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El pensamiento militar venezolano

En tres años, el gobierno del vecino país adquirió un crédito de 5,4 mil millones de dólares en armas rusas. Aunque Chávez argumenta que se prepara contra Estados Unidos, se convierte en una amenaza para Colombia.

Ricardo Esquivel* / Especial para El Espectador

02 de diciembre de 2008 - 06:00 p. m.
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Pedro El Grande (1682-1725) inauguró la política exterior de la Rusia zarista de expansión en todas las direcciones. Contra Turquía en el mar de Azov; contra Suecia en el Báltico; contra Persia (actual Irán) en el Caspio. Entonces Rusia fue reconocida como una de las grandes potencias europeas.

“Pedro El Grande” es el crucero misilístico ruso que lidera la flota naval que esta semana realiza maniobras navales con Venezuela en el Caribe. Las operaciones fueron una respuesta al apoyo que Estados Unidos dio a Georgia al atacar a Osetia y a la creciente presencia militar estadounidense en el espacio ex soviético. Hacen parte, también, de una estrategia que refleja la política exterior del presidente Vladimir Putin, continuada por su sucesor Dmitri Medvedev, de fortalecer la preponderancia mundial de Rusia tras el colapso de la Unión Soviética en 1991.

Otro medio ruso para fortalecerse es la venta de armas. Mercado donde coincide con el “Nuevo pensamiento militar” de Venezuela. Las maniobras ruso-venezolanas “Venrus 2008” también fueron vitrina de ventas. Primero, en septiembre, Venezuela consintió las pruebas de dos bombarderos estratégicos rusos TU-160 (Blackjack), entre su base de Maracay y el sur de Brasil. Ahora, en diciembre, Venezuela probó los submarinos rusos tipo Kilo de los que planea adquirir hasta cinco y luego otros cuatro del tipo Amur.

Entre 2005 y 2007, Venezuela adquirió US$4,4 billones en armas rusas y en 2008 obtuvo un crédito ruso por US$1 billón más. Las primeras incluyeron 24 aviones Sukhoi Su-30MK, 53 helicópteros de combate y transporte (Mi-17, Mi-35 y Mi-26) y 100.000 fusiles AK-103. Con el crédito adquiere 20 sistemas de misiles antiaéreos TOR-M1, helicópteros de combate Mi-28 y varias decenas de vehículos de combate de infantería BMP-3.

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El “Nuevo pensamiento militar” venezolano advierte del desequilibrio en caso de un conflicto entre las “grandes potencias” y Venezuela. Se reclama como una ideología tendiente a garantizar la defensa y la soberanía del país, cuyas fuentes incluyen clásicos de la guerra y la política desde Sun Tzu, Aristóteles, Maquiavelo, Bolívar, Martí, Che Guevara, hasta la actual doctrina de guerra asimétrica. Sugiere, además,  las directrices geoestratégicas de Chávez, a saber: el protagonismo de Venezuela en los ámbitos regional y global; la alianza con poderes alternos como Rusia, China, Irán e India; potenciar el recurso nacional estratégico, el petróleo y fortalecer la capacidad de defensa nacional.

El garante del proyecto chavista es la Fuerza Armada Nacional (FAN). Ésta tenía cuatro componentes: Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Guardia Nacional. Desde 2008 tiene un quinto componente, el Comando de Reserva y Movilización Nacional, pues depende directamente del presidente, tiene presupuesto propio y se organiza en 42 batallones. En suma, la FAN cuenta con más de 82.000 efectivos, mientras que la Reserva hasta el año pasado proyectaba 1’500.000 inscritos.

La Reserva a futuro espera preparar nueve millones de venezolanos para resistir una invasión de Estados Unidos. Aunque, según la Ley Orgánica de la FAN, también debe “cooperar (sic) en mantener el orden interno”. Siendo así, ¿para qué Chávez rearma la FAN? En estricto, ninguna alianza internacional ni su armamentismo evitarían que en un ataque convencional Estados Unidos liquidara la FAN venezolana.

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El armamentismo de Chávez está dirigido a obtener una ventaja militar. Aunque Venezuela reclama territorio a Guayana Británica y ocupó la isla de Aves para reivindicar su zona económica exclusiva en el Caribe oriental, donde confluyen posesiones de Estados Unidos, Francia y Holanda, hoy día Venezuela sólo mantiene dos antagonismos simultáneos, uno territorial y otro político, con un país: Colombia.

En 1992 Chávez propició el golpe militar contra el gobierno de Carlos A. Pérez por dos razones: la primera, cesar el reajuste económico impuesto por el Consenso de Washington; la segunda, impedir que ese gobierno concluyera con Colombia un acuerdo de límites en el golfo de Coquivacoa. Ciertamente, la Constitución política venezolana afirma en su artículo 10 que el territorio de ese país es el que correspondía a la Capitanía General de Venezuela antes de 1810. Es decir, omite cualquier acuerdo limítrofe con Colombia.

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No puede afirmarse que el armamentismo venezolano altera el equilibrio con Colombia. Tal equilibrio no existe, pues las fuerzas militares colombianas están diseñadas contra la insurgencia y las venezolanas para un conflicto convencional. Las maniobras y el armamentismo de Chávez son una amenaza creciente contra Colombia.

El tan cacareado apoyo de Estados Unidos y la operatividad militar colombiana hoy no evitarían que Chávez paralice con un ataque convencional las fuerzas colombianas. Y, a mediano plazo, las Reservas venezolanas aliadas con los grupos subversivos colombianos pueden favorecer si no ganancias territoriales, un cambio de signo político en Colombia.

Profesor de geoestrategia y seguridad de la Pontificia Universidad Javeriana.

Por Ricardo Esquivel* / Especial para El Espectador

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