La caída del Parlamento ensombrece el panorama El final de una democracia Es la primera vez que en Venezuela se utilizan las instituciones para someter y rendir los valores democráticos. / AFP
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Después de 59 años de democracia, el chavismo pretende llevar a Venezuela en dirección a la dictadura. Durante los últimos 30 años, América Latina ha transitado en dirección a la consolidación democrática, un período marcado por las dificultades, las crisis económicas, los escándalos políticos y diferentes rupturas democráticas en varios países, un camino allanado por las contrariedades, pero en el cual parece superado el viejo pasado dictatorial que caracterizó a la región durante el siglo XX.
El espíritu democrático imperante en la región tiene en Venezuela uno de sus más importantes promotores. Cuando las dictaduras de derecha e izquierda dominaban el sur de las Américas, fue el gobierno venezolano encabezado por don Rómulo Betancourt el que exigió en contextos intergubernamentales, como la Organización de los Estados Americanos (OEA), que se promoviera la democracia y se negara la participación a aquellos países cuyos líderes no eran el resultado de procesos electorales libres. Lo cual lo llevó a granjearse el odio de los tiranos de los dos lados del espectro político e incluso la molestia de los Estados Unidos, que consideraba la propuesta como una majadería viniendo de un presidente suramericano.
La democracia es un concepto ambiguo, con diferentes acepciones e interpretaciones, ha tenido diferentes significados a lo largo de la historia y en variados contextos geográficos. Lo que hoy se considera democrático en unos países, para otros puede no ser tal. En el caso del hermano país, se consideraba que desde el ascenso del chavismo la democracia era cuestionable, incluso que se trataba de un “régimen híbrido” o de un “autoritarismo competitivo”, es decir, un país en el cual existían las instituciones formales de un Estado democrático y una oposición que competía en las elecciones, pero que tenía un margen limitado de hacerse al poder real porque los desequilibrios favorecían al oficialismo, en términos acuñados por el profesor Levitsky en su trabajo sobre autoritarismos competitivos.
Lo que le permitió al chavismo presentar credenciales democráticas fueron los constantes procesos electorales, que legitimaban su proyecto político como el deseo de la mayoría de los venezolanos, así las condiciones de los certámenes electorales fueran cuestionables por el ventajismo oficialista. El fallecido líder de la autodenominada Revolución bolivariana, Hugo Chávez, siempre esgrimió su proyecto como democrático por contar con resultados favorables en la mayoría de las votaciones.
Pero eso cambió con la desaparición del carismático líder. Cuatro años después del fallecimiento de Chávez, Nicolás Maduro no cuenta con los votos y, por el contrario, ha cerrado los espacios de participación política, incluso los certámenes electorales que en el pasado justificaron al proyecto político han desaparecido en un cuestionable entramado institucional.
Y es precisamente dicho entramado el que ha cerrado la democracia venezolana llevándola en dirección a la dictadura, entendida como la concentración de poderes en las manos de un líder o un grupo reducido de personas que se preocupa por mantener ciertos niveles formales de institucionalidad, pero en el que prevalece la supremacía del poder dictatorial sobre el ordenamiento jurídico y en el cual se hace una utilización discrecional del aparato coercitivo y judicial para perseguir a los contradictores. Una característica importante de las dictaduras radica en la fragilidad de las reglas de sucesión y la eliminación de la alternancia.
No es la primera vez que la democracia venezolana se encuentra amenazada, durante casi seis décadas tuvo que hacer frente a por lo menos diez diferentes momentos de riesgo entre asonadas, levantamientos o intentonas golpistas, pero al final siempre prevaleció. No obstante, en esta oportunidad el ataque proviene de la cabeza del Estado, es la primera vez que se utilizan las instituciones para someter y rendir los valores democráticos. El poder Ejecutivo y el Judicial en contumacia buscan derrocar al Legislativo y empantanar la salida electoral de la crisis que vive el país. La democracia puede ser un concepto ambiguo, con diferentes acepciones e interpretaciones, pero la desaparición de la división de los poderes públicos y el desconocimiento del apoyo electoral de la Asamblea Nacional son más que una amenaza. En el pasado, Venezuela promovió la democracia en el continente. Hoy necesita del continente para que su democracia no desaparezca.
* Profesor e investigador adscrito al Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario y presidente de la Fundación Surcontinente.
Por Ronal F. Rodríguez * ronal.rodriguez@urosario.edu.co
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