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La posición de Donald Trump con respecto a la incursión militar de Turquía en Siria fue ambigua desde el principio. La lista de órdenes, como es usual en él, era difícil de interpretar: permitió que entrara el ejército del presidente Recep Tayyip Erdogan, luego lo amenazó y, hasta en cierto punto, se ofreció a mediar entre ambas partes. Ahora, finalmente, lanza un ataque económico mordaz para desestabilizar al país europeo.
"Estados Unidos responsabiliza al Gobierno turco por el aumento de la violencia por parte de las fuerzas turcas, poniendo en peligro a civiles inocentes y desestabilizando la región", dijo el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, en un comunicado.
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En concreto, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, en sus siglas en inglés) ha bloqueado los activos y ha prohibido la entrada en EE.UU. de los ministros de Defensa Nacional, Hulusi Akar, el de Interior, Suleyman Soylu, y del de Energía, Fatih Donmez, y ha sancionado a los propios ministerios de Defensa Nacional y Energía como instrumentos del Gobierno para la incursión en Siria contra los kurdos.
Sin embargo, el Gobierno estadounidense subrayó que sí autoriza actividades oficiales de las Naciones Unidas que involucran al Ministerio de Defensa Nacional o al Ministerio de Energía y Recursos Naturales del Gobierno de Turquía, entre otras cuestiones.
Por otro lado, el Gobierno de Estados Unidos reclamó a Turquía que declare un alto al fuego "inmediato" en sus operaciones militares en el norte de Siria contra los kurdos, que según Washington ponen en peligro la vida de civiles inocentes y desestabilizan la región.
Estos castigos llegaron horas después de que Trump advirtiera con destruir la economía de Turquía por sus operaciones militares en el norte de Siria, después de anunciar que subirá los aranceles contra el acero turco hasta el 50 % y cerrar las puertas a un pacto comercial entre ambos países.
"Estoy completamente preparado para destruir rápidamente la economía de Turquía si los líderes turcos continúan por este camino peligroso y destructivo", advirtió Trump en un comunicado divulgado por la Casa Blanca, en relación a la incursión del Ejército turco en Siria contra los kurdos.
El mandatario hizo esta advertencia al informar que aumentará los gravámenes al acero hasta el 50 %, al mismo nivel anterior a la reducción de esos gravámenes en el mes de mayo, y que descarta alcanzar un acuerdo comercial con Ankara por sus "acciones desestabilizadoras" en Siria.
"Los aranceles al acero se incrementarán hasta un 50 %, el nivel anterior a la reducción en mayo. Estados Unidos también detendrá inmediatamente las negociaciones con respecto a un acuerdo comercial de US $100.000 millones con Turquía", dijo Trump.
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Este no es el primer golpe del presidente estadounidense contra la economía turca en los últimos meses, ya que en mayo ordenó retirar a Turquía del Sistema Generalizado de Preferencias (GSP), un programa que permite la entrada libre de impuestos de miles de productos a ciertos países en desarrollo.
Además, en agosto del año pasado convirtió en una causa diplomática la liberación del misonero estadounidense Andrew Brunson, que estuvo preso en Turquía desde 2016 por una presunta "colaboración con grupos terroristas", lo que provocó que la lira turca perdiese un 25 % de su valor.
La subida arancelaria y las sanciones llegan un mes antes de que Erdogan visite la Casa Blanca el próximo 13 de noviembre, según anunció recientemente el propio Trump, en un momento en que la tensión entre ambos países está a un nivel muy elevado.
Las relaciones entre Ankara y Washington, de hecho, han sufrido varios altibajos en los últimos años, especialmente desde la fallida asonada de 2016, ya que Turquía reclama la extradición del predicador turco Fethullah Gülen, al que Erdogan culpa del golpe de Estado y que vive en Pensilvania (EE.UU.).
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No obstante, es la invasión del norte de Siria de las fuerzas turcas lo que ha aumentado la crispación entre ambos países.
El Ejército turco comenzó la incursión en Siria el pasado día 9, después de que Estados Unidos, aliado de los kurdos en la guerra contra el EI, anunciara su retirada de la zona ante la inminencia de la operación, lo que ha sido considerado como una "traición" por las Fuerzas Democráticas Sirias (FSD).
Turquía quiere arrebatar a los kurdos el control de 480 kilómetros de largo y 30 kilómetros de ancho de lo que ha denominado "zona de seguridad" para sacar de allí a las FSD y a su principal grupo, las Unidades de Protección del Pueblo (YPG), a la que considera una organización terrorista vinculada con la guerrilla del Partido de Trabajadores de Kurdistán (PKK).