de propaganda, según expertos.

Camilo Gómez @camilogomez8

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, asiste a una reunión con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante la cumbre del G20 en Osaka el 28 de junio de 2019. / AFP
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, asiste a una reunión con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante la cumbre del G20 en Osaka el 28 de junio de 2019. / AFP

El miércoles, al caer el sol, un avión de transporte militar ruso aterrizó en el aeropuerto John F. Kennedy de Nueva york, Estados Unidos. Estaba cargado con ayuda humanitaria para socorrer a los ciudadanos de este estado, el nuevo epicentro mundial de la pandemia del nuevo coronavirus. Este fue sin duda un suceso inusual debido a la historia entre los dos países y, sobre todo, al cambio de roles en la mesa.

La historia nos ha mostrado que es Estados Unidos el que hace las donaciones por lo general, no el que las acepta. Hace solo 30 años cuando la Unión Soviética se hundía fueron ellos, los estadounidenses, quienes salieron el rescate haciendo eco en todo el mundo de su victoria sobre un modelo económico antagónico al capitalismo. Por esto, la escena del avión tomó a muchos en el país por sorpresa y no se salvó de entrar en un mar de discusiones.

Para muchos este fue un acto de solidaridad de parte de los rusos necesario para mostrar que el mundo debe trabajar en equipo. Solo que no lo fue. Estados Unidos pagó por los suministros que viajaban en el avión, según informó CNN. Morgan Ortagus, portavoz del Departamento de Estado de EE. UU., señaló que esta había sido una “muy buena oferta” y que el gobierno apreciaba que Rusia le vendiera “artículos por debajo del valor del mercado”, dentro de los que se encuentran equipos de protección personal y los muy necesitados ventiladores para socorrer a los pacientes en los desbordados hospitales.

Para otros, como el exdiplomático estadounidense Brett McGurk, esto no fue nada más que una “bonanza de propaganda” para Rusia.

“Nada que ver aquí. Solo un avión militar ruso aterrizando en el JFK con 60 toneladas de suministros médicos para apoyar la respuesta #COVID19 de Estados Unidos. Una bonanza de propaganda mientras nuestro propio gobierno se encoge del papel de liderazgo de Estados Unidos en una crisis global”, expresó McGurk en Twitter.

El gobierno del presidente ruso Vladimir Putin supo cómo manejar los hilos de este episodio y lo promovió como un “gesto humanitario”. Basta con mirar cómo lo anunció el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, quien en una conferencia dijo que el presidente Donald Trump “aceptó con gratitud esta ayuda humanitaria”. Fue un golpe positivo para las relaciones públicas de Moscú.

Graham Brookie, director y editor del Laboratorio de Investigación Forense Digital del Consejo Atlántico, destaca que este no es el único episodio con el que Rusia busca o ha buscado una propaganda positiva para su país y un mensaje de “estamos aquí para ayudar”.

“Los rusos volarán tantos aviones como sea posible para crear la percepción de que dependemos de Rusia. Si seguimos aceptándolo, esto nos hace parecer débiles y a ellos los hace ver fuertes”, destaca Brookie, consultado por CNN.

Sus palabras resumen la batalla paralela que están jugando varios gobiernos del mundo en medio de la bautizada “guerra contra el coronavirus”. Un duelo a nivel geopolítico por el poder y el liderazgo de las relaciones diplomáticas del cual somos testigos. En televisión vemos a Trump refiriéndose a la pandemia como el “virus chino”, mientras que Beijing impulsa la teoría de que el COVID-19 nació en los laboratorios del ejército estadounidense. Estos gobiernos se preocupan por cómo su respuesta a la crisis es percibida tanto a nivel local como internacional. Al igual que lo hace Putin.

“Al principio, parecía un golpe maestro típicamente putinesco de las relaciones públicas: Rusia, una vez que recibió ayuda de Estados Unidos después del colapso de la Unión Soviética, ahora venía en ayuda de la nación más rica del mundo”, comentó Nathan Hodge, analista de CNN.

Rusia también ha utilizado sus recursos para enviar ayuda a Italia, otro preocupante foco del virus. Pero esto no es gratis. Con su auxilio casi inmediato a los italianos, Putin está exponiendo el fracaso de la Unión Europea para proporcionar ayuda rápida a uno de sus miembros durante la crisis y sacando jugo de ello.

“Por supuesto, ahora hay una crisis de solidaridad ampliamente percibida entre Italia y otros estados miembros de la UE. Muchos estados miembros se sienten frágiles y solos en esta crisis, no solo por su falta de máscaras o ventiladores a corto plazo, sino también por su sensación de que las duras medidas de austeridad de la última década podrían haber privado de recursos a los sistemas de salud del sur de Europa de los recursos que necesitan. Una crisis como esta Independientemente de si esto es cierto, tal percepción socava la solidaridad europea”, destaca Nicu Popescu director del programa de Europa más amplia en el European Council on Foreign Relations.

En medio de la incertidumbre es el Kremlin el que celebra. A Putin le sirve la publicidad no solo en el extranjero, sino también en los sectores más nacionalistas a nivel local. Aunque, por otro lado, también le genera críticas en su país. La Alianza de Doctores de Rusia, por ejemplo, reprochó la “fanfarria” con la que se manejó el asunto mientras la pandemia también es una amenaza para la nación.

“Siempre hay críticas de esta naturaleza, pero al mismo tiempo la cooperación internacional en la lucha contra el coronavirus es una medida muy importante de las actividades de cualquier país. Ningún país puede luchar eficazmente contra el virus solo sin la cooperación internacional”, defendió Peskov.

Sin duda la pandemia ha mostrado que la cooperación internacional es fundamental, como las instituciones y la experiencia. También ha revelado lo desastrosos que pueden llegar a ser los gobiernos populistas en el manejo de crisis. El problema es cuando los intereses personales se disfrazan de “trabajo en equipo” o de muestras de “solidaridad”.

Beijing es el otro gobierno que ha intentado capitalizar y reclamar un liderazgo mundial en la lucha contra el coronavirus, siendo el país donde surgió el primer brote. China puso en marcha su maquinaria propagandística mientras Trump no daba, y no da por ahora, muestras de interés en construir una cooperación global como sí lo hizo Estados Unidos en otros momentos de la historia reciente, tales como la crisis económica de 20o8 o la llamada lucha contra el terrorismo de 2001.

China entró no solo a ayudar a Italia cuando la UE hizo oídos sordos a sus solicitudes urgentes de ventiladores y máscaras, sino que lo mostró al mundo. En internet circularon videos de italianos alabando a China por su generosidad, aunque una vez más estas no fueron acciones altruistas.

Los suministros chinos fueron enviados por acuerdo entre la Cruz Roja de China e Italia, y este último se encargó de pagarlos. Varios gobiernos estaban compitiendo por ese equipo médico, pero finalmente llegó a Italia debido a los acercamientos bilaterales entre las dos naciones en el último año.

El gobierno de Beijing también corrió a suministrarle equipos a Serbia, un país candidato a pertenecer al bloque europeo, mientras sus vecinos cerraron sus fronteras y detuvieron las exportaciones para centrarse en resolver sus problemas individuales. Esto llevó a que el presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, anunciara que su país “ahora mira a China”. “Todas mis esperanzas personales están enfocadas allí y a su presidente”, sentenció.

Esta “gira diplomática” de China, como destaca Ramesh Thakur, director del Centro para No Proliferación y el Desarme Nuclear de la Escuela Crawford, será aún más notable en los países en desarrollo, donde la pobreza es un condicional preocupante para enfrentar la crisis y donde se esperan mayores costos humanos y económicos una vez pase la etapa más devastadora de la pandemia. El gobierno chino ha enviado ayuda a países de Asia, Oriente Medio y África, algunas veces haciendo eco de sus labores, pero de fondo explotando el vacío que dejaron otros líderes mundiales.

“En una demostración convincente de las consecuencias de la desmoronada arquitectura del orden mundial, la interrupción de Trump del orden comercial global hizo que, en consecuencia, fuera más difícil organizar una respuesta coordinada a la pandemia o proporcionar el liderazgo mundial requerido. En medio de los posibles destrozos de las principales economías occidentales bajo bloqueos prolongados, los mercados de capitales de China siguen siendo fuertes y lejos de temer un mundo desacoplado, China puede establecer los términos en los que se implementa”, destaca Thakur.

Al igual que Rusia, las misiones aparentemente generosas de Beijing despertaron críticas crudas de Occidente. Una ministra francesa criticó que estos dos países explotaron propagandísticamente la ayuda que aportan a otros durante la crisis sanitaria de la COVID-19.

“La solidaridad no se instrumentaliza”, reprochó la secretaria de Estado francesa para Asuntos Europeos, Amélie de Montchalin en la radioemisora France Inter. “A veces es más simple hacer propaganda, unas imágenes bonitas y, a veces, instrumentalizar lo que pasa… están haciendo una puesta en escena”, subrayó.

A lo largo de la historia, las guerras han configurado el orden internacional aumentando o disminuyendo el poder de algunas naciones. Es cierto que llevamos pocas semanas en la crisis y es muy pronto para ofrecer interpretaciones de cómo se va configurando el mapa geopolítico con la pandemia. Pero ya hay algunas muestras interesantes sobre los efectos de esta en las relaciones diplomáticas.

Cabe aclarar que el futuro es impredecible. El escritor Martín Caparrós se preguntaba esta semana cómo será el mundo cuando regresemos a la normalidad. Daniel Drezner, profesor de política internacional en la Universidad de Tufts, se preguntó en cambio qué pasaría si no cambia nada, una encrucijada que coincide más con el panorama que pinta Popescu, quien asumen que es poco probable que después de esta crisis veamos un mundo más cooperativo.

“Es probable que ni China ni Rusia reduzcan drásticamente el gasto militar, abandonen sus políticas exteriores asertivas o reviertan sus operaciones de propaganda cada vez más caras para canalizar más dinero hacia la atención médica. Los líderes de los regímenes corruptos y autocráticos en la UE no decidirán robar menos (para financiar mejor la atención médica) o ser más democráticos. Las guerras en Siria, Libia y Ucrania pueden haber desaparecido de las noticias, pero no han desaparecido de la realidad”, concluye Popescu con crudeza.

Lo que sí es claro, remata el experto, es que lo que está sucediendo es un desafío para la geopolítica a gran escala. Quién gana y quién pierde con todo esto todavía es una pregunta abierta. La pelea está en marcha.

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