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El poder de “La Señora”

En Argentina se dice que nadie gobierna sin el guiño de la dueña del grupo Clarín, uno de los emporios mediáticos más grandes del país.

Nicolás Cuéllar Ramírez / Buenos Aires, Argentina

02 de enero de 2010 - 04:00 p. m.
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Como una vieja y recurrente pesadilla vive Ernestina Herrera de Noble, la mujer más poderosa de Argentina, la adopción de sus dos hijos, caja de Pandora que, ahora abierta, comienza a revelar sus más oscuros secretos. Con 84 años, La Señora, como se conoce a la dueña del imperio mediático del diario Clarín, no ha podido desprenderse de una investigación que la persigue desde hace más de una década y que incluso la llevó a estar encarcelada por las supuestas maniobras que culminaron en la adopción de dos bebés durante la dictadura argentina.

Con una de las mayores fortunas de Latinoamérica, Ernestina, quien es casi invisible para los argentinos por su hermetismo y su forma de vida discreta, ha aprendido a manejar el poder que la rodea desde que conoció a Roberto Noble en 1950. Con 25 años, de menuda figura, esta apasionada bailarina de flamenco se enamoró de aquel abogado y periodista, con aires de seductor, que influía a través de su diario a los mandatarios de turno, incluido el general Perón, y que la perseguía por los teatros porteños.

Paciente, tuvo que esperar casi diez años a que Noble formalizara su divorcio con su primera esposa, Guadalupe Zapata. En 1967 se casaron y tan sólo un par de años después quedaría viuda y heredaría la empresa, no sin antes enfrentar una dura batalla con la que desplazaría al resto de la familia para quedar a la cabeza del diario.

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El cuarto poder

Sin ningún conocimiento periodístico ni político, la señora convertida en viuda, siguiendo los propósitos y consejos de su marido, se hizo cargo del diario más influyente del país y aprovechó esta situación para negociar directamente con los presidentes leyes y directrices que sirvieran a sus intereses.

Gobierno a gobierno se convirtió en el verdadero cuarto poder de Argentina y en la dueña de uno de los más grandes imperios mediáticos de Suramérica. Durante los primeros años de la dictadura acordó con los militares la constitución de una empresa que le permitiera autoabastecerse con papel para la publicación del matutino. En los años de Carlos Menem, negoció con éste la posibilidad de que Clarín tuviera una radio y un canal de televisión, lo que le permitió comenzar a establecer su emporio.

Con Alfonsín, con Duhalde e, incluso, con Kirchner, La Señora ha sido protagonista en la trastienda de las más relevantes decisiones políticas, incluida el cambio a pesos de sus deudas. Tal como describe el periodista Pablo Llonto en su libro La Noble Ernestina, “nadie puede gobernar en Argentina sin su apoyo”.

Sin embargo, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner parece querer romper con ésta y ha decidido liderar una guerra contra Clarín en todos los terrenos. La primera estocada fue la operación kirchnerista “Fútbol para todos” que le arrebató al Grupo Clarín la exclusividad sobre las transmisiones de los partidos del torneo local. Después fue la aprobada Ley de Medios, que los obligará a reducir el número de empresas de su emporio. Y, finalmente, la Ley de ADN, que obliga a los hijos de Noble a hacerse pruebas de sangre para determinar si son hijos de desaparecidos durante la dictadura militar encabezada por Rafael Videla entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983.

En los últimos días de 2009 un juez ordenó la toma de la prueba a Marcela y Felipe Noble, lo que permitiría develar su verdadera identidad. En la Casa Rosada están convencidos de que si se comprueba su origen, el golpe a la credibilidad del Grupo Clarín y de su dueña sería letal.

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La Señora nunca se pronuncia en público sobre estos temas. Sus opiniones sólo las conoce su histórico socio y aliado, como le gusta definirlo a ella, Héctor Horacio Magnetto, CEO del grupo. Según denuncias hechas por Abuelas de Mayo, habría sido él quien habría negociado la adopción de sus hijos directamente con el general Videla. Sería él quien diera la orden en las salas de redacción de no tocar el tema de los desaparecidos en el diario.


Pero sería ella quien, tras estar presa por 66 días hace ocho años, se viera obligada a escribir en un editorial sobre la posibilidad de que sus hijos y sus padres biológicos “hayan sido víctimas de la represión ilegal”. El incidente no pasó a mayores y después de eso el misterio volvió a ser envuelto por un hermetismo total. En las reuniones que Ernestina y su segundo al mando sostienen cada 15 días en la casa que tiene en la localidad de Martínez, hablan de extorsiones, llamadas intervenidas y guerra sucia como parte de una ofensiva política por parte del gobierno.

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Pero a esta mujer nada parece robarle la calma. A la viuda de Noble no la escandalizan las eventuales pérdidas económicas, tampoco los ataques de los que dice ser víctima. Aprendió ya hace muchos años a vivir estas situaciones como una consecuencia natural de su función mediática.

La experiencia de pasar incólume por varios gobiernos le ha dado la razón. Por eso, pasea orgullosa cuando va a las oficinas del diario y predica al entrar a la sala de redacción: “El poder pasa, los medios permanecen”.

Una relación tormentosa

Los Kirchner y la dueña de Clarín no siempre tuvieron una relación difícil. Durante el gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) se vivió una luna de miel. En el año 2005, mediante un decreto, el presidente le extendió al grupo mediático la licencia por 10 años más de los 15 que ya tenía, es decir, hasta 2030. Además, días antes de terminar su mandato, Néstor Kirchner permitió —de manera poco clara— que el Grupo Clarín monopolizara las señales de cable y así se fusionaron Multicanal y Cablevisión.

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Sin embargo, a tres meses de haber asumido Cristina Kirchner se desató el conflicto con el campo. Clarín se puso de parte de los agricultores de soja y en sus informaciones atacó al gobierno de Cristina Fernández. Esto desató la ira de los Kirchner, quienes comenzaron a hablar en contra del medio. A partir de ese momento, el Gobierno ha insistido en la necesidad de desmonopolizar los medios en Argentina.

Abuelas detrás de hijos de Herrera

Desde 1983, fecha del regreso de la democracia a Argentina, la Asociación Abuelas de la Plaza de Mayo se ha dedicado a recuperar a los niños de desaparecidos nacidos en cautiverio y entregados a familias adineradas por el régimen militar. Ya han identificado a cien nietos y, después de un largo litigio con Ernestina Herrera de Noble, están a punto de saber si Marcela Noble Herrera puede ser en realidad hija de Bárbara Miranda y Roberto Lanuscou, militantes de la guerrilla “Montoneros”, dados por muertos en un tiroteo con militares en septiembre de 1976.

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Felipe Noble Herrera, el otro hijo de Herrera, sería hijo de María del Carmen Gualdero, secuestrada en junio de 1976, cuando estaba a punto de dar a luz.

Por Nicolás Cuéllar Ramírez / Buenos Aires, Argentina

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