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Después de un pacto con Irán

La República Islámica recuperaría su liderazgo regional y podría convertirse en el nuevo aliado clave de Estados Unidos en la lucha contra el Estado Islámico, para arreglar la situación en Siria y, claro, Irak.

Angélica Lagos Camargo

31 de marzo de 2015 - 10:40 p. m.
El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Mohamad Javad Zarif, es quien ha estado al frente de las negociaciones. / AFP
Foto: EFE - BRENDAN SMIALOWSKI / POOL
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Lo que está en juego en la mesa de diálogo entre Irán y los países del G5+1 (EE.UU., Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania) es más que un acuerdo nuclear. Es un delicado balance de fuerzas e intereses del que depende la estabilidad de Oriente Medio. Las alianzas en la región se reorganizan, pues con la irrupción de nuevos actores como el Estado Islámico en el escenario, los cálculos han cambiado: el enemigo de ayer podría convertirse en el aliado de mañana, dicta la nueva dinámica.
 
Si bien es cierto que el objetivo primario de los diálogos  es garantizar que Irán desmantele su actual programa nuclear a cambio de un levantamiento de las sanciones internacionales que asfixian su economía desde hace años, lo que sigue a partir de ahora es lo que genera desconfianzas y tensiones en la zona. Los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), conformado por Arabia Saudita, Kuwait, Bahréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Omán, ven a Irán como un rival que con este acuerdo se está creciendo. Teherán apoya a las fuerzas gubernamentales en Irak y Siria (en ambos casos chiíes), y se le vincula con los rebeldes yemeníes (hutíes) que han desalojado del poder al Gobierno apoyado por el CCG y EE.UU. De hecho, la decisión de Arabia de bombardear Yemen, explican analistas, está directamente relacionada con el acuerdo nuclear de Suiza, que acabaría con 35 años de aislamiento del régimen de Teherán. 
 
Para calmar los ánimos, el secretario de estado norteamericano, John Kerry, ha sido claro. Ha afirmado que las negociaciones nucleares con Irán no van a traducirse en un “gran pacto” que suponga cerrar los ojos a las acciones desestabilizadoras de ese país en la región. Y ha garantizado que “no cambiará nada al día siguiente de este acuerdo con respecto al resto de los asuntos”.
 
Además destaca avances: Irán ha frenado su programa nuclear, ha dado marcha atrás por primera vez en una década en su avance hacia la obtención de plutonio de grado militar, ha diluido o reconvertido todas sus existencias de uranio enriquecido por encima del 20%, ha congelado  trabajos en la planta de Arak y ha permitido el acceso diario a sus instalaciones de inspectores del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA).
 
¿Qué va a cambiar con el pacto político? Javier Ceballos, politólogo español, dice que lo primero es la percepción de Irán en la comunidad internacional. “Ya no será visto como una amenaza nuclear y eso a nivel de imagen y psicológico es bien importante”, dice. No sólo eso, podrá abrirse a inversiones extranjeras, particularmente en el tema del petróleo. Irán tiene unas instalaciones muy viejas que le impiden explotar sus reservas —las cuartas más grandes—. El acuerdo le permite acceder a tecnología y negocios, además de miles de productos que las sanciones no le permitía tener.
 
Para la mayoría de los iraníes, un acuerdo con las potencias occidentales que elimine las sanciones que lastran la economía de su país significará una bocanada de aire fresco y la apertura de nuevas oportunidades. En primer lugar, lo que más desean es la reincorporación de su país al sistema internacional de pagos bancarios, del que están excluidos, lo que permitirá a los iraníes y a las empresas locales poder enviar y recibir dinero del exterior o comprar con tarjetas de crédito, entre otras cosas. Además, tanto los ciudadanos como el Gobierno prevén que sin sanciones, las inversiones extranjeras fluirán de nuevo en el país, impulsando el empleo y mejorando la maltrecha situación económica. Comienza el desbloqueo de activos iraníes por valor de US$700 millones.
 
Irán podría regresar a la escena internacional con lo negociado en Suiza. Empujado por la irrupción del Estado Islámico que controla parte de Siria e Irak, Estados Unidos debió cambiar su estrategia. Mientras que en la Guerra Fría sus aliados eran Arabia Saudita e Israel, hoy necesita acercarse a Irán y Turquía, explican analistas De una u otra forma, Teherán comparte hoy intereses estratégicos con Washington que pasan por la estabilidad en Irak y Afganistán, su oposición a los movimientos yihadistas extremistas, el fin de la guerra en Siria, hasta el problema palestino, Líbano y Yemen. La tensión podría reducirse a partir de ahora, aunque para que eso suceda, Irán deberá despejar las nubes negras que se posan sobre sus intenciones.
 
Sanciones: el principal obstáculo
 
Cómo y cuándo levantar las sanciones que pesan sobre Irán, y qué hacer con el uranio enriquecido iraní son dos de los principales escollos en la negociación entre Irán y el P5+1.   Los iraníes quieren que el levantamiento de las medidas  sea inmediato,  como el resultado más concreto de un eventual acuerdo. Las seis potencias se oponen a esta opción y no sólo expresan que la eliminación debería ser paulatina y gradual, sino debería estar ligada al cumplimiento por parte de Irán del resto de puntos del acuerdo.

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Por Angélica Lagos Camargo

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