Hoy Nueva York es la envidia de muchas ciudades en Estados Unidos. Y no es para menos. Con apenas cinco meses en el cargo, su alcalde, Zohran Mamdani, ha logrado lo que muchos consideraban imposible: equilibrar el presupuesto de USD 125 mil millones, tras enfrentar un déficit de USD 12 mil, sin desatar una guerra civil con los propietarios de viviendas y trabajadores subiendo impuestos. Tampoco sacrificó los servicios sociales que prometió proteger.
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Hoy el balance fiscal es de cero, tras enfrentar un enorme hueco, y la ciudad goza de una salud financiera que en febrero parecía una ilusión. Mientras otras grandes metrópolis luchan contra la austeridad, la Nueva York de Mamdani parece haber encontrado una “tercera vía”, transformando un déficit que amenazaba con hundir la ciudad en una oportunidad para redefinirla. Pero, ¿cómo?
¿Por qué Nueva York obtuvo un déficit tan grande?
Primero, hay que entender cómo Mamdani heredó este hueco fiscal. Para el alcalde, este es el resultado de una “gestión de espejismos” de la pasada administración.
Según la organización The American Prospect, la ciudad arrastraba un déficit histórico desde la era de Eric Adams, exacerbado por un “underbudgeting” o subpresupestación crónica. Es decir, se presupuestaba sistemáticamente menos de lo que realmente costaban programas críticos como los vouchers de renta CityFHEPS o las horas extra de la policía y bomberos. A esto se sumó un entorno económico incierto, marcado por un mercado laboral apático y las tensiones globales por eventos como la guerra con Irán.
Mamdani denunció que el déficit se infló artificialmente al no ser honestos con los gastos obligatorios. La administración anterior ponía en el papel que gastaría, por ejemplo, USD 500 millones en vales de vivienda, sabiendo perfectamente que la tendencia real indicaba que se gastarían USD 1.000 millones. ¿Por qué? Reconocer un déficit de ese tamaño es abrir la puerta a que el Estado tome control de tus finanzas o a que tu popularidad se desplome. No era viable para el exalcalde Adams.
Además, la ciudad enfrentaba el fin de los fondos federales de la era pandémica y un aumento en los costos de los servicios para personas sin hogar. El alcalde Mamdani llegó a calificar la situación en febrero como la “brecha presupuestaria más grande desde la Gran Recesión”, advirtiendo que, sin una intervención drástica, la ciudad caería en un abismo de recortes de servicios que afectaría a los más vulnerables.
El déficit era entonces el síntoma de una ciudad que gastaba más de lo que recaudaba, y cuya estructura de ingresos estaba además atada por las restricciones del gobierno estatal. Nueva York no puede crear o subir impuestos a la renta, o los ingresos de los millonarios, sin la aprobación de la legislatura en Albany y la firma de la gobernadora.
Sin embargo, el alcalde sí tiene más control sobre el impuesto a la propiedad. Cuando Mamdani se encontró con el déficit heredado de USD 12 mil millones, su mensaje fue un ultimátum: la única herramienta que le quedaba para no cerrar hospitales y escuelas es subir el impuesto a la propiedad. Esto habría sido un caos.
¿Qué hizo Mamdani para arreglarlo?
La solución de Mamdani fue una mezcla de diplomacia política y cirugía técnica. Primero, desactivó la “bomba” política al retirar su amenaza de subir los impuestos a la propiedad en un 9.5 %, una medida que, según The New York Times, era “inviable” para los legisladores afroamericanos y centristas. En su lugar, construyó una alianza sin precedentes con la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, logrando un rescate de casi USD 8 mil millones en ayuda estatal.
Esto fue muy sorpresivo. Mamdani es un socialista democrático que llegó al poder con una retórica de confrontación contra las élites. Por el contrario, la gobernadora Hochul representa al ala moderada y tradicional del Partido Demócrata. Lo normal habría sido una guerra abierta. Pero en lugar de atrincherarse en su ideología, Mamdani demostró un pragmatismo inesperado. Cedió en la subida de impuestos para ganarse la confianza de los moderados y, en lugar de pelear con la gobernadora, como hicieron casi todos los alcaldes anteriores, se convirtió en su aliado estratégico.
“Mamdani está disfrutando los frutos de una relación positiva con la gobernadora”, señaló The New York Times, resaltando que financió gran parte del hueco a cambio de apoyo político en un año electoral.
“Hoy estamos cumpliendo la promesa de hacer realidad el cuidado infantil universal gratuito... proporcionando a la ciudad los recursos que necesita para seguir financiando servicios críticos”, afirmó la gobernadora Hochul, quien gana con Mamdani un gran impulso para su reelección.
Luego vino la parte “quirúrgica” de eficiencia. El punto más innovador fue su estrategia con los llamados “Carter Cases”. Nueva York gastaba cerca de USD 1.3 mil millones anuales reembolsando a familias el costo de colegios privados de educación especial, simplemente porque el sistema público no tenía la capacidad de atender a estudiantes con discapacidades.
Mamdani decidió invertir agresivamente en mejorar la educación especial pública para poder absorber a esos alumnos; aunque requiere un gasto inicial, se estima que generará un ahorro neto de USD 149 millones anuales al dejar de financiar la educación privada con fondos públicos.
El alcalde también reestructuró los pagos de pensiones, extendiendo el cronograma hasta 2037, una movida que Andrew Rein, de la Comisión de Presupuesto Ciudadano, anunció como un “truco” que traslada la deuda a los contribuyentes de la próxima década. Es, tal vez, el punto más criticado.
“Básicamente, al extender los pagos de pensiones, estamos pidiendo a las personas de mediados de la década de 2030 que resuelvan la brecha presupuestaria de 2027, y eso simplemente no es justo”, dijo Rein a Politico.
Por otro lado, encontró USD 1.2 mil millones adicionales simplemente eliminando fondos para puestos de trabajo en la ciudad que estaban vacíos y que nadie planeaba ocupar, y sumó otros USD 1.77 mil millones reduciendo horas extra innecesarias y consolidando contratos tecnológicos externos. Por último, implementó su firma ideológica: el impuesto “pied-à-terre” de hasta un 4 % para viviendas de lujo de más de USD 5 millones y eliminó un beneficio fiscal para empresas de altos ingresos, que sumará otros USD 68 millones. Esto envió un mensaje claro.
“A través de nuevos ingresos y una asociación renovada con el estado, alejamos a Nueva York del borde del abismo fiscal”, dijo el alcalde. No ha sido fácil, pero hemos equilibrado el presupuesto y lo hemos hecho sin colocar la carga sobre las espaldas de los neoyorquinos trabajadores”, añadió.
¿Qué viene ahora para la ciudad?
Con las cuentas equilibradas, Mamdani tiene vía libre para ejecutar su ambiciosa agenda, aunque bajo una vigilancia estricta. El presupuesto incluye fondos para promesas como la guardería universal gratuita, cuyo costo es de USD 1.2 mil millones anuales, y la creación de una Oficina de Seguridad Comunitaria centrada en la prevención de crímenes de odio.
También se anticipa el inicio de su piloto de tiendas de comestibles públicas y la expansión de la recolección de basura con contenedores modernos. Sin embargo, el camino no está libre de espinas.
Todo el plan depende de que la economía no entre en recesión, ya que las reservas de la ciudad están al mínimo legal de USD 100 millones.
“No hay forma de que eso sea suficiente dinero en 2027”, advierte Ana Champeny, vicepresidenta de la Comisión de Prespuesto Ciudadano.
Además, Mamdani ha tenido que “tragarse sapos” ideológicos, como retrasar el mandato de reducción de alumnos por clase para ahorrar USD 500 millones, una promesa de campaña que ahora queda en pausa.
Lo que viene es una fase de ejecución donde deberá demostrar que sus ahorros en eficiencia, como invertir en educación especial pública para reducir los costosos reembolsos de colegios privados, realmente dan frutos a largo plazo
La ciudad ha ganado tiempo, pero también la sostenibilidad dependerá de si los ingresos proyectados por los nuevos impuestos a los ricos se materializan. Esto está por verse en los siguientes meses.
¿Impactará esto en las ‘midterms’?
Este presupuesto es, en esencia, un golpe electoral de cara a los comicios de noviembre. Para la gobernadora Hochul, el rescate a la ciudad es una inversión en su propia supervivencia política: necesitaba que Mamdani movilizara al electorado progresista de la ciudad para asegurar su reelección.
Como señala el New York Times, “Hochul necesita la ayuda de Mamdani para atraer a los votantes demócratas”. Si la ciudad se percibe como estable y bien gestionada, el ala moderada y la progresista del partido pueden presentarse como un frente unido capaz de gobernar sin el caos que suele definir a Nueva York.
Pero el gran ganador es el Movimiento Demócrata Socialista (DSA). El éxito de Mamdani es una prueba de concepto: demuestra que pueden administrar la capital financiera del mundo sin que el cielo se caiga. Al evitar el aumento de impuestos a la clase media y restaurar fondos para bibliotecas y parques, Mamdani ha desarmado el argumento republicano de que el socialismo equivale a ineficiencia o impuestos confiscatorios.
“Estamos orgullosos de presentar un presupuesto para la gente trabajadora de esta ciudad”, afirmó Mamdani.
Si este modelo de “gestión progresista” se percibe como exitoso, podría convertirse en el manual de estrategia para los demócratas en todo el país de cara a las elecciones de medio término, probando que se puede ser fiscalmente responsable sin abandonar la justicia social.
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