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Eduardo Bertoni es hoy el director del Centro de Estudios en Libertad de Expresión y Acceso a la Información de la Universidad de Palermo, en Argentina. Hace ocho años dejó su cargo en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en la que se desempeñó entre 2002 y 2005 como relator especial para la libertad de expresión. Sin embargo, no se ha apartado de la realidad: considera que las amenazas a la libertad de expresión en el continente persisten, aunque reconoce avances en ciertos países.
En diálogo con El Espectador, Bertoni analiza lo que deja el año 2013 en materia de libertad de expresión. Considera que Colombia ha avanzado en la disminución de agresiones contra periodistas, pero aclara que persisten. Expresa sus opiniones, también, sobre las leyes de medios que han entrado en vigencia en países como Argentina, Venezuela y Ecuador.
¿Qué evaluación se puede hacer de la libertad de expresión en América Latina durante 2013?
En América Latina hemos tenido un poco de todo, depende de los países. Podría decir que los casos ligados a agresiones físicas, intimidaciones fuertes por parte de distintos grupos, generalmente ligados al crimen organizado y a veces vinculados con los estados, han cambiado en los último años. Si hablamos de agresiones, no podemos olvidarnos de México u Honduras. También sigue habiendo agresiones contra defensores de derechos humanos y periodistas en Colombia y en Brasil... En otros países tenemos otro tipo de problemas, en los que se utilizan los fondos públicos para premiar a algunos amigos y castigar enemigos.
¿Cómo evalúa las leyes de medios que han entrado en vigencia en países como Ecuador, Argentina y Venezuela?
Son tres casos muy diferentes, pero tienen un mismo patrón. Yo diría que la ley venezolana, por ejemplo, comienza con un discurso positivo, de modernizar las leyes que regulen la radio y la televisión para que protejan a las minorías y tomen en cuenta las cuestiones de género. No obstante, al poco tiempo nos dimos cuenta de que detrás de esos buenos motivos había una intención de controlar los medios de comunicación. El patrón común es que es necesario reformar las leyes de radio y televisión, que han sido pensadas para un tiempo tecnológico y político diferente al actual. En síntesis, es necesario modificar las leyes y que en esa modificación se atiendan cuestiones vinculadas con la concentración de la propiedad de los medios, los monopolios, la importancia de aumentar la pluralidad de voces, pero al mismo tiempo se garantice que su implementación no genera nuevos monopolios.
¿Es criminalizada la protesta en América Latina?
La libertad de expresión no es sólo la posibilidad de hablar y expresarse en las maneras tradicionales o incluso a través de las nuevas tecnologías. Una manera de expresarse también es la vía pública. Lo que está atentando contra la libertad de expresión es utilizar el derecho penal para perseguir a quienes protestan. Estas situaciones son muy graves. Hay países como Ecuador, donde muchas de las manifestaciones sociales, inclusive grupos de pueblos originarios, están protestando contra inversiones que tienen que ver con explotación minera, por ejemplo. Ha ocurrido en Chile, también, con grupos mapuches que protestan contra la tala de bosques.
¿Es común que medios que se autoproclaman independientes tengan sesgos atados al poder económico? ¿Cómo tratar el tema de la transparencia informativa?
Una de las cuestiones que se ven en América Latina es exactamente esa. Muchas veces los periodistas y los medios, más que perseguir la información, persiguen la defensa de ciertos intereses. Lo que debemos exigir es mayor ética, mayor profesionalismo y mayor responsabilidad. Yo soy ferviente defensor de la autorregulación, porque cuando el Estado se entromete en cuestiones que tienen que ver con ética y responsabilidad de los medios, en definitiva, puede terminar en imposiciones de censura. Ciertamente, los propios medios de comunicación y los periodistas podrían asumir la necesidad de avanzar en autorregulación. Si no lo hacen, podrían perder la legitimidad que tienen frente a quien es su principal defendido: el ciudadano. El día en que la gente no confíe en los periodistas, abrirá la puerta a los gobiernos para formular leyes contra los periodistas. En ese momento tendremos un grave problema.
¿Cómo está Colombia en materia de libertad de expresión?
A pesar de que persisten agresiones de tipo físico, Colombia ha cambiado mucho desde que fui relator de la Comisión Interamericana, cuando era visto como el país más problemático en ese sentido. No estoy diciendo que los problemas no existan, pero en ese aspecto se ha mejorado un poco. La fortaleza que tiene Colombia es que posee instituciones muy fuertes. La Corte Constitucional es un tribunal muy respetado en el continente y ha tenido decisiones muy buenas en materia de libertad de expresión.
En el mundo, EE.UU. se ha mostrado como el gran adalid de la democracia y sus valores, incluida la libertad de expresión. ¿Cómo está esa imagen después del caso Snowden?
Con estas revelaciones de espionaje masivo, EE.UU. ha perdido una legitimidad moral que objetivamente venía perdiendo desde hace algunos años, y no hace falta mencionar Guantánamo o el caso Wikileaks... En definitiva, nosotros mismos, nuestros países, tenemos que preocuparnos por respetar los derechos humanos y exigir que se respeten sin necesidad de que alguien marque el camino.
dalarcon@elespectador.com
@Motamotta