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Las fricciones entre la Casa Blanca y la Santa Sede serían más grandes de lo que se ha visto en público, según documentaron esta semana el periodista Christopher Hale, autor de la publicación Letters From Leo, la cual sigue la agenda del papa León XIV, y Mattia Ferraresi, del medio The Free Press.
Según los reporteros, los problemas empezaron luego de que el papa León XIV rechazó la invitación de la Casa Blanca para visitar a su país natal, Estados Unidos, el próximo 4 de julio, con motivo de las celebraciones por el 250 aniversario de la independencia estadounidense.
El propio vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, le extendió personalmente la invitación a León XIV en mayo de 2025, tan solo dos semanas después de que el cardenal Robert Prevost fuera confirmado como la nueva cabeza del Vaticano.
Si bien la Santa Sede barajó la opción de que León XIV visitara Estados Unidos en julio de este año, los desacuerdos sobre política exterior con la Casa Blanca, y el temor de que el viaje pudiera ser presentado como un “trofeo partidista” antes de las elecciones de medio término del próximo noviembre en EE. UU., hicieron que el Vaticano pospusiera la confirmación de la reunión.
Finalmente, el trato que se le estaba dando a la población migrante por parte de la administración de Donald Trump hizo que el Sumo Pontífice declinara del todo la invitación. Pero el rechazo no se quedó ahí.
La tensión se hizo evidente en público luego de que León XIV eligiera visitar en su lugar el próximo 4 de julio a Lampedusa, la isla italiana a la que llegan miles de migrantes del norte de África. Fue una clara pulla a la administración Trump.
En enero, luego de que el papa León XIV diera un discurso al cuerpo diplomático del Vaticano sobre el estado del mundo, el Pentágono reaccionó furioso, según Ferraresi.
“Una diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso entre todas las partes está siendo reemplazada por una diplomacia basada en la fuerza, ya sea por individuos o grupos de aliados”, dijo entonces León XIV.
El subsecretario de Defensa para Asuntos Políticos, Elbridge Colby, habría convocado en enero al cardenal Chistophere Pierre, quien se desempeñaba como embajador del Vaticano en Washington, para tener una conversación con tono amenazante.
Según The Free Press, Colby le recordó al cardenal Pierre que Estados Unidos era una potencia militar, por lo que la Iglesia Católica le convendría “ponerse de su lado”. Adicional a esto, otro funcionario del Departamento de Defensa le recordó a Pierre la historia del Papado de Aviñón.
El Papado de Aviñón fue un periodo entre 1309 y 1377 en el que la sede de la Iglesia Católica se trasladó de Roma a Francia, debido a la fuerte influencia y presión militar de la Corona francesa sobre el Vaticano. Esta etapa se consolidó tras las muertes de los papas Bonifacio VIII y Benedicto XI, lo que permitió que siete pontífices consecutivos (todos de origen francés) gobernaran desde la ciudad de Aviñón, que en ese entonces pertenecía al Sacro Imperio Romano.
Durante este tiempo, la autonomía del papa quedó supeditada a los intereses políticos y la fuerza de los monarcas franceses, marcando un precedente histórico de cómo una potencia militar podía doblegar la voluntad de la Santa Sede.
Un funcionario del Departamento de Defensa le dijo al medio Military.com, que sigue de cerca al Pentágono, que las declaraciones de The Free Press sobre la reunión fueron “exageradas y distorsionadas”.
“La reunión entre funcionarios del Pentágono y del Vaticano fue un diálogo respetuoso y razonable. Sentimos el mayor respeto y acogemos con beneplácito la continuidad del diálogo con la Santa Sede”, añadió el funcionario.
Algunos sectores de la comunidad católica en Estados Unidos han empezado a reaccionar a las supuestas amenazas. Francis DeBernardo, director de una organización católica en Maryland, le dijo a Military.com que “si el informe es preciso, simplemente revela la ridícula arrogancia de los funcionarios del Pentágono y de la administración Trump al pensar que tienen el poder de desestabilizar una institución tan sólida como el papado”.
Por su parte, el vicepresidente Vance manifestó que no había visto el reportaje, por lo que se resistió a opinar sobre este. También dijo que no conocía quién era el cardenal Pierre. Cuando una reportera le recordó que era el embajador ante la Santa Sede, Vance recordó que lo había visto y dijo que le gustaría hablar personalmente con él.
El jueves en la tarde, el embajador estadounidense ante el Vaticano, Brian Burch, intentó calmar las aguas hablando a nombre del cardenal Pierre, con quien sostuvo una breve reunión.
“Como era de esperar, (Pierre) confirmó que las recientes caracterizaciones mediáticas de su reunión con el subsecretario Colby son ‘fabricaciones’ que fueron ‘simplemente inventadas’. Dado la inteligencia y seriedad del señor Colby, tampoco me sorprendió cuando Su Eminencia reconoció que no hubo amenazas de ningún tipo en la reunión. ‘Fue una reunión franca y cordial que tuvo lugar hace dos meses’. ¿Amenaza de Aviñón? Ninguna”, escribió Burch.
Ni el Vaticano ni el cardenal Pierre se han pronunciado personalmente sobre lo ocurrido.
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