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El cura que se creyó Ícaro

El cura Adelir de Carli, amarrado a mil bombas de fiesta llenas de helio, quiso dar un paseo aéreo en Santa Catarina y batir así un insólito récord de permanencia en el aire. Pero fue arrastrado por las corrientes de viento, que se lo llevaron hacia el mar, donde desapareció tras una corta llamada.

Carmen Samudio / Especial para El Espectador Sao Paulo

25 de abril de 2008 - 03:47 p. m.
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El cura brasileño Adelir de Carli levantó vuelo impulsado por mil bombas coloridas de fiesta, en Paranaguá (Paraná), a la una de la tarde del domingo 20 de abril. Según sus parientes, su destino era Dourados en Matto Grosso do Sul, a 113 kilómetros de Curitiba. Desapareció el domingo en la costa de Santa Catarina con el sueño de quedarse veinte horas en el aire. Algunos dicen que buscaba romper el récord de 19 horas en el aire de dos norteamericanos, mientras otros afirman que quería ayudar a recaudar recursos para construir un santuario para los camioneros de la zona.

El padre partió de Paranaguá, pero fue desviado por las corrientes de viento hacia el mar. Es posible que el último contacto con las autoridades que lo monitoreaban desde tierra fuera poco tiempo antes de la caída. A las 9 de la noche del domingo avisó que descendería en el mar, a cinco kilómetros de San Francisco del Sur, en el litoral norte catarinense. La gente más allegada al padre aseguró que De Carli planeó el vuelo porque su intención era recaudar dinero para la Pastoral Rodoviaria, que atiende a los camioneros de Brasil en el puerto de Paranaguá.

“Indisciplinado y sabelotodo”

El padre no era un novato, pero era totalmente inconstante, indisciplinado y hasta “exhibicionista”, asegura Márcio André Lichtnow, el instructor del curso de parapente en el que se inscribió el religioso de 41 años de edad. Tan problemático era que tuvieron que expulsarlo de la escuela de vuelo libre “Viento Norte”, en Curitiba, en 2005.

Lichtnow contó al diario Folha de São Paulo que el cura sólo participó en el 10 por ciento de las clases de parapente, que incluían cuarenta horas de práctica y treinta de teoría, fundamentales para entender los fenómenos meteorológicos. “Él apenas hizo la introducción del curso, no tenía nada de humilde, pensaba que lo sabía todo. Se creía autodidacta y no acataba las orientaciones. Por eso lo invité a retirarse de la escuela”, cuenta.

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Lichtnow, quien lleva 15 años de su vida volando, cuenta que el sacerdote lo buscó en los pasados días para conversar con él sobre sus planes de vuelo desde Paranaguá. El instructor le explicó que despegando desde allí “el único lugar donde podría aterrizar era en el sur de África, porque era para allá que los vientos lo llevarían”.

Pero el cura dijo que “lo había estudiado todo”. Lichtnow creyó que estaba bromeando. Añade que “se portó como un aficionado impresionante, ya que antes de despegar ni analizó las condiciones del viento, ni el estado de las nubes, ni la temperatura (el gas helio en temperaturas bajas disminuye de volumen y fuerza el descenso). Fuera de eso, invadió el espacio de las rutas aéreas de Brasil, lo que podría haberle ocasionado un accidente con un avión. Lichtnow calcula que el padre Carli podría haber alcanzado los 5.800 metros de altura y la temperatura en este nivel sería de menos 25 grados centígrados, dadas las condiciones meteorológicas.

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El miércoles 23 de abril, un manojo de globos de colores desteñidos aparecieron flotando en las aguas del Atlántico, frente a Santa Catarina. Ningún rastro había del padre.

  Los amigos del padre en Curitiba lo han defendido de quienes lo acusan de ser una persona incompetente e inexperta. Según sus testimonios en diarios locales, él estaba bien preparado para el vuelo y practicaba con regularidad el parapente. Lo que pasó, para algunos, “fue un accidente fatal”. En Paranaguá, en la parroquia de Carli, los fieles postergaron los compromisos familiares para invitar a todo el mundo a rezar y a ayunar para que el religioso fuera encontrado vivo.

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En la página de internet de la Pastoral Rodoviária, a la cual el padre estaba vinculado desde que se ordenó hace cinco años, se cuenta que el padre Adelir de Carli creó el evento “Volar Social”, como forma de atraer a los medios de comunicación y


difundir el trabajo de la pastoral, que presta asistencia espiritual y social a los camioneros. Éstos llegan al puerto y necesitan de baños y alojamientos para dormir mientras descargan sus vehículos.

 En la página virtual, asimismo, el cura cuenta que tiene una vasta experiencia como deportista de montañismo, buceo, paracaidismo y vuelo libre (parapente). Según el periodista de la Agencia Folha, Dimitri Do Valle, el cura ya había ensayado un vuelo a comienzos del año en la región del sureste de Paraná, en Ampere, donde vive su familia. Con la ayuda de 500 bombas alcanzó 5.337 metros y descendió cuatro horas y 15 minutos después, a 110 kilómetros de allí, en San Antonio, Argentina.

¿Piloto de globo?

Esta inverosímil aventura tiene a los brasileños y al mundo entero en ascuas, a la expectativa de su suerte.

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Quien no ha elogiado para nada el “coraje” del cura ha sido Leonel Brites, el director de la Confederación de Balonismo (que trabaja con los vuelos en globo y que realiza un campeonato con pilotos). El funcionario teme que se desprestigie la imagen de los viajes en globo, práctica que en portugués se conoce como “balonismo” y que se fundó en 1685 por el cura brasileño Bartolomeo de Gusmão.

En entrevista con la periodista brasileña Roberta Nomura, Brites sostuvo que la práctica de volar con globos de fiesta es una aventura extrema, no un deporte, porque no reúne las condiciones de seguridad para serlo.  “Muchos creerán que el padre era un piloto de globo, y no es así. Todos los pilotos de globos deben pasar por un examen teórico y práctico y poseer una licencia de la aeronáutica para volar. No hay federaciones que reglamenten la práctica de volar con bombas de helio usadas para las fiestas. No es un deporte aéreo”.

 Según él, “en el parapente las personas usan las piernas para despegar y las corrientes de aire para mantenerse elevados. El globo despega del piso, pero lo que lo mantiene en el aire es el gas. No tiene nada que ver con el vuelo libre. Cada deporte tiene su equipo adecuado. Las bombas de helio fueron fabricadas para una fiesta, no es algo que resista un vuelo”.

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 Sin embargo, se tiene aún la esperanza de que el padre esté con vida. Para alimentarse se sabe que cargó agua mineral y barras de cereal. En cuanto al traje, el cura usó uno de practicante de paracaidismo hecho de algodón y especial para resistir la temperatura inferior a cero. Además, según el instructor Lichtnow, el aparato de GPS que el padre llevaba no era el indicado para los vuelos, sino para las caminatas en tierra.

¿Dónde cayó el padre?

El último contacto del padre Adelir de Carli fue a las 9 de la noche, cuando avisó que iba aterrizar en el mar, cerca de 15 kilómetros al oriente de las islas Tamboretes, que distan cinco kilómetros de la isla de San Francisco del Sur, la costa norte de Santa Catarina.

 El cuerpo de bomberos comenzó el domingo 20 de abril la búsqueda del padre. Todo un equipo de rescate oficial y voluntario ha estado al servicio de encontrarlo. Bomberos, pilotos de helicópteros, marineros, pescadores y hasta un perro husmeador han ido en busca de una pista, pero aún no se sabe nada del sacerdote. Lo que se ha encontrado hasta ahora son destrozos del equipo, principalmente bombas y cables, en el sur de Santa Catarina, cerca de la playa Vermelha. La búsqueda continúa por parte de dos barcos y un helicóptero de la Marina por la costa catarinense, de norte a sur. ¿Estará vivo? Sus fieles siguen rezando.

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Por Carmen Samudio / Especial para El Espectador Sao Paulo

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