El cuerpo de Hugo Chávez descansa en el Cuartel de la Montaña, en el barrio 23 de Enero, en Caracas. Todos los días a las 4:25 p.m., dicen los habitantes, soldados vestidos como húsares de la guerra de la independencia disparan un cañonazo y se hace un cambio de guardia en honor al expresidente que murió el 5 de marzo del año pasado a esa misma hora, dejando en manos de Maduro la continuación del modelo socialista en Venezuela. Los domingos llegan familias con flores y niños disfrazados con boina roja y atuendo militar, para recordar al mítico comandante de la revolución bolivariana.
Andrés Aguilar ha estado varias veces en el Cuartel, pero no le gusta acercarse mucho al féretro. Aguilar fue hacia los años 60 un guerrillero raso del Frente Simón Bolívar, que andaba con un radio transistor al hombro para escuchar La Voz de La Habana y al comandante Fidel Castro. El 4 de febrero de 1992 participó en el golpe de Estado que intentó dar el entonces coronel Chávez contra Carlos Andrés Pérez. Esa aventura golpista fue comandada por el difunto presidente precisamente desde el Cuartel de la Montaña. Ese día, Aguilar sirvió como retaguardia en la toma del aeropuerto militar de La Carlota.
Aguilar duró seis años preso por sus acciones guerrilleras y fue torturado en la cárcel. Hoy este gigante de barbas blancas y 74 años integra el Comando Bolívar Chávez de la Parroquia del 23 de Enero y es una de las cabezas que organizan este barrio conocido como el principal bastión del socialismo en la capital venezolana. Dice que cuando Chávez murió, el pueblo quedó “en un estado de estupor, sin guía. Se nos juntó el amor que sentíamos por él con la impotencia de ya no tenerlo al frente. Sin embargo, nunca dudamos que el camino al socialismo debía continuar”.
En el 23 de Enero, cuenta Aguilar, está la milicia: gente del pueblo que recibe entrenamiento militar y está a disposición las 24 horas del día, vestida de caqui, para resolver cualquier requerimiento del gobierno. También están los guerrilleros veteranos, que cumplen labores pedagógicas de difusión del proyecto socialista. Por ejemplo, Aguilar difunde en la industria petrolera el Plan de la Patria que dejó Chávez.
Además, están varios integrantes de los colectivos, que han saltado a las primeras planas en los últimos días por ser supuestamente facciones violentas al servicio del gobierno y por su presunta responsabilidad en las agresiones con balas reales contra los estudiantes que protestan desde el 12 de febrero. Una de las funciones de Aguilar fue censar a los colectivos y dice que hay más de 30 mil motorizados. “Los colectivos, sin embargo, están satanizados. Si fuera cierto que están armados, no habría ‘guarimba’ —las barricadas con que los opositores mantienen trancadas varias vías de la capital—. Lo que han hecho los colectivos durante y después de Chávez es dar una muestra de disciplina y organización, controlan el orden y la seguridad de manera pacífica. Se agrupan en un frente revolucionario y están en la línea del gobierno”.
Para los transeúntes del 23 de Enero y otros barrios populares de la capital, está claro que el futuro de Venezuela es el socialismo. “Estamos en ese camino aunque sea una transformación dolorosa. A muchos les duele y muchos tienen derecho a disentir, pero el pueblo votó por el socialismo de Chávez y lo reivindicó al elegir a Maduro. ¿Por qué la mayoría quiere ese proyecto? Porque la gente que no tenía nada, que vivía en la miseria, ahora recibe comida, educación, vivienda, salud. Puede que un día no haya pollo, no haya azúcar, pero no se están muriendo de hambre como antes. Además, la oposición ni siquiera viene a los barrios. Esto es un bastión chavista y lo será aún cuando no haya un chavista en Miraflores”.
La carencia de alimentos es evidente en Caracas. En muchos supermercados no hay pollo, leche, azúcar o harina para hacer arepas. Hasta Pdval, la productora y distribuidora de alimentos creada por Chávez y Pdvsa, anunció en los últimos días que los ciudadanos sólo podrán comprar allí una vez por semana. Nadie niega el desabastecimiento en la capital, pero los chavistas tienen sus respuestas: “Una cosa es el mundo en llamas que sale en los medios y otra muy distinta es el mundo real. Si hay carencias no es porque Venezuela está quebrada, es porque las empresas que quieren acabar con el proyecto socialista han acaparado los alimentos”.
¿Y cómo se ve a Maduro al frente del socialismo? Para Aguilar, Maduro ha sabido enfrentar las amenazas del exterior y ha conseguido suplir las necesidades alimenticias mediante acuerdos con gobiernos aliados. “Maduro no tiene la capacidad de Chávez, pero es sagaz. No ha flexibilizado el modelo, lo ha profundizado. Acá, en los barrios, no hay la tal crisis, la gente vive tranquila, todos vamos para el carnaval. Yo me voy a bailar calipso, como todos los años”.
Al otro extremo
La tranquilidad de las comunas chavistas contrasta con la tensión en otros sectores de Caracas. Desde el 12 de febrero, cuando murieron tres personas en una marcha convocada por el dirigente opositor Leopoldo López, la escena en varias zonas consiste en basura en llamas, jóvenes que mantienen la protesta, nubes de gas lacrimógeno e improvisados homenajes a los “mártires” que han muerto en las manifestaciones.
Bassil Dacosta fue uno de los asesinados. Su madre, Janeth Frías, estaba ese día esperando a punto de ir al quirófano para ser operada de una fibromatosis. Cuando supo de la muerte de su hijo, empeoró su salud. Tuvo que ser el tío de Bassil, José Arellano, quien se encargara de los asuntos judiciales y de opinión pública. Dice Arellano que, para la familia, Bassil fue “una válvula que permitió que el mundo se diera cuenta de la dolorosa situación que vivimos los venezolanos”.
El hijo de Arellano, Gabriel, también resultó herido en aquella protesta. Los jóvenes habían ido frente a la Fiscalía General para solicitar que liberaran a varios detenidos e incomunicados en Táchira y Mérida. El diario Últimas Noticias luego evidenció que después de la manifestación, un escuadrón del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) llegó acompañado por civiles motorizados que dispararon balas reales contra los manifestantes, mientras la Guardia Nacional Bolivariana contemplaba de manera pasiva. A partir de esa investigación, la Fiscalía ordenó el arresto de algunos implicados.
Para Arellano, las manifestaciones y la muerte de estudiantes son un extremo que se veía venir. “Es una consecuencia del abuso de poder, de una ausencia del Estado de derecho. De los barrios vienen civiles armados que actúan con el amparo del gobierno, que cumplen órdenes del gobierno y tienen total impunidad. Por eso hoy se respira muerte. El gobierno le da sólo a la mitad del país, necesitamos que sea para todos, de otro modo seguirán agudizándose cada vez más los enfrentamientos”.
Bassil, 23 años, trabajaba como carpintero y planeaba estudiar diseño gráfico. Su familia vive en Guatire (Miranda), a 15 minutos de Caracas. Su padre trabaja como vigilante y su madre como peluquera. Arellano dice que, aunque la familia no estaba muy de acuerdo con la protesta, era un derecho que no se les podía quitar a los jóvenes. “Bassil estaba preocupado por su futuro, no quería tener 30 años y vivir bajo racionamiento de comida, luz, agua, porque ese es el rumbo que tiene el país”.
Arellano solía ser un exitoso comerciante de Caracas. Cuando Chávez llegó al poder, dice, “en el caso mío había cierta bonanza, empresas consolidadas, pero empezaron a cambiar las reglas de juego, muchas empresas se fueron del país. Empezaron a llegar productos de China con los cuales es muy difícil competir”.
Para Arellano, así como para muchos venezolanos que hoy protestan, este es el momento del cambio. Sin embargo, no está de acuerdo con el supuesto pacto de paz anunciado por Maduro, “porque se hizo sin que se cumplieran ciertos prerrequisitos como el cese de la represión a los manifestantes. La buena fe se demuestra con hechos y estos no se han visto. Maduro está en el momento para dar el primer paso”.
¿Y cómo ve la gestión de Maduro en el último año? “Si lo medimos por los indicadores oficiales, se muestra crecimiento, desarrollo. Pero otra cosa es la realidad: hay una moneda devaluada, escasez de divisas, problemas de producción, impunidad, una gran cantidad de fallecidos por la delincuencia. A Chávez hay que reconocerle las reivindicaciones sociales que dio a las personas de menos recursos. Maduro tiene que decidir ya si va a parar con el odio, el camino de Venezuela se le está saliendo de las manos”.
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@DanielSalgar1