La administración de Donald Trump ha anunciado una importante reducción de tropas en Afganistán e Irak para antes del 15 de enero de 2021. Según el secretario de Defensa en funciones, Chris Miller, en cada uno de estos países quedarán 2.500 soldados estadounidenses, lo que significa una reducción de casi 2.000 uniformados en Afganistán y casi 500 menos en Irak.
Una de las principales promesas de Trump, durante su campaña a la presidencia en 2016, fue salir de las largas guerras en las que participaba Estados Unidos. La de Afganistán era una de ellas. Pero retirar las tropas era más difícil de lo que esperaba.
Dentro del Pentágono, el presidente Trump encontró oposición en sus propios asesores de seguridad nacional quienes argumentaban que un retiro tan abrupto de tropas en países como Afganistán, Irak o Siria, cuando las condiciones no estaban dadas para ello, podría generar consecuencias catastróficas.
Los asesores de Trump temían que se repitiera el error de Barack Obama en Irak en 2011. El retiro de tropas de Obama de suelo iraquí, dicen los asesores de seguridad nacional, impulsó el resurgimiento del Estado Islámico y una nueva ronda de terrorismo global. Esas preocupaciones no han desaparecido.
Mark Esper, exsecretario de Defensa despedido por Trump hace una semana, advirtió que una reducción de tropas acelerada de Afganistán representaría un peligro para las tropas que se quedan, causaría un efecto negativo en las alianzas del país y además podría socavar las negociaciones de paz entre talibanes y afganos.
Según Miller, el retiro refleja el deseo de Trump “de poner fin de manera exitosa y responsable a las guerras en Afganistán e Irak y traer a nuestros valientes soldados a casa”.
Antes del anuncio del Pentágono, varios altos funcionarios estadounidenses y extranjeros advirtieron que una retirada precipitada de las tropas podría ayudar a grupos yihadistas como Al Qaida y el Estado Islámico.
El líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, consideró el lunes que Estados Unidos “abandonaría” a sus aliados si sacaba a sus soldados demasiado pronto de esos países.
La OTAN juzgó, por su parte, que Afganistán podría “volver a ser una base para los terroristas internacionales”. Las fuerzas estadounidenses “siguen comprometidas para proteger la seguridad del pueblo estadounidense y para apoyar a nuestros aliados y socios en el mundo”, aseguró Miller.
Desde el lanzamiento de las ofensivas militares en Afganistán en 2001 y en Irak, dos años después, más de 6.900 militares estadounidenses murieron y más de 52.000 resultaron heridos en los dos países, según el Pentágono.
Los talibanes y el gobierno afgano entablaron negociaciones de paz tras un acuerdo firmado entre Washington y los insurgentes, que implica la retirada de las fuerzas estadounidenses de aquí a mediados de 2021.
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