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El mundial más global

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César Niño
22 de junio de 2026 - 04:48 p. m.
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Se ha solido creer que el fútbol apacigua tensiones y actúa como analgésico ante las tragedias globales. Una pausa colectiva en la que las guerras, las crisis diplomáticas, las rivalidades geopolíticas y las fracturas sociales quedaban momentáneamente suspendidas. Los mundiales funcionaban como una suerte de anestesia planetaria: durante un mes, la gente podía fingir que compartía algo parecido a una comunidad global. La humanidad, por cierto, es muy buena fingiendo.

El Mundial de fútbol masculino de 2026, organizado conjuntamente por Canadá, Estados Unidos y México, no está funcionando para ocultar las tensiones del sistema internacional. Está haciendo exactamente lo contrario. Las exhibe. Las amplifica. Las proyecta en alta resolución, en pantalla gigante y con una repetición constante. Cada partido, cada trámite migratorio, cada restricción de movilidad y cada controversia diplomática terminan recordándonos que vivimos en un mundo crecientemente fragmentado, como siempre lo ha estado, aunque ahora con menos disfraces y menos capacidad para ocultar sus contradicciones.

La FIFA continúa insistiendo en que el fútbol une al mundo. Sin embargo, el torneo más global de la historia está demostrando que la globalización contemporánea tiene límites muy concretos. El primero de ellos es la frontera. Nunca antes un Mundial había reunido a tantas selecciones ni había involucrado a tantos países anfitriones. Nunca antes la narrativa de la inclusión había sido tan ambiciosa. Paradójicamente, tampoco había sido tan evidente que no todos los ciudadanos del mundo tienen las mismas posibilidades de participar en esa supuesta celebración universal.

Los problemas surgidos alrededor de las restricciones de ingreso para miembros de la delegación iraní constituyen una muestra de ello. Antes incluso de que comenzara el espectáculo deportivo, la política internacional ya ocupaba un lugar en la cancha. Lo mismo ocurre con ciudadanos de otros países sometidos a mayores controles migratorios o a procedimientos extraordinarios de revisión. El mensaje resulta difícil de ignorar: la competencia más global del planeta se celebra en un espacio donde la movilidad es restringida. Es una paradoja excelente y una contraposición de acontecimientos de primer orden. El torneo que promete reunir al mundo termina recordando, precisamente, las múltiples formas en que ese mismo mundo permanece dividido.

Hay que anotar algo que se ha vuelto especialmente importante. El pasaporte no es únicamente un documento de identidad que permite recordarnos la vigencia del régimen internacional de la migración; es una credencial geopolítica. Determina quién puede cruzar fronteras, quién puede estudiar, trabajar, viajar o asistir a un evento deportivo internacional sin mayores obstáculos. También determina quién debe someterse a sospechas, controles adicionales, revisiones extraordinarias o demoras burocráticas. Por eso, el Mundial de 2026 termina revelando algo mucho más importante que el rendimiento deportivo de las selecciones nacionales. Lo que realmente está mostrando es una configuración a pequeña escala de las grandes tensiones, contradicciones, paradojas y rivalidades que caracterizan al sistema internacional contemporáneo.

Esto resulta particularmente visible en el caso estadounidense. Ningún país promovió con tanto entusiasmo la expansión de los mercados, la interdependencia económica y la

conectividad global después de la Guerra Fría. Ninguna potencia defendió con tanta convicción las virtudes de un mundo abierto. Sin embargo, es precisamente Estados Unidos el principal anfitrión de un torneo que hoy enfrenta cuestionamientos relacionados con restricciones migratorias, controles de ingreso y obstáculos para aficionados y delegaciones provenientes de diversas regiones del planeta.

Quizás por eso este torneo representa una metáfora tan precisa de la época que vivimos. No porque consiga unir al planeta, sino porque expone sus fracturas. No porque suspenda la geopolítica, sino porque la reproduce. No porque silencie las desigualdades, sino porque las vuelve visibles. El Mundial ya no funciona como una tregua frente a las tensiones internacionales; se ha convertido en uno de los escenarios donde estas se manifiestan con mayor claridad.

Hace tiempo que el fútbol, como espectáculo, dejó de ser un refugio frente a las tragedias globales. Hoy es uno de sus escenarios más eficaces. Es un Mundial incómodo de ver. Se siente extraño querer creer que los partidos puedan poner entre paréntesis las bajas pasiones colectivas, los nacionalismos exacerbados, las exclusiones y las disputas por la movilidad. Pero, si nos fijamos bien, este puede ser el Mundial más global de la historia. No porque nos recuerde lo que tenemos en común, sino porque exhibe, sin filtros, todo aquello que nos divide. Es el mundo viéndose a sí mismo en una pantalla gigante, fragmentado, contradictorio, desigual y transmitido en directo por streaming

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César Niño

Por César Niño

Profesor de Relaciones Internacionales.@cesarnino4
Conoce más

 

Ulises20(10892)23 de junio de 2026 - 10:04 p. m.
Estas evidencias ratifican mi convicción de que lo único realmente globalizado es el miedo y la estupidez.
Epicar(du7sp)23 de junio de 2026 - 05:36 p. m.
1. Según los estatutos de la FIFA, cuando un país es elegido sede de un torneo o evento oficial, la FIFA exige que el gobierno anfitrión garantice el acceso al país, los visados correspondientes y la libre circulación de todos los equipos, oficiales, delegados y aficionados, sin discriminación de ninguna índole. Todos los países, menos EEUU.
Epicar(du7sp)23 de junio de 2026 - 05:33 p. m.
2. Cero discriminación y derechos humanos: La legislación prohíbe de manera estricta cualquier tipo de discriminación por motivos de raza, origen nacional o social, género, religión u opinión política, bajo pena de sanción. No escrita las excepciones que el señor Infantino, de rodillas, conceda a Trump.
Mario Bernardo Figueroa Muñoz(14871)23 de junio de 2026 - 11:12 a. m.
Exigimos que se cumpla la ley: escrutinios libres y limpios, no FRAUDE. Que se incluyan los votos (no solo las actas) del exterior.
Dionisio(cvtsc)23 de junio de 2026 - 09:23 a. m.
Una hipótesis interesante profe Niño pero tiene un "pecado original": la sede del mundial la ganó EEUU bajo un gobierno demócrata. Si Trump no fuera el presidente, probablemente su artículo no sería necesario. O puede servirnos de advertencia sobre qué sucederá con el mundial de España si llegan al poder PP/Vox: ¿restringirán el acceso a los aficionados como el ICE en EEUU? Ahí es donde queda al desnudo el problema del auge de la ultraderecha en el mundo.
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