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Instagram desactivó el pasado viernes, 8 de mayo, la función de mensajes directos ultra privados, conocidos técnicamente como cifrado de extremo a extremo (E2EE). La decisión de Meta, la empresa matriz dirigida por Mark Zuckerberg, representa un giro radical en su política de privacidad, eliminando una herramienta que garantizaba que solo el emisor y el receptor pudieran leer el contenido y que la misma compañía había promocionado como el máximo estándar de seguridad para sus usuarios hace apenas unos años.
En declaraciones recogidas por The Verge en marzo, la portavoz de Meta, Dina El-Kassaby Luce, afirmó que la plataforma decidió descontinuar la función porque “muy pocas personas estaban usando E2EE en sus mensajes directos”. Para la compañía, mantener la infraestructura técnica necesaria para una función con tan poco tráfico dejó de ser una prioridad operativa frente a las “presiones del mercado”.
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A diferencia de WhatsApp, donde el cifrado es automático, en Instagram esta era una opción que las personas debían elegir voluntariamente, lo que limitó su adopción. Sin embargo, la medida ha generado un intenso debate entre quienes defienden la seguridad de los datos y quienes exigen mayor control para proteger a los menores de edad.
Para entender este cambio, imagine que el cifrado es un candado que convierte su mensaje que dice “hola” en un grupo de caracteres aleatorios como “hjkdghaj”, haciéndolo ilegible. Solo la persona que posee la llave de ese candado puede descifrar el código y volver a ver el texto original. Sin este sistema, el mensaje viaja de forma transparente para el proveedor del servicio. Es decir, el “hola” se mantiene en su versión original, sin encriptado.
La BBC explica que esto significa que “un proveedor de servicios de Internet puede acceder al material privado si es necesario”, un sistema que ya funciona en servicios de correos muy conocidos como Gmail.
Para algunos, esto es positivo. La eliminación de estos “mensajes secretos” también responde a una creciente presión por parte de organizaciones globales que velan por la seguridad de los menores de edad. Al no existir un bloqueo total a la visibilidad del contenido, la plataforma recupera herramientas para detectar comportamientos abusivos o peligrosos.
Rani Govender, de la Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad contra los Niños, señaló a la BBC que la tecnología de cifrado total “puede permitir que los perpetradores evadan la detección, permitiendo que el acoso y el abuso de niños pasen desapercibidos”.
Esta postura ha sido un argumento clave para los reguladores que exigen que las redes sociales tengan ventanas de acceso para proteger a los sectores más vulnerables de la población digital. Es decir, sin el “muro” del cifrado, Instagram puede ahora “ver” si se están enviando imágenes o mensajes dañinos antes de que sea demasiado tarde.
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Mientras unos celebran la capacidad de moderación, otros temen que la transparencia de los mensajes facilite el uso de datos personales para fines comerciales o tecnológicos. Victoria Baines, profesora de TI en Gresham College, comentó a la BBC que “las empresas como Meta se están centrando en entrenar modelos de IA, para los cuales los datos de mensajería pueden ser extremadamente valiosos”.
Aunque Instagram ha insistido en que no utiliza las conversaciones privadas para alimentar sus sistemas de inteligencia artificial, la ausencia de una barrera técnica física genera dudas sobre el destino final de la información que fluye por sus servidores.
Si usted es de los usuarios que aún prioriza la máxima privacidad para sus comunicaciones personales, la recomendación de la propia empresa es migrar esas conversaciones a otras plataformas especializadas del mismo grupo. Meta no ha eliminado el cifrado de todas sus herramientas, sino que ha decidido que cada aplicación cumpla un “rol distinto”.
Según The Verge, la instrucción para quienes busquen seguridad total es clara: “Cualquiera que quiera seguir enviando mensajes con cifrado de extremo a extremo puede hacerlo fácilmente en WhatsApp”.
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