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25 Jun 2022 - 2:00 a. m.

El fin de una era para el aborto en EE. UU.: ¿qué pasará sin Roe vs. Wade?

La derogación del fallo que permitía el acceso al aborto impacta de manera desproporcional a las minorías en el sur de Estados Unidos.
Camilo Gómez Forero

Camilo Gómez Forero

Periodista Mundo
Activistas contra el aborto celebran frente a la Corte Suprema de EE. UU., en Washington.
Activistas contra el aborto celebran frente a la Corte Suprema de EE. UU., en Washington.
Foto: AFP - Agencia AFP

La mejor forma de resumir lo que ocurrió el viernes en Estados Unidos está en las palabras de Amanda Mars, corresponsal de El País de España en Washington, quien reaccionó de inmediato a la noticia: “Todo derecho, toda conquista social es reversible, nada está garantizado. Ninguna ola reaccionaria es inocua. Y el gravísimo recordatorio (de esto) llega de un país como Estados Unidos”.

Luego de meses de espera, la Corte Suprema de Estados Unidos publicó su muy esperada opinión sobre Dobbs vs. Jackson Women’s Health Organization, un caso que desafiaba abiertamente el histórico fallo de Roe vs. Wade, por medio del cual las mujeres lograron acceder al aborto en todo el país en 1973, al declararse que no se podían dictar leyes que restringieran la interrupción del embarazo, ya que las mujeres estaban amparadas por el derecho a la privacidad enmarcado en la Decimocuarta Enmienda de la Constitución. Es importante resaltar qué se consiguió con este famoso caso: no fue la legalización del aborto en sí, sino un compromiso para no poner más barreras en el acceso a este.

El caso en cuestión analizado el último año, el de Dobbs vs. Jackson, desafiaba a Roe porque planteaba una pregunta clave para los antiaborto: ¿son acaso todas las prohibiciones al aborto previas a la viabilidad del feto inconstitucionales? Y a este interrogante, la mayoría de los magistrados -todos los republicanos del tribunal en bloque- contestaron que “la Constitución no confiere el derecho al aborto”, por tanto, cada estado puede regular como quiera la interrupción del embarazo. Con esa opinión del Supremo, el precedente sentado por Roe vs. Wade quedó sepultado el viernes, y con él casi 50 años de lucha por los derechos de la mujer echados por la borda, recordando, como dice Mars, que las conquistas sociales son reversibles y que requieren un trabajo constante para garantizarlos, uno que no hizo el Legislativo en cinco décadas. Desde las 9:00 a.m., cada estado podía decidir cómo limitaba -o facilitaba- el aborto, y los de tendencia conservadora no esperaron ni un minuto para hacerlo.

Las reacciones a este terremoto político y social no se hicieron esperar. Uno de los primeros en pronunciarse fue el expresidente Barack Obama, quien dijo que “la Corte Suprema no solo revocó casi 50 años de precedentes, sino que relegó la decisión más intensamente personal que alguien puede tomar a los caprichos de políticos e ideólogos, atacando las libertades esenciales de millones de estadounidenses”. Puntualmente, ¿qué es lo que ocurrió en el país con esta trascendental decisión?

Como dice Obama, la decisión sobre el aborto quedó en manos de políticos e ideólogos de los dos partidos tradicionales. Quienes tienen una ideología conservadora se organizaron desde hace meses para preparar leyes que entrarían en vigor apenas la Corte Suprema desmembrara Roe vs. Wade. Millones de mujeres sintieron que retrocedieron en el tiempo en un instante. A las puertas de las clínicas abortistas, algunas pacientes fueron regresadas a sus casas sin practicarles la interrupción del embarazo que tenían agendada, pues se enfrentaban a sanciones debido al cambio inmediato en la ley.

Lo primero que tenemos que asumir es que no es el fin del aborto, al menos no por ahora. Por lo menos 12 estados se prepararon para este escenario y reforzaron el marco legal para proteger los derechos reproductivos de las mujeres. Habrá aborto en Estados Unidos, pero no en todo el país. Hay 26 estados, más de la mitad, en los que la interrupción del embarazo quedó prácticamente prohibida, o podría quedarlo entre más limitaciones se impongan. Con esto entendido, viene la primera preocupación: el colapso.

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Por lo menos 33 millones de mujeres quedaron desamparadas por sus estados y ya no podrán acceder a un aborto si lo desean. Sin embargo, está la posibilidad de viajar a otra región del país para interrumpir sus embarazos. De hecho, algunos de los estados más liberales ampliaron su marco legal para poder recibir a estas mujeres y varias organizaciones y compañías están donando recursos para que estas ciudadanas puedan viajar. Esto presenta de entrada tres problemas, el primero de ellos es el colapso de las redes de hospitales.

Estados como Nuevo México, que cuenta con siete centros que asisten abortos -seis de estos clínicas-, se enfrentan a un colapso en su sistema. Son muy pocas para un estado en el que hay una población de mujeres en edad fértil (de 15 a 44 años) estimada en 401.055. En Nuevo México hubo cerca de 4.300 abortos en 2020, lo que significaría un promedio de dos al día. Esa cifra puede no sonar suficientemente “apocalíptica” para colapsar un sistema, pero tomemos el nuevo escenario.

Con las prohibiciones al aborto, Nuevo México podría recibir más de 70.000 pacientes al año, provenientes de sus estados vecinos. Esto incrementa el promedio: serían 29 abortos al día por clínica, contando con que estas trabajen fines de semana y festivos, como Navidad. A la frecuencia sumémosle el factor de la ubicación. Las autoridades de estados como Nuevo México o Colorado (con 18 clínicas abortistas) alertan que no tienen recursos para una labor así, y que la afluencia causaría un “efecto dominó” que empujaría a las residentes del mismo estado en zonas con menos clínicas a viajar más lejos para encontrar atención, según Amanda Carlson, directora del Fondo de Aborto Cobalt. Así llegamos al segundo problema: los viajes.

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Por un lado, estados como Missouri preparan mecanismos para demandar a cualquier persona que ayude a las residentes de su estado a abortar, lo que prevendría que las organizaciones ayudaran a las mujeres a trasladarse. Y esto nos conduce al tercer y último problema inmediato: sin la asistencia económica de las organizaciones, miles de mujeres no podrían viajar. Esto porque no es cualquier traslado: una mujer del condado de Cameron, en el sur de Texas, necesitaría viajar 1.200 kilómetros para acudir a un centro de atención que le permita abortar. El factor tiempo también juega en su contra, pues con el paso de las semanas la cirugía se hace más costosa. Y puede parecer una obviedad, pero son las mujeres de menos recursos las que se ven más afectadas.

“El fin de Roe vs. Wade es una sentencia de muerte para muchas mujeres negras”, resume Los Angeles Times en su editorial del viernes. La primera discusión es sobre las mujeres. Los estudios y las cifras han concluido que prohibir el aborto empeoraría la crisis de mortalidad materna en Estados Unidos, un problema del que los republicanos no hablan. Estados Unidos hoy es el país desarrollado con la tasa de mortalidad relacionada con embarazo más alta en el mundo. Ahora, sin acceso al aborto, empujadas a recorrer distancias enormes o adoptar métodos alternativos que ponen en riesgo su salud,, hay 33 millones de mujeres que quedaron en la incertidumbre. ¿Está todo perdido? Probablemente no. Las palabras de Mars retumban: “Todo es reversible. Ninguna ola reaccionaria es inocua”.

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