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19 Dec 2021 - 2:00 a. m.

Entre las zanjas de Kast y las devoluciones de Gabriel Boric

Aunque el ultraderechista José Antonio Kast y el diputado izquierdista Gabriel Boric tienen dos visiones opuestas del país, en el tema de la migración parecen pensar igual.

Txomin Las Heras Leizaola

Este domingo se define en las urnas la segunda vuelta  presidencial en Chile: Gabriel Boric (izq.) o José Antonio Kast (der.). Hoy se conoce el ganador.  / AFP
Este domingo se define en las urnas la segunda vuelta presidencial en Chile: Gabriel Boric (izq.) o José Antonio Kast (der.). Hoy se conoce el ganador. / AFP
Foto: Agencia AFP

Chile vive este domingo, 19 de diciembre, unas cruciales elecciones presidenciales donde se enfrentan dos candidatos ubicados en los extremos del espectro político; una creciente tendencia que estamos viendo cada vez con más asiduidad en América Latina y cuya última expresión presenciamos en Perú entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori.

A la segunda vuelta de los comicios presidenciales llegaron José Antonio Kast y Gabriel Boric. El primero, en representación de una ultraderecha sin mayores complejos, muy al estilo del presidente brasileño Jair Bolsonaro. El segundo, como parte de una alianza de agrupaciones de la izquierda más radical. Será una difícil disyuntiva para millones de chilenos, una vez que los partidos más moderados se quedaron en la primera vuelta.

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En una contienda tan polarizada, las propuestas de ambos candidatos son, por lo tan tanto, bastante disímiles en el campo de la economía, la política y los derechos sociales. Pero ha habido una excepción, una lamentable excepción que ha unido a Kast y Boric en torno a proposiciones bastante similares sobre qué hacer con los migrantes irregulares que han llegado al país.

El abanderado de la ultraderecha ha planteado, no podíamos esperar nada mejor, abrir una zanja en las fronteras del norte del país para impedir o dificultar el paso de los migrantes, una medida en línea con los muros y rejas de la infamia que hoy proliferan en muchas partes del mundo y de los que se hizo adalid Donald Trump, expresidente de Estados Unidos. Nada nuevo bajo el sol conociendo la ideología a la que se adscribe Kast.

Sorprenden sí las duras declaraciones del abanderado de la izquierda en el fragor de la campaña electoral, donde anunció que los migrantes que se encuentren de manera irregular en el país serán “devueltos”, tal como lo hizo el actual presidente, Sebastián Piñera, en un bochornoso espectáculo donde deportó a Venezuela en avión a decenas de migrantes uniformados y sostenidos uno a uno por los brazos por funcionarios de seguridad, como si fueran presos.

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“El principio tiene que ser devolver” a los migrantes que ingresen irregularmente a Chile, señaló Boric y agregó que “no va a haber chipe libre (sin restricciones), como ha habido hasta ahora”. Por lo tanto, “tenemos que generar las condiciones para que, humanitariamente siguiendo los consejos de la ACNUR, se puedan realizar esas devoluciones”, puntualizó.

Más allá de la concesión que hace respecto a que las devoluciones se harán humanitariamente, se trata de una dura afirmación que va en contravía del ideario de justicia y solidaridad social con el que Boric ha querido envolver su propuesta política a los chilenos como alternativa no solo a su actual rival hiperconservador, sino a los gobiernos moderados de izquierda o de derecha que hasta ahora han gobernado en Chile tras el fin de la dictadura.

Los migrantes, especialmente los más pobres y particularmente aquellos que se encuentran de manera irregular, están en lo más bajo de la base social chilena. Sin acceso a trabajos formales, viviendo en la más absoluta precariedad, sin redes, separados en muchos casos de sus familias y seguramente comiendo mal, para ellos no hay por parte del candidato de la izquierda ni un mensaje que los incluya en su discurso de redención social ni tampoco una propuesta que les abra un hilo de esperanza para su futuro, sino solo la áspera promesa de que los “devolverá”.

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¿Y a dónde va a devolver Boric a los migrantes? ¿A Venezuela, de donde salieron huyendo de una crisis humanitaria compleja declarada por la propia alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y expresidenta chilena, Michelle Bachelet? ¿Los entregará a un gobierno dictatorial del que han escapado tras ser sometidos al hambre y a toda clase de indignidades?

Aunque muy joven para haberlo vivido en carne propia, Boric debe haber leído algo sobre el legado que dejó en su país la oprobiosa dictadura de Augusto Pinochet. Miles de sus compatriotas tuvieron que abandonar entonces Chile exiliados o como migrantes forzosos. Muchos de ellos llegaron a Venezuela y vivieron y reconstruyeron allí sus vidas. Que yo sepa no fueron “devueltos”, como pretende hacerlo ahora el candidato de Apruebo Dignidad y del Partido Comunista.

La escritora chilena Isabel Allende encabezó una reciente carta pública de apoyo a Boric suscrita por un amplio grupo de premios nacionales chilenos. Allende vivió varios años en Venezuela durante la larga noche de la dictadura pinochetista. Sería bueno que el candidato hablara con la afamada escritora que le ha brindado su respaldo y quien ha dejado numerosos testimonios, por lo demás amables, sobre su estancia en tierras venezolanas.

Boric también mencionó en estas polémicas declaraciones la necesidad de aplicar una política de cupos para migrantes en los países de América Latina, dando a entender de esta manera que su país sobrelleva una pesada carga acogiendo a la migración venezolana. Sería bueno recordarle que ni de lejos es cierto que Chile sea el país que más venezolanos haya acogido y que, con un PIB per cápita muy superior, está precedido a una buena distancia por Colombia, Perú y Ecuador.

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Resulta también paradójico que sea un gobierno de derecha, como el que preside Iván Duque en Colombia, el que esté llevando adelante la política más progresista y de integración en la región con los migrantes venezolanos. Está regularizando a casi dos millones de ellos que han llegado al país en los últimos cinco años y otorgándoles un permiso de estancia por diez años para darles tiempo a que vayan cumpliendo con los requisitos para acceder a las visas de residencia. No estaría mal que el candidato chileno, en caso de ganar las elecciones, entablara una conversación con su homólogo colombiano.

No se puede descartar que el discurso duro de Boric respecto a la migración no sea más que una simple operación de marketing electoral para ganar un puñado de votos y mostrarse tan intransigente como su contrincante ultraderechista en el tema migratorio, que seguramente ha despertado grandes preocupaciones entre los electores. Pero jugar de esta manera con un colectivo vulnerable, que no tiene mayores dolientes y no genera votos, es una falta a los principios que uno supone deberían guiar a un político de izquierdas, como este aspirante a la presidencia de Chile.

Las posiciones coincidentes de Kast y Boric en torno al tema migratorio tienen otro punto en común. Ambos son descendientes de migrantes. El primero, de padres alemanes, y el segundo tiene ascendencia croata y catalana. Uno esperaría algo más de sensibilidad por parte de ellos respecto a otros grupos humanos, esta vez venezolanos, haitianos, colombianos o bolivianos, que han llegado a esas tierras y pretenden seguir los pasos que sus padres o abuelos emprendieron.

Colombia se aproxima a importantes comicios parlamentarios y presidenciales en 2022. Aquí también la migración es un tema candente en la opinión pública, como lo indican las encuestas. Las posibilidades de que el asunto sea instrumentalizado en el debate electoral son reales, pues será difícil impedir que algunos candidatos se aprovechen de las preocupaciones que pueden asistir a la ciudadanía. Sería interesante replicar el acuerdo que con ocasión de las elecciones regionales de 2019 alcanzaron las principales fuerzas políticas colombianas para tratar con responsabilidad un tópico que muy fácilmente puede derivar en xenofobia pura y dura.

*Investigador adscrito del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario y presidente de la asociación Diálogo Ciudadano Colombo Venezolano.

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