Michael Collins, director ejecutivo para las Américas del Instituto para la Economía y la Paz, habló con El Espectador sobre los hallazgos del más reciente Índice Global de Terrorismo, que analizó ese tipo de actuar criminal en el mundo durante 2025. Aunque hay mejoras, como la reducción las muertes y los incidentes, varios fenómenos obligan a no bajar la guardia.
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El informe habla de un descenso en el número de muertes y de incidentes por terrorismo, pero también de que hay peores condiciones generadoras de terrorismo. ¿Cómo entender eso?
Hemos visto mejoras este último año: una reducción de 28 % en número de muertes, 20 % en incidentes globalmente. La mayoría de los países alrededor del mundo mejoraron en aspectos relacionados al terrorismo. Y si lo miramos en comparación de los de la última década, hemos visto mejoras prácticamente en todas las regiones, menos en el África subsahariana.
Uno de los elementos donde se ha visto mejoras está en lo que llamamos el Sahel, área central de África, donde hasta el momento había habido un gran aumento en terrorismo específicamente del Estado Islámico y de Al Qaeda.
En esos países en particular el fenómeno se redujo el año pasado porque los grupos terroristas han ocupado mucho más territorio y en muchos sentidos lo controlan. Entonces, tal y como con los carteles, hay guerras entre los grupos y eso crea un gran aumento en conflictos, homicidios, y con el terrorismo es un poco similar.
Es decir, ¿hay una reducción porque la cuestión se normalizó y porque grupos como el Estado Islámico básicamente ya controlan los territorios?
Sí, exactamente eso. En estados como Mali o Niger, el Estado controla lo que son los centros urbanos, pero en las zonas más rurales donde hay una falta de presencia de Estado, es ahí donde controlan estos grupos extremistas. He comentado los grupos más letales, pero hay muchísimos más.
En el informe destacan las fronteras como un caldo de cultivo propicio para el terrorismo. ¿Por qué y de qué regiones estamos hablando?
Hablamos de varias, y en el caso de Colombia, la frontera con Venezuela. Tenemos al ELN y las disidencias de las FARC, que se han extendido básicamente lo que son 2000 km. de frontera con Venezuela y se han establecido en la zona del Catatumbo, desde hace varios años, pero especialmente ahora.
Vemos que el 40 % de los incidentes terroristas ocurren a menos de 50 km de lo que sería una frontera y casi el 70 % a unos 100 km.
Hay tres dinámicas: la capacidad de irse al otro lado de la frontera, e incluso a veces de entrar con armas o recibir soporte del Estado externo. Esto es especialmente relevante en el caso de la República Democrática del Congo. Lo segundo es el contexto de África, con el legado de las fronteras coloniales que cortaban territorio entre diferentes etnias y que han creado muchísimo conflicto, y el conflicto está muy relacionado con el terrorismo. El 90 % de los actos terroristas ocurren en una zona donde hay altos niveles de conflicto. Tercero, las fronteras también son montañosas, hay ríos; entonces hay poca presencia del Estado más allá de la frontera inmediata, lo que crea zonas aptas para el desarrollo de estrategias tanto criminales como terroristas.
El informe destaca la mutación de los grupos terroristas. Cuéntenos más sobre eso.
En el caso de Irak y de Siria, donde se estableció el califato del Estado Islámico del 2014 al 2016, evidentemente se ha reducido mucho. El terrorismo en Irak en particular se ha reducido más de un 90 %, pero ha habido la transferencia hacia lo que llamamos el Sahel y el África subsahariana. Hablamos de Mozambique, Nigeria, República Democrática del Congo. Es un poco más difuso de lo que fue en su momento en el sentido de que en realidad son varios grupos, en varias provincias, que operan de una manera más descentralizada, pero sigue siendo el grupo terrorista más letal en el mundo, seguido del TTP, que es el talibán en Pakistán; el JNIM, que es el apartado de Al-Qaeda en esta zona del Sahel que mencionamos y luego Al-Shabaab en Somalia.
¿Qué pasa en América Latina?
Colombia es el país más afectado por terrorismo en la región, el noveno más afectado globalmente; tiene el tercer mayor deterioro tanto en incidencias como en muertes por el terrorismo. El único país que quedaría afectado más allá de aspectos relacionados al conflicto y al homicidio sería Chile, en este caso con elementos extremistas dentro de la comunidad mapuche. Sin olvidar evidentemente que el impacto de los carteles es muy grande. Aunque EE. UU. los ha designado como tales para liberar recursos, en el índice no queda contabilizado como terrorismo. En ese caso hablamos de compañías criminales y de actividades criminales hiperviolentas. A diferencia del Estado Islámico, en el contexto de los carteles hablamos de una motivación puramente económica, no ideológica.
El informe subraya la participación de los jóvenes como perpetradores. Se podría decir entonces que hay una instrumentalización de esta población.
Por supuesto. Globalmente hay relativamente pocos datos, pero los que hemos visto se relacionan con los que llamaríamos “el Oeste”: Estados Unidos, Europa, Australia, Nueva Zelanda, donde, por cierto, se vio el mayor deterioro en niveles de terrorismo, 280 % el año pasado. Pero hay que decir que es una base muy pequeña, de no más de 50 muertes e incidentes.
La radicalización ocurre muchísimo más deprisa hoy que hace unos 5 años. Antes era cuestión de meses, ahora es una cuestión incluso de semanas. El ambiente digital lo ha aumentado muchísimo, sobre todo en los jóvenes. Los datos que vemos de planes que han sido interceptados o incluso de ataques o arrestos muestran un aumento en el porcentaje de jóvenes en estos aspectos.
Hay que decir que casi el 75 % de los perpetradores jóvenes de actos terroristas son chicos y chicas que han recibido abusos en sus casas. Es un riesgo, no solamente en Colombia, sino en muchas partes de mundo. Si miramos el contexto de México, la violencia familiar hoy es más frecuente que el robo.
¿Han estudiado el fenómeno de los lobos solitarios?
Sí, eso lo estudiamos plenamente en el índice anterior. Representa un reto muy alto y grave para lo que son los ministerios de seguridad pública porque no se puede hacer un seguimiento de grupo, “seguir el dinero”, y muchísimas veces vemos que también es un combinado de ideologías.
Salen actos extremistas de la nada, con una radicalización de un periodo de semanas, y no necesariamente han sido reclutados por grupos específicos, entonces no se puede hacer una intervención. Es muy difícil poder interceptar este tipo de actos.
¿Cómo está impactando la inteligencia artificial en el terrorismo?
Hay una falta de balance. El contraterrorismo está limitado por aspectos jurídicos. Para bien y para mal, se limita un poco la respuesta para asegurar derechos humanos.
Los grupos criminales no tienen esa limitación y así como se han vuelto expertos en logística y en banca, se están volviendo también expertos en IA, sobre todo con material de reclutamiento: traducción instantánea de las publicaciones de redes sociales, su propaganda, utilizando las respuestas de emergencia para solidificar su mensaje, elementos relacionados al reclutamiento también. Lo estamos explorando.
Estamos en año de Mundial. ¿Han podido analizar algo al respecto, en cuanto a riesgos o preparación?
Hablamos de tres países. En México, las tres principales ciudades para el Mundial son Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Los tres estados tienen retos significativos, sobre todo en elementos relacionados a la extorsión, en narcomenudeo. Con tantas visitas, va a tener un impacto bastante importante.
En el caso de Estados Unidos, damos información al Departamento de Policía. A ellos les preocupa, no solamente por esto, sino también por el aniversario de los 250 años de la independencia. Va a haber muchísima gente que se va a trasladar y eso siempre representa un reto.
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