El martes en la noche, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, publicó en sus redes sociales una ilustración generada con inteligencia artificial. La imagen muestra un mapa de Venezuela con la bandera estadounidense superpuesta y el texto “Estado 51”, en clara alusión a una posible anexión del país como parte de EE. UU.
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Esto, como muchas de las publicaciones de Trump en su red social Truth Social, hizo que muchos despertaran indignados, riendo, celebrándolo o condenando la intención detrás de la imagen. Para algunos, se trata de una provocación más del mandatario; para otros, de una estrategia política destinada a desviar la atención internacional y reforzar su imagen de poder frente a sus votantes. La imagen, además, fue publicada posteriormente por la Casa Blanca como una forma de reforzar y masificar el mensaje.
Sin embargo, estas provocaciones presidenciales no son nuevas; Trump ha repetido mensajes similares con aliados como Canadá y Groenlandia, en medio de tensiones derivadas de su interés estratégico en anexarlos.
En el caso de Venezuela, la publicación resulta particularmente llamativa porque llega después de varias semanas en las que el mandatario había dejado de referirse públicamente al país. Esto, pese a que en el pasado había expresado su deseo de liderarlo y había elogiado la cooperación con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez.
Para Txomin Las Heras Leizaola, presidente de Diálogo Ciudadano Colombo Venezolano, esta publicación tiene una misión distractora, justo en el contexto de la guerra contra Irán, que no solo se encuentra en pausa por unas negociaciones aún lejanas de concretarse, sino también por el rechazo que ha generado entre la ciudadanía.
“No hay que descartar que un anuncio de este tipo sirva un poco para desviar la atención, indudablemente, de ese asunto central que lo está afectando actualmente y generar otro punto de polémica internacional. Creo que esto hay que tomarlo en cuenta en este momento”, explicó el experto.
Por su parte, Alejandro Bohórquez-Keeney, docente de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, opina que esta también es una estrategia de Trump para mostrarse como un líder fuerte frente a sus votantes y proyectar la imagen de un “presidente que reclama nuevos territorios y demuestra poder”.
Esto amplía las posibilidades de interpretación, teniendo en cuenta que se acercan las elecciones de medio término en Estados Unidos y que este tipo de mensajes fortalece una narrativa que a Trump le ha funcionado bien con sus votantes: demostrar fuerza, mantener su discurso de “América primero” y proyectar poder.
Por su parte, Ronal Rodríguez, vocero e investigador del Observatorio de Venezuela, discrepa frente a quienes consideran que este tipo de mensajes forman parte de una estrategia política efectiva de Trump. Para el analista, se trata más bien de una conducta errática que “socava el proceso de transición que aparentemente ha iniciado el gobierno venezolano”.
“Trump ha perdido las formas, las maneras y la dignidad presidencial en los Estados Unidos. Ha convertido las redes sociales y sus espacios públicos en una forma errática de ejercer el poder. Hay quienes lo admiran y consideran que eso hace parte de una gran estrategia. Yo difiero claramente”, señaló.
Como ya se mencionó, Canadá y Groenlandia vivieron un episodio similar en febrero de este año, cuando el presidente publicó una foto suya en el Despacho Oval durante una reunión sobre Ucrania, alterando un mapa para mostrar a EE. UU., Canadá, Groenlandia y Venezuela cubiertos por la bandera estadounidense.
Otra publicación del mismo período lo retrata plantando la bandera de EE. UU. en Groenlandia junto al vicepresidente J. D. Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio, con la inscripción “Groenlandia, territorio de EE. UU. Est. 2026”.
De las Heras afirma que estas publicaciones relacionadas con Groenlandia y Canadá fueron iniciativas que finalmente “no han terminado en nada”. Sin embargo, advierte que el caso venezolano podría ser distinto debido a las asimetrías de poder. Mientras Canadá y la Unión Europea —bloque al que pertenece Dinamarca, país que ejerce soberanía sobre Groenlandia— cuentan con un peso político y económico mucho mayor, Venezuela se encuentra en una posición más vulnerable frente a Estados Unidos.
“Ahora bien, constitucionalmente sería muy difícil incorporar a Canadá como un nuevo estado de Estados Unidos; mucho más complejo sería entonces plantearlo en el caso de Venezuela. Pero más que pensar en convertirlo en un estado, la lógica podría apuntar a transformarlo en un territorio, como ocurrió en algún momento con la discusión sobre Groenlandia”, explicó Bohórquez-Keeney.
¿Cuál es la respuesta de Venezuela?
El profesor Bohórquez también explica cómo la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha facilitado este tipo de discursos: “Ya existe una relación funcional con la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, un liderazgo dócil que, en cierta forma, le sigue el juego a Washington”.
Sin embargo, Rodríguez, publicó este miércoles, una imagen del mapa de Venezuela acompañada de la frase: “Orgullosos siempre de ser venezolanos y de haber defendido en La Haya a nuestra Venezuela toda”. La publicación compartida por Rodríguez hacía referencia a la defensa del Esequibo, la zona rica en petróleo que representa cerca de dos tercios del actual territorio guyanés.
La líder chavista no mencionó directamente a Trump ni a la publicación realizada por la Casa Blanca; sin embargo, su mensaje fue difundido apenas horas después, lo que dejó entrever que se trataba de una respuesta indirecta.
Ahora, en el caso hipotético de que esto sea algo más que una simple publicación y realmente forme parte de un plan, De las Heras considera que podría terminar teniendo un efecto adverso. A su juicio, una eventual anexión de Venezuela por la fuerza provocaría fuertes repercusiones internacionales y también un profundo rechazo dentro del propio país, donde difícilmente una iniciativa de este tipo encontraría apoyo popular.
Pero incluso si no se planteara por la vía militar, el escenario seguiría siendo complejo. Cualquier intento requeriría consultar a la población venezolana, y el analista considera poco probable que exista respaldo para una integración de ese tipo. Según explica, Venezuela mantiene diferencias políticas, culturales e históricas muy marcadas respecto a Estados Unidos, más allá de las alianzas o coincidencias que ambos países hayan tenido en distintos momentos.
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