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Tras las elecciones municipales transcurridas el domingo, como primera, y quizá más oportuna consecuencia, cabe resaltar la oxigenación que el chavismo ha experimentado tras los ocho meses de Nicolás Maduro como presidente.
La oposición, desde el inicio de la campaña, trató de utilizar los comicios como un plebiscito desde el que examinar, y socavar, la figura del sucesor de Chávez. Sin embargo, 210 alcaldías de 335, frente a 53 del MUD; una diferencia en la intención del voto de un 6.5% (un 5% más que en abril de 2013); y una distancia de 675.000 votos son cifras que no se pueden pasar por alto.
Aunque no se cuestionaba la esencia del bolivarismo, el PSUV se ha consolidado como el partido que irradia el proyecto político bolivariano. Nicolás Maduro fortalece su figura de líder y su gobierno incorpora unas dosis de legitimidad de gran valor que, en principio, deben servir para consolidar la gobernabilidad en Venezuela.
Desde el imaginario bolivariano, estas elecciones deben servir para la construcción de un proyecto cuyos horizontes han de trascender del carisma chavista. Existen instrumentos y razones desde las cuales seguir consolidando un proceso que transforma la relación Estado-Mercado-Sociedad Civil y que, no se nos olvide, ha inspirado otros procesos rupturistas como Ecuador o Bolivia.
Esta distancia debe, no obstante, construirse sobre la base de mantener las conquistas de la soberanía popular tenidas lugar en los últimos quince años y ahondando en la necesidad de crear una construcción política donde la base popular siga siendo su razón de ser. Es por ello que el hecho de que el simbolismo chavista haya perdido fuerza con respecto abril y que haya acontecido una mayor participación política que en otras elecciones son dos notas positivas y a tener en cuenta.
Lo cierto es que, con todo, el proyecto bolivariano tiene para sí de dos años de tranquilidad, sin elecciones en el horizonte, que debe construir para consolidar las que deben ser las bases de su gobierno actual. Profundizar las conquistas en salud, educación y seguridad alimentaria; fortalecer y dar continuidad a los mecanismos de fortalecimiento institucional del Estado frente a la inseguridad y la corrupción; y mejorar los mecanismos de gestión y prevención de crisis dentro del orden económico son las prioridades. Los próximos dos años, dentro de este contexto, pueden devenir nucleares, si se aprovecha la oportunidad, en la construcción de un proyecto alternativo que, aun sin Chávez, tiene muchas cosas interesantes que decir.
Investigador en Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid.