Donald Trump cumplió su promesa de convertirse en el primer presidente estadounidense en funciones en asistir a un partido definitorio por el título de la NBA. Sin embargo, su presencia en el Madison Square Garden para ver el tercer juego de los Knicks contra los Spurs no solo congeló los alrededores del Midtown Manhattan, limitando la fiesta de los fanáticos de locales, sino que desató un abucheo “ensordecedor” en su ciudad natal.
Los silbidos estallaron cuando la pantalla gigante del pabellón enfocó al mandatario saludando militarmente durante la entonación del himno nacional. El rechazo de las tribunas fue de tal magnitud que portales especializados como The Athletic reportaron que Trump recibió un abucheo considerablemente más sonoro que el dedicado al propio equipo rival, los Spurs de San Antonio.
Fiel a su estilo, el presidente demoró poco en minimizar el hostil recibimiento ante los reporteros acreditados de la Casa Blanca al término del encuentro.
“Creo que fueron, en su mayoría, vítores. Fue ruidoso y muy entusiasta”, aseguró.
<></>Para blindar la visita de Trump, marcada por la alerta de tres presuntos intentos de asesinato en los últimos dos años y el reciente apuñalamiento de seis personas el domingo en la subterránea Penn Station, el Servicio Secreto transformó el Garden.
El mandatario presenció la derrota de su equipo desde un palco ejecutivo a mitad de cancha modificado de última hora con cristales blindados. Estuvo acompañado por el dueño de los Knicks, James Dolan, su nieta Kai Trump y varios miembros de su gabinete, como el secretario de Transporte, Sean Duffy, y el de Interior, Doug Burgum.
En la calle, el operativo de seguridad del Servicio Secreto que incluyó tecnologías antidrones, vallas de tres metros y miles de policías locales terminó por asfixiar al comercio. El cierre total de accesos vehiculares vació los bares periféricos en la que debió ser su noche más lucrativa.
La marea de fanáticos sin boletos, excluidos de un Garden repleto de celebridades como Timothée Chalamet y Ben Stiller por tiquetes de reventa que superaron los USD 10.000, se replegó en masa hacia Bryant Park. Allí, cabe destacar, Trump también fue abucheado cuando apareció en las pantallas.
La jornada cerró con una doble frustración para la ciudad. Los Spurs de San Antonio aprovecharon la tensa atmósfera para aguar la fiesta local al imponerse 115-111, recortando la ventaja de los Knicks en la serie a un peligroso 2-1.
La fiesta en el Bryant Park, luego de la derrota, se tornó violenta. El Departamento de Policía local reportó 21 arrestos, luego de que decenas de fanáticos causaran destrozos en taxis y edificios, además de peleas con fanáticos del equipo rival.
Según la ABC, “una persona prendió fuego a una camiseta de los Spurs, y luego algunos fanáticos de San Antonio fueron perseguidos al otro lado de la calle”.
<></>En la arena política, líderes demócratas como el senador Chuck Schumer arremetieron en redes sociales contra la interferencia del mandatario.
“En uno de los mejores momentos que ha disfrutado Nueva York en décadas, él lo reduce todo a sí mismo. Trump debería dejarnos en paz”, sentenció, reflejando la histórica brecha entre el presidente republicano y su fuertemente demócrata ciudad natal.
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