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“Ser políticamente correcto quita demasiado tiempo. Yo tengo mucho por hacer”, dijo esta semana en su cuenta de Twitter Donald Trump al arremeter contra Fox, cadena de televisión organizadora del último debate presidencial previo a la primera elección del calendario electoral, este lunes en Iowa.
“Ese debate es una farsa. Tanto el rating como los anunciantes saldrán perdiendo”, añadió en un trino que se convertiría en sentencia. A pesar de su ausencia en el debate del pasado jueves, el cual redujo su sintonía en 33% según Nielsen, el multimillonario, que sigue punteando todas las encuestas, fue la tendencia en Twitter, siendo mencionado 36% más que todos los candidatos republicanos juntos.
“Es claro que la audacia incendiaria que maneja Trump en las redes sociales le ha permitido explotar a los medios tradicionales, poniéndolos a trabajar para su campaña”, explica Christopher Kerns, analista de Spreadfast, compañía de manejo y estrategia de plataformas digitales con sede en Nueva York. “Trump está dando una potente lección sobre el poder y alcance de las plataformas digitales”.
Increíble, asqueroso, perdedores, payaso, estúpido, mentirosos, cobardes, son algunas de sus palabras favoritas en sus entradas de Twitter, las cuales han sido mencionadas más de 43 millones de veces en esa red social desde que lanzó su candidatura, el pasado 16 de junio, algo de lo que no se tiene precedente, según Crimson Hexagon, empresa que analiza tráfico y tendencias de las redes sociales.
Mientas sus archirrivales, como Jeb Bush, han gastado más de US$30 millones en anuncios de prensa, comerciales de televisión y vallas publicitarias, junto a los US$16 millones de Marco Rubio, US$21 millones de Hillary Clinton y US$14 millones de Bernie Sanders, Trump sólo ha gastado escasos US$300.000.
Con más de 5.9 millones de seguidores en Twitter, más que cualquier otro candidato presidencial, al magnate de 69 años le basta postear un trino o colgar un video en Instagram para que miles de personas los repliquen y los conviertan en tendencia. De esta forma asegura que los medios de comunicación lo hagan noticia.
En materia de políticas y agenda de gobierno, Trump es tan superficial como sus entradas en las redes sociales, las cuales sólo apelan a la controversia y a la visceralidad de sus seguidores. “Él no necesita los medios, son ellos los que se han beneficiado de sus controversias. Cuando el debate político se reduce a hashtags, la substancia pasa a un segundo plano”, concluye Kerns.
Trump se ha referido a los mexicanos como violadores, ha pedido la expulsión de todos los musulmanes de Estados Unidos, ha ridiculizado la salud y la apariencia de sus contrincantes llamándolos títeres y fantoches. Ha llamado estúpidos a los que no voten por él. Se ha ido en contra de los barones de su propio partido, llamando al propio John McCain y los hermanos Koch anticuados y opresores.
Con Obama tampoco ha tenido reparo al llamarlo varias veces bufón y patético. La razón, explica Will Jasso, profesor de comunicaciones digitales de la Universidad de Syracuse, es que lo puede hacer ya que, a diferencia de los demás candidatos, en su totalidad políticos de profesión, Trump no recibe dinero ni apoyo de nadie más que de su cuenta bancaria y sus seguidores online.
En lo que va de su campaña presidencial, Trump no sólo ha logrado dominar Twitter sino otras redes sociales, como Facebook, Instagram, Youtube, Vine y Periscope, convirtiéndolas en sus herramientas de difusión políticas más contundentes. Lo dijo recientemente en Twitter Dan Pfeiffer, exasesor de comunicaciones de la última campaña de Obama: “Trump domina las redes como ningún otro candidato, por eso está arrasando”.
Y es que su poder ha sido asfixiante, no sólo en la difusión sino en lo que ha logrado con ello. Luego de un trino con el que amenazaba retirarse de un debate presidencial en octubre pasado, logró que CNBC redujera el tiempo del evento a dos horas. Lo mismo hizo con ABC luego de amenazar con no asistir a otro careo si no se retiraba a uno de sus patrocinadores, el Union Leader, un periódico de New Hampshire crítico de Trump. De igual forma logró presionar al Comité Nacional Republicano a romper su alianza para los debates que quedan en el calendario electoral con el National Review, una prestigiosa publicación republicana, luego de que ésta publicara una edición especial en contra de su campaña. “No es secreto que Trump genera audiencia y eso es algo a lo que los medios de comunicación, quiéranlo o no, le hacen reverencia”, concluye Jasso.
Donald Trump siempre tiene la razón, o así lo da a entender en sus trinos, y al que diga lo contrario le cae todo su peso y el de sus seguidores online. Desprestigiar a sus oponentes y alardear de sus números en las encuestas es el pan de cada día en sus redes sociales. “Puedo salir a la Quinta Avenida y matar a alguien y no perdería ni un solo voto”, dijo recientemente el magnate hotelero, quien se hiciera famoso mundialmente con su reality show El Aprendiz.
El responsable de este furor es Justin McConney, un joven de 29 años que comenzó como colaborador para redes sociales de Miss Universo en 2009 y pronto se convirtió en la mano derecha de Trump en plataformas digitales. Cuando comenzó como su asesor en 2011, Trump sólo tenía escasos 300.000 seguidores en Twitter y sólo 100.000 en Facebook. Hoy, a punto de llegar a los 6 millones de seguidores, le pisa los talones a Barack Obama, una de las celebridades más grandes del planeta.
La estrategia de McConney fue simple y concisa: hay que ser controversial, extremadamente real y carismático. Así convenció a Trump de trinar por los menos cinco veces al día sobre temas del ciclo noticioso, así como hacerlo simultáneamente durante eventos culturales y políticos, desde el Super Bowl, discursos presidenciales, conciertos, etc. Ser frívolo y hablar de chismes y farándula ha sido también parte esencial de la estrategia para alcanzar la cercanía con la gente.
Permitir que le hicieran preguntas a través de Twitter (#AskTrump) y que él mismo las respondiera casualmente desde su oficina o el campo de golf a través de videos de 15 segundos en Instagram y Vine, le permitieron hacerse con la corona del antipolítico, aquel que puede decir lo que quiera, como sea y de quien sea.
No hay forma de desconocer el impacto de Twitter y las demás plataformas en la política actual. La gran pregunta que queda es si podrá Trump transformar esta fuerza en votos para llegar a la Casa Blanca. La historia muestra que Roosevelt fue presidente por haber sido el primero en usar la radio para movilizar a la gente, Kennedy lo hizo con la televisión y Obama con internet. ¿Podría ser entonces Trump el primero en hacerlo gracias a las redes sociales? Por ahora, ganar el día de mañana en Iowa, donde mantiene una ventaja de siete punto en las encuestas, es el primer paso.